La polinización del palto en Chile comienza a mostrar una realidad más compleja y más rica de lo que durante años asumió la fruticultura comercial. Un estudio desarrollado por INIA La Cruz en huertos comerciales de la Región de Valparaíso reveló que cerca del 50% de las visitas a las flores del palto son realizadas por insectos silvestres, un dato que reposiciona el valor productivo de la biodiversidad dentro del manejo de los huertos. La investigación identificó alrededor de 70 especies distintas de visitantes florales, entre ellas moscas, sírfidos, escarabajos y abejas nativas, en una señal que va mucho más allá de la tradicional dependencia de la abeja melífera.

El hallazgo adquiere especial relevancia en un escenario donde la polinización de frutales ha descansado históricamente en el uso de colmenas de Apis mellifera, pero donde el declive de esas poblaciones y la alta demanda simultánea de colmenas en distintas especies han tensionado el sistema. Frente a ese cuadro, el trabajo liderado por el doctor Jaime Martínez-Harms plantea que la fauna nativa presente en bordes de huertos y remanentes de vegetación natural no es un actor secundario, sino un soporte real del proceso reproductivo del palto.
Uno de los puntos más llamativos del estudio es el peso de los dípteros, especialmente moscas y sírfidos, como visitantes frecuentes de las flores de palto. En algunas temporadas, incluso superaron a la abeja melífera en número de visitas. El dato es especialmente interesante para el sector agrofrutícola porque estos insectos no solo aportan a la polinización en su etapa adulta, sino que en fase larval también pueden desempeñar funciones de control biológico sobre plagas como los pulgones, sumando así más de un servicio ecosistémico dentro del huerto.
Desde la mirada productiva, el mensaje del estudio es claro: la biodiversidad puede transformarse en un activo frutícola concreto. Martínez-Harms afirmó que el palto es “altamente dependiente de la polinización entomófila” y que hoy se sabe que los insectos silvestres “complementan de manera eficiente” el trabajo de la abeja melífera. Esa complementariedad es clave para una industria que necesita sostener cuaja, uniformidad y calidad de fruta bajo condiciones cada vez más exigentes.

El trabajo fue incorporado al manual “Fruticultura biodiversa: manual para conservar y potenciar flora, fauna, suelo y agua”, y se presenta como una hoja de ruta para agricultores, asesores y tomadores de decisión que busquen integrar biodiversidad en sistemas productivos. En ese marco, el estudio no solo ofrece un dato científico, sino una señal estratégica para el sector paltero: conservar y promover insectos silvestres puede ser parte de la competitividad futura del negocio.