En un contexto de creciente competencia internacional y exigencias de sostenibilidad, la industria de la uva de mesa en el norte de Chile ha dado un paso decisivo. Recientemente, en el Fundo Apacheta (Valle de Copiapó), se presentaron los resultados del proyecto “Estrategia en el manejo de uva de mesa con mínimo residuos”, una iniciativa que demuestra que es posible producir fruta de alta calidad prácticamente libre de trazas químicas.
El proyecto surge como una solución a la fuerte competencia de mercados como el de Perú y la necesidad de los productores de las regiones de Atacama y Coquimbo de aportar un valor agregado. Al aprovechar la ausencia de la polilla de la vid (Lobesia botrana) en el norte, los agricultores tienen la ventaja técnica de prescindir de ciertos insecticidas convencionales, permitiendo que la fruta llegue a la cosecha con niveles de residuos mínimos o nulos.
Mónica Reveco, Subgerente de Marketing Estratégico de ANASAC Chile, destacó que esta experiencia se basa en modelos exitosos aplicados previamente en manzanas. “Creemos que este es un paso fundamental para lograr la anhelada diferenciación del producto chileno y mejorar la competitividad de los valles de Copiapó, Elqui y Limarí”, señaló.
A diferencia de la agricultura orgánica, que implica procesos de certificación más largos y complejos, esta estrategia utiliza el portafolio de Biorracionales® de ANASAC. Este programa incluye 12 herramientas (biofungicidas, bioinsecticidas y feromonas) que poseen «cero días de carencia», lo que permite aplicarlos incluso cerca de la cosecha sin dejar residuos detectables.
Entre los productos utilizados destacan:
ProBLAD® y Stargus®: Biofungicidas para el control de oídio y botrytis.
Botector®: Una levadura que actúa como sellador de microlesiones en la fruta.
Grandevo®: Para el control de plagas como trips y chanchito blanco.
El proyecto abarca actualmente cerca de 10 hectáreas distribuidas en seis cuarteles entre Atacama y Coquimbo, trabajando con variedades de alta demanda como Allison, Autumn Crisp y Sweet Globe.
Alejandra Narváez, Gerente General de APECO, enfatizó que los mercados globales demandan productos cada vez más inocuos. «Lo que queremos es generar oportunidades y mayor productividad, haciendo de la uva de Atacama un producto diferenciado», afirmó.
El siguiente paso crucial para validar este modelo ocurrirá en abril, cuando el equipo técnico viaje a Estados Unidos para evaluar el comportamiento de la fruta tras el proceso de exportación, frío y transporte marítimo, cerrando así el ciclo de esta primera etapa comercial y técnica.
Fuente: GreenNetwork