La cesta de la compra de los españoles es hoy más saludable y diversa que hace cinco años, y el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha decidido que el indicador oficial de la inflación debe reflejarlo. Con la entrada en vigor de la «Base 2025», el organismo ha anunciado una renovación profunda de los productos que componen el IPC, destacando especialmente el desembarco de frutas que antes se consideraban de nicho o exóticas.
La gran novedad de esta actualización es la incorporación de productos que han pasado de ser ocasionales a formar parte de la dieta diaria de millones de hogares.
Paltas y arándanos: El INE ha incluido oficialmente estas dos frutas en el cálculo tras constatar su consumo masivo. La palta, impulsada por las tendencias de desayunos saludables y el «real fooding», y los arándanos, por su creciente demanda como superalimento, serán ahora monitorizados mensualmente para medir la evolución de sus precios.
Nuevas bebidas: Junto a las frutas, la cesta también da la bienvenida a la cerveza con limón (clara) y a los refrescos de té, reflejando un cambio en las preferencias de ocio y consumo de bebidas de los ciudadanos.
Para que unos productos entren, otros deben salir por haber perdido relevancia estadística. En esta ocasión, la moda formal ha sido la principal perjudicada. El INE dejará de recoger los precios de las corbatas y los pañuelos de bolsillo, prendas cuyo uso ha caído drásticamente en favor de estilos más informales en el entorno laboral y social.
Este ajuste no es arbitrario. Cada cinco años, el INE revisa la estructura del IPC para que sea un espejo fiel de la realidad. Con la nueva Base 2025, no solo cambian los productos, sino que se han añadido 16 nuevas subclases y eliminado otras vinculadas a la vestimenta y diagnósticos médicos tradicionales.
Además, la importancia relativa de los grupos de gasto ha variado: mientras que el transporte y la restauración ganan peso en el presupuesto de las familias, el grupo de alimentos —pese a las nuevas incorporaciones— ha visto reducida ligeramente su influencia relativa en el índice general frente a otros servicios.
Con esta «actualización verde», el IPC busca adaptarse a un consumidor que gasta más en aguacates/paltas, tecnología y ocio, y menos en accesorios de vestuario tradicional, permitiendo que el dato de inflación sea mucho más preciso para el ajuste de salarios, pensiones y contratos.