La Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) actualizó la clasificación comunal de la Política Nacional de Desarrollo Rural (PNDR) utilizando los resultados del Censo de Población y Vivienda 2024, en un ajuste técnico que redefine el grado de ruralidad de ocho comunas respecto de la tipología calculada con el Censo 2017.
El objetivo de fondo es fortalecer el enfoque territorial en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas, programas e instrumentos de planificación, de modo que la acción del Estado dialogue mejor con las dinámicas urbano-rurales que cambian en el tiempo.
El cambio se apoya en la metodología oficial adoptada por la PNDR —basada en el estándar de la OCDE— que clasifica a las comunas según el porcentaje de población que habita en distritos censales con densidad menor a 150 habitantes por kilómetro cuadrado. Con esa regla, una comuna es predominantemente rural cuando más de la mitad de su población vive en esos distritos; es mixta cuando el tramo se ubica entre 25% y 49%; y es predominantemente urbana cuando el indicador cae bajo 25%.
Luego, el esquema incorpora tres ajustes por tamaño poblacional: las comunas mixtas que superan 100.000 habitantes pasan a urbanas; las rurales con más de 50.000 habitantes pasan a mixtas; y las urbanas con menos de 50.000 habitantes se reclasifican como mixtas.
Para esta actualización, la densidad por distrito censal se recalculó con apoyo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), a partir de los microdatos 2024 y considerando la población “residente habitual”, criterio que permite consistencia comparativa con mediciones previas. Ese trabajo generó el ajuste de categoría en ocho comunas, el único grupo que se mueve en un universo total de 345 comunas consideradas en la clasificación (se excluye La Antártica).
En concreto, dos comunas escalan desde “mixtas” a “predominantemente urbanas”: Vallenar, en la Región de Atacama, y Maule, en la Región del Maule. Tres comunas recorren el camino inverso, pasando de “mixtas” a “predominantemente rurales”: Putaendo (Valparaíso), Gorbea (La Araucanía) y Yungay (Ñuble). Y otras tres suben desde “predominantemente rurales” a “mixtas”: Olmué (Valparaíso), San Clemente (Maule) y Cabrero (Biobío).
El dato estructural es que el “equilibrio” nacional se mantiene prácticamente estable. Con el Censo 2024, el país queda con 84 comunas clasificadas como predominantemente urbanas, 76 como mixtas y 185 como predominantemente rurales. En términos poblacionales, la suma de comunas mixtas y rurales concentra el 25,1% de las personas, prácticamente sin variación frente al 25,2% observado en la medición basada en el Censo 2017, lo que sugiere que el cambio más relevante no es de magnitud agregada, sino de reordenamiento puntual en territorios específicos.
En 2024, las comunas predominantemente rurales reúnen 185 territorios y alrededor del 12,4% de la población considerada en la minuta técnica, mientras las mixtas agrupan 76 comunas y cerca del 12,6%. En la otra punta, las urbanas suben a 84 comunas y concentran cerca del 74,9% de la población, además de aumentar su participación territorial medida en superficie respecto de 2017, según la tabla comparativa incluida por Odepa.
¿Por qué importa este “cambio de etiqueta” si la foto país casi no se mueve? Porque la tipología PNDR no es solo descriptiva: funciona como una llave de lectura para diagnósticos sectoriales, instrumentos de focalización y sistemas de información que distintos servicios públicos ocupan para planificar intervenciones, priorizar brechas y coordinar inversiones. En esa lógica, que una comuna pase a ser predominantemente urbana, rural o mixta puede incidir en cómo se interpreta su realidad territorial y en qué comparables se usa para evaluar políticas. En paralelo, la actualización también busca evitar que decisiones de mediano plazo se sigan tomando con una radiografía demográfica desfasada.
Con esa mirada, Odepa adelantó que el ajuste no quedará solo en la publicación técnica, se proyecta comunicar formalmente la nueva clasificación a los ministerios para la actualización de diagnósticos e instrumentos que la utilizan, integrar los resultados al Sistema de Indicadores y Estándares Territoriales (SIET-Chile) y actualizar fichas y mapas regionales, de manera de consolidar un uso interinstitucional de información oficial, comparable y vigente. Ver completo el reporte aquí
