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Ciencia chilena convierte la nutrición de las abejas en un “escudo” natural contra Varroa y el estrés climático

  • Un equipo de la UdeC, la UACh y la PUC desarrolló un alimento semipastoso tipo “pan de abeja” con extractos de maqui y frambuesa y aceites esenciales encapsulados; en pruebas de campo logró alta aceptación y reducciones de hasta 90% del ácaro.

 

La apicultura chilena atraviesa un punto de inflexión. Años de sequía, inviernos más fríos y la amenaza persistente del ácaro Varroa destructor han recortado la oferta de alimento natural, debilitado colonias y golpeado la producción de miel en distintas regiones del país.

En un escenario donde las abejas no solo sostienen la actividad apícola, sino también servicios de polinización claves para la agricultura, el problema trasciende al rubro y se proyecta hacia el corazón del sistema alimentario: tres de cada cuatro cultivos que producen frutos o semillas para consumo humano dependen, al menos en parte, de polinizadores.

Un equipo multidisciplinario de la Universidad de Concepción (UdeC), la Universidad Austral de Chile (UACh) y la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) propuso una respuesta poco común: transformar la nutrición de las abejas en una herramienta de salud, resiliencia y control sustentable de Varroa.

La iniciativa reúne a Luisbel González (Doctorado en Ciencias de la Ingeniería, mención Ingeniería Química, UdeC), al académico Ociel Muñoz (Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, UACh), quien lidera el proyecto, y a la profesora María Cristina Ravanal (Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales, PUC).

La pregunta de investigación fue directa y ambiciosa: si una dieta artificial se formula con criterios bioquímicos avanzados, ¿puede alimentar a la colonia y, al mismo tiempo, mejorar su capacidad de resistir condiciones adversas y contribuir al control del ácaro? Para abordarla, el equipo diseñó dietas sólidas semipastosas inspiradas en el “pan de abeja”, el alimento fermentado natural que se produce al interior de la colmena. La base buscó reproducir equilibrio nutricional usando harinas de arroz y quínoa, levadura, albúmina y almíbar, con el objetivo de acompañar el desarrollo de la colonia sin desplazar el consumo de recursos naturales cuando estos están disponibles.

La innovación no se quedó en el “aporte calórico”. A la matriz se incorporaron extractos de dos especies asociadas a la flora chilena y valoradas por su potencial bioactivo: maqui, conocido por su alta capacidad antioxidante, y frambuesa, rica en polifenoles vinculados a la reducción del estrés oxidativo. La hipótesis es que estos compuestos pueden ayudar a las abejas a enfrentar mejor presiones como climas extremos, contaminación u otros factores que tensionan su metabolismo y su desempeño sanitario.

El componente más disruptivo, sin embargo, apunta al control de Varroa. El proyecto integró aceites esenciales, principalmente de orégano, laurel y eucalipto, encapsulados dentro de la propia matriz alimentaria. La lógica es técnica y sanitaria a la vez: la encapsulación permite una liberación sostenida de compuestos con efecto acaricida dentro de la colmena, reduciendo la presencia del ácaro sin alterar la actividad normal de las abejas y evitando residuos en miel o cera, una diferencia relevante frente a tratamientos químicos tradicionales que suelen ser puntuales, más invasivos y con riesgos de efectos no deseados.

Los resultados de campo, según reporta la propia investigación, son los que abren una ventana concreta para la industria. En ensayos, las abejas consumieron entre 25% y 33% del alimento ofrecido, un indicador de aceptación bajo condiciones reales. Además, las formulaciones con maqui mantuvieron estabilidad incluso a temperaturas elevadas, un atributo especialmente útil en zonas de veranos secos y calurosos, donde la suplementación suele enfrentar problemas de consistencia y degradación.

En control del parásito, el dato que marca el umbral de interés es la reducción de hasta 90% en niveles de Varroa cuando se incorporó aceite esencial de orégano, con desempeños comparables —e incluso superiores, según el reporte— a algunos tratamientos sintéticos, pero sin sus efectos secundarios.

En un contexto internacional donde Varroa es considerado uno de los principales factores detrás de pérdidas de colonias y debilitamiento sanitario, avanzar hacia soluciones sustentables y de aplicación continua es una línea que gana relevancia tanto para productores como para cadenas agroalimentarias dependientes de polinización.

El alcance de esta propuesta va más allá de “alimentar mejor”. Si la dieta funcional logra consolidarse con validaciones adicionales, podría abrir una ruta de manejo integrado donde nutrición, prevención y control se articulen en un mismo soporte, reduciendo presión química y aportando estabilidad sanitaria en temporadas complejas.

En un país frutícola, donde la polinización es un servicio crítico para múltiples especies y la economía global atribuye una contribución directa de polinizadores en la producción de alimentos, proteger la salud de las colmenas es también proteger productividad y calidad en los huertos.

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