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Estamos viviendo un momento clave de la temporada, que es cuando se definen nuestras cuajas y se determina nuestro potencial productivo.
No obstante, para llegar a esto, ya hemos pasado por varias etapas, desde definir la carga frutal inicial, a través de la poda y determinar la cantidad y tiempo de colmenas utilizadas hasta la necesidad e intensidad de raleos. Mientras tanto, otros factores ajenos a nuestro control, como las lluvias y temperaturas, ejercen un efecto directo y que puede ser decisivo en la producción, sin tener ninguna consideración con nuestros presupuestos.
Si bien la carrera productiva comenzó hace bastante, aún falta mucho por recorrer. La cuaja es determinante, pero existen múltiples condicionantes que intervienen y juegan un rol importante para que nuestra fruta llegue a puerto, como la sanidad, el calibre, el color, la condición y el potencial de vida en poscosecha.
En primaveras climáticamente complejas, como la que estamos teniendo, no podemos desatender detalles que en situaciones normales no causan grandes o evidentes mermas en nuestro negocio. ¿Qué consideraciones adicionales debiéramos tener ante primaveras como estas? A mi parecer, al menos dos:

Actualmente, es posible observar una mayor presión de enfermedades y plagas en los huertos. La inestabilidad climática y altas oscilaciones de temperatura nos mantendrán activamente atentos para anticipar los efectos y consecuencias sobre nuestra fruta y huerto.
Bajo estas condiciones, las herramientas tecnológicas-informáticas, que permiten mantener un monitoreo continuo y en tiempo real de nuestros huertos, serán especialmente útiles para la toma de decisiones en base a información cuantitativa, mediante indicadores más que apreciaciones e interpretaciones.