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En la reciente BioFach 2026, a la que tuve oportunidad de asistir, quedó en evidencia que este evento funciona más como un termómetro de la sociedad que como una feria. El mensaje es contundente: lo orgánico ha dejado de ser un nicho para masificarse, y en ese proceso, enfrenta su mayor prueba de legitimidad.
Bajo la tendencia del “Reframing Organic”, observamos cómo la entrada de actores convencionales y marcas propias ha transformado el sello orgánico en un commodity. Ante esta saturación, la competencia ya no es solo por precio, sino por el atributo más escaso y valioso: la confianza del consumidor.

En este escenario, surge una oportunidad estratégica para la fruta fresca chilena a través de la tendencia “Perfectly Simple”. Mientras la góndola orgánica comienza a poblarse de productos ultra-procesados —formulaciones industriales que, aunque tengan sello orgánico, se alejan del propósito original de salud y transparencia— la fruta fresca destaca por su ventaja comparativa silenciosa.
Nuestra lista de ingredientes es de una sola línea. Somos el «orgánico sin asteriscos». Frente al cansancio del consumidor por etiquetas complejas, la fruta es la alternativa honesta y verificable ante la sofisticación excesiva de otros procesados.
Sin embargo, BioFach nos advierte que ya no basta con «estar certificado». El comprador actual exige una historia coherente que conecte la salud personal con la del planeta. La sustentabilidad se ha desplazado desde el cumplimiento de requisitos hacia la resiliencia del sistema agrícola.
Para los exportadores chilenos, esto implica una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Qué vendemos además de fruta?. El diferencial debe construirse con evidencia tangible, en temas claves como la gestión hídrica y cuidado del suelo; la reducción de huella ambiental y desperdicio, y la trazabilidad total y consistencia logística.
Asimismo, me gustaría relevar en este análisis el punto crítico del envase. Existe una tensión evidente: el mercado exige conveniencia (formatos snack o clamshells), pero rechaza el plástico. Aunque innovaciones en cartón y bioplásticos ganan terreno en la feria, el plástico sigue dominando por funcionalidad. Nuestro desafío es alinear el packaging con el enfoque de “Planetary Health”, entendiendo que el envase ya no es un soporte, sino un componente del valor del producto.

El futuro de nuestra industria no se decidirá solo por agregar sellos, sino por nuestra capacidad de demostrar coherencia. Coherencia en el campo a través de prácticas regenerativas, en la cadena mediante la eficiencia logística y en el producto a través de la mínima intervención.
En este nuevo ciclo, no ganará quien añada más elementos artificiales para parecer saludable, sino quien logre producir mejor, resistir más y demostrarlo sin adornos. Chile tiene la oportunidad de ser el camino simple en un mundo sobreformulado.