La carrera global por la innovación vegetal entró en una nueva fase y China aparece hoy como el actor dominante. A partir de antecedentes expuestos en la asamblea general de Biovegen , el gigante asiático ya concentra una posición abrumadora en el desarrollo de semillas editadas y en la protección de nuevas obtenciones, en un escenario donde Europa intenta reaccionar tras años de restricciones regulatorias.
La magnitud del cambio también se refleja en las cifras oficiales de la UPOV. En 2024, China recibió 16.177 solicitudes de protección vegetal, equivalentes al 55,3% de todas las presentaciones globales, muy por encima de la Oficina Comunitaria de Variedades Vegetales de la Unión Europea, que registró 3.268, y de Estados Unidos, con 1.268. Una década antes, el bloque europeo todavía lideraba esta carrera.

En Madrid, el director de la Fundación Grupo Cajamar, Manuel Láinez, resumió el nuevo contexto : la biotecnología vegetal ya es “geoestrategia”. Tras la pandemia y la guerra en Ucrania, la seguridad alimentaria dejó de ser un asunto periférico y pasó a formar parte del núcleo duro de la planificación económica y productiva de las potencias. Ver más aquí
Ese cambio de eje ocurre mientras China sigue fortaleciendo su aparato semillero y biotecnológico. Un informe del USDA para 2025-2026 señala que el país ha expandido el uso de edición genética en semillas hortícolas, ha emitido certificados de bioseguridad para soya, trigo, maíz y arroz editados genéticamente, y además reforzó desde junio de 2025 la protección legal de las nuevas variedades, extendiendo plazos, ampliando cobertura a material cosechado y acortando plazos de examen.
El mismo informe del USDA indica que China es hoy el segundo mayor mercado semillero del mundo y que sus empresas están empujando una sustitución gradual de semillas importadas en hortalizas, aunque siguen dependiendo de germoplasma de alto valor en ciertos segmentos. De hecho, Chile aparece como el principal proveedor de semillas de hortalizas a China por valor, con el 24% del total importado en 2024/25, lo que revela que esta disputa tecnológica también toca de cerca a los actores latinoamericanos.
La mejora genética dejó de ser un asunto de laboratorio para convertirse en una variable central de competitividad agrícola. En un escenario de cambio climático, presión fitosanitaria y mercados cada vez más exigentes, la velocidad con que cada región logre transformar ciencia en nuevas variedades será cada vez más determinante para la agricultura comercial.