La comuna de Ovalle fue declarada libre de mosca de la fruta luego de que el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) informara oficialmente el término de las campañas de erradicación en los sectores de Tuquí y Sotaquí, dos de los puntos que mantenían bajo vigilancia fitosanitaria a la zona. El anuncio marca un hito relevante para la agricultura de la provincia de Limarí, considerando el impacto que esta plaga tiene sobre la comercialización interna y las exportaciones.
La noticia fue comunicada durante una actividad realizada en el sector El Espino, donde se efectuó el retiro simbólico de las últimas trampas de monitoreo instaladas durante la campaña. Con ello, se cerró un proceso de trabajo intensivo en terreno orientado a proteger el patrimonio fitosanitario regional y recuperar una condición sanitaria clave para la producción frutícola.
Desde el mundo agrícola, el levantamiento de estas campañas fue recibido como una señal de alivio. La presencia de mosca de la fruta había generado preocupación entre productores y exportadores, dado que esta plaga puede restringir movimientos de fruta, elevar costos operativos y complicar el acceso a mercados exigentes. Según lo señalado por autoridades locales y representantes del sector, recuperar el estatus sanitario de Ovalle abre nuevamente mejores perspectivas comerciales, especialmente hacia destinos como Asia y Estados Unidos.
Uno de los elementos más valorados fue la rapidez con que se logró la erradicación. De acuerdo con las autoridades, el proceso tomó cerca de seis meses, plazo que fue presentado como un resultado especialmente positivo en comparación con la complejidad que suelen tener este tipo de campañas fitosanitarias. Esa respuesta fue posible gracias a la articulación entre el SAG, el municipio, la Delegación Presidencial Provincial, la Seremi de Agricultura, gremios como la Sociedad Agrícola del Norte y Frutas de Chile, además de la colaboración de productores y vecinos.
Para lograr la erradicación, el SAG desplegó una operación de gran escala en la comuna. Según el balance entregado por el servicio, se contrató a 152 personas, se dispuso de más de 59 vehículos, se realizaron 37 mil visitas y se procesó un alto volumen de muestras. A ello se sumó la descarga de más de 96 mil kilos de fruta, la instalación de cerca de 1.170 trampas, revisadas en más de 31 mil oportunidades, y el tratamiento de 42 mil metros cuadrados de suelo.
Para un territorio con fuerte presencia agrícola, estas cifras reflejan la magnitud de una emergencia que no solo afecta al predio intervenido, sino a toda la cadena productiva. En fruticultura, el control de la mosca de la fruta no es únicamente una tarea sanitaria: también es una condición base para sostener competitividad, evitar restricciones comerciales y resguardar la imagen exportadora del país. Esta última afirmación es una interpretación editorial basada en el impacto sobre exportaciones y costos señalado en la nota.
Durante la actividad, representantes de los productores destacaron el trabajo realizado, aunque también advirtieron que la situación regional aún requiere atención. Desde la Sociedad Agrícola del Norte se subrayó que la plaga puso en riesgo la comercialización local y de exportación, y se insistió en la necesidad de que resultados similares se repliquen en otras comunas afectadas.
Ese llamado es particularmente relevante porque, aunque Ovalle logró cerrar las campañas de Tuquí y Sotaquí, la región todavía mantiene ocho campañas activas: cinco en Monte Patria, dos en La Serena y una en Coquimbo. Por eso, el SAG reiteró la importancia de no transportar fruta desde zonas reglamentadas sin autorización, una medida clave para evitar nuevos brotes y contener la dispersión de la plaga.
La recuperación del estatus sanitario de Ovalle representa una buena noticia para la agricultura regional y, especialmente, para el sector frutícola, que depende de manera crítica de la confianza fitosanitaria para sostener su presencia en mercados de destino. También vuelve a mostrar que el éxito de estas campañas depende tanto del rigor técnico del SAG como de la colaboración efectiva entre instituciones, gremios, productores y comunidad.
En esa línea, el caso de Ovalle deja una señal concreta para otras comunas bajo vigilancia: la erradicación es posible, pero exige coordinación, cumplimiento de protocolos y apoyo sostenido del mundo agrícola. Mientras persistan focos activos en la región, el mensaje para el sector sigue siendo claro: reforzar la vigilancia, respetar las restricciones y actuar con rapidez frente a cualquier sospecha.