Durante la temporada 2025/2026, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) certificó el cumplimiento de los requisitos fitosanitarios para la exportación de más de 4.200 toneladas de arándanos frescos desde la provincia de Entre Ríos, consolidando a la región como uno de los polos más relevantes del cultivo a nivel país.
El dato no es menor para una categoría donde la condición de arribo, la inocuidad y el estatus sanitario definen la continuidad comercial. Desde la ciudad de Concordia, los envíos tuvieron como destino una cartera diversa de mercados que incluyó Estados Unidos, España, Países Bajos, Alemania, Reino Unido, Brasil, Irlanda del Este y Canadá, un mix que refleja tanto la demanda del hemisferio norte como la necesidad de sostener rutas y programas con compradores de distinto perfil.
En su comunicación, el organismo sanitario remarcó que el atractivo del arándano argentino se sostiene por su sabor, acidez equilibrada, color y calidad, además de su posicionamiento como fruta valorada por su composición nutricional. En paralelo, subrayó la ventaja competitiva de la producción de contraestación, que permite abastecer de manera estratégica a los mercados del hemisferio norte cuando la oferta local disminuye.
Un punto clave para productores y exportadores es el alcance del control oficial. Senasa detalla que verifica la fitosanidad del arándano a lo largo de toda la cadena productiva, desde el origen en el vivero, el registro de los establecimientos de empaque y el cumplimiento de las normas de envasado e identificación, hasta la exportación final, buscando asegurar los estándares de inocuidad y calidad exigidos por los destinos. Según el mercado de llegada, la certificación se complementa con protocolos específicos que pueden incluir tratamientos para prevenir plagas, como bromurado en cámaras o la aplicación de frío durante el tránsito.
A nivel nacional, el cultivo se apoya en una base cercana a 3.500 hectáreas y en una estrategia de oferta extendida que ordena la cosecha por regiones para cubrir una ventana amplia. El calendario abre en el Noroeste (NOA), principalmente Tucumán y Salta, entre agosto y octubre, con variedades tempranas como Snowchaser y alternativas como Emerald, Springhigh y Ventura. Luego el volumen central se desplaza al Noreste (NEA), con el eje en Entre Ríos (Concordia) y Corrientes entre septiembre y noviembre, combinando variedades como Emerald y Star, junto a incorporaciones como Kestrel y Flicker. El cierre se da en la región Centro, especialmente Buenos Aires, desde octubre a diciembre, con variedades como O’Neal y Legacy, además de materiales como Blue Ribbon y Ventura para el tramo final de temporada.
En un escenario global donde los berries compiten por espacio en góndola y por fletes cada vez más exigentes, la certificación de exportaciones desde Entre Ríos funciona como termómetro de dos variables críticas: la capacidad de sostener volúmenes con destino premium y la robustez del sistema de control sanitario que respalda la reputación del origen. Para la cadena, el desafío inmediato es seguir afinando condición de poscosecha, cumplimiento de protocolos y consistencia varietal, de modo que la ventana argentina mantenga su diferencial cuando el mercado está más sensible a calidad, inocuidad y regularidad de suministro.