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El 2025 fue un año que validó absolutamente que en fruticultura nunca se deja de aprender, por muchos años de experiencia que se tenga. Ninguna temporada es igual a la anterior y la toma de decisiones es cada vez más estratégica, en un escenario donde no hay espacios para errores.
La gestión predial, el rigor técnico, el control de riesgos y la claridad de nuestros costos pasan a ser factores críticos del negocio y deben abordarse con un nivel de precisión y anticipación cada vez mayor.
La realidad de la cereza refuerza fuertemente esta mirada. Aun con huertos productivos y una operación técnicamente correcta, la alta concentración de volumen en un solo mercado, la sensibilidad del precio a la condición y al timing comercial, y la volatilidad propia del negocio dejaron en evidencia que el resultado final no depende solo de producir bien.
La cereza sigue siendo un cultivo relevante, pero exige una gestión integral, lectura fina de mercado y una estructura de costos muy bien controlada para sostener su rentabilidad en el tiempo. En este contexto, la diversificación deja de ser una alternativa y se consolida como una necesidad estratégica.
El kiwi verde aparece hoy como una oportunidad particularmente atractiva dentro de la fruticultura chilena, con una demanda más estable, una oferta global más acotada y flujos que tienden a ser más predecibles.
La realidad de huertos envejecidos en Chile abre espacio para proyectos nuevos, bien diseñados y gestionados con altos estándares técnicos, capaces de capturar valor de manera consistente. Aprovechar esta oportunidad requiere disciplina y criterio. No se trata de reemplazar cultivos sin análisis, sino de identificar aquellos campos donde las condiciones edafoclimáticas lo permiten y donde el kiwi puede expresar su potencial productivo y comercial.
Cuando estas condiciones se alinean, el kiwi se transforma en una alternativa sólida para balancear riesgo, aportar estabilidad al negocio frutícola y construir una estrategia de largo plazo más resiliente.
Finalmente, esta temporada vuelve a poner en valor la resiliencia del productor agrícola, su capacidad de adaptarse, aprender y seguir invirtiendo aun en escenarios complejos. Como Abud & Cía, creemos firmemente que el futuro de la fruticultura se construye con productores y clientes cada vez más informados, rigurosos y prolijos en todas las aristas del negocio: desde el diseño del proyecto y la gestión técnica, hasta el control de costos, la lectura de mercado y la toma de decisiones estratégicas. Solo con esa mirada integral y disciplinada será posible enfrentar los desafíos que vienen y capturar las oportunidades que el sector aún ofrece.