En un mundo obsesionado con la inteligencia artificial y las soluciones de alta tecnología, una investigación reciente publicada en la revista Management Science propone un regreso a lo básico para resolver uno de los mayores problemas del sector minorista: el desperdicio de alimentos perecederos.
Según el estudio, realizado por investigadores del Instituto de Investigación de Operaciones y Ciencias de la Gestión (INFORMS), los supermercados pueden aumentar sus ganancias en un 6% y reducir el desperdicio de alimentos en un 21,24% promedio. ¿La fórmula? No requiere software costoso, sino ajustes estratégicos en la colocación de los productos en los estantes y en la programación de los descuentos.
La investigación destaca que la clave para dar salida a productos como frutas, verduras, lácteos y carnes —cuya calidad disminuye día con día— es la visibilidad de «primer toque». Esto consiste en colocar los artículos más antiguos o con fecha de vencimiento próxima en el lugar más accesible para el consumidor.
«Cuando los productos más antiguos son más fáciles de alcanzar y se combinan con descuentos aplicados en el momento justo, los clientes tienen muchas más probabilidades de comprarlos antes de que se echen a perder», explica Dorothee Honhon, coautora del estudio.
Históricamente, muchos minoristas evitaban mostrar productos menos frescos por miedo a dañar su imagen de marca, prefiriendo ocultar el inventario antiguo. Sin embargo, los datos sugieren que un enfoque transparente y estratégico satisface tanto los objetivos financieros como los de sostenibilidad.
Zumbul Atan, otra de las autoras, señala que estos cambios operativos están totalmente bajo el control del minorista. «No hace falta esperar a que el comportamiento del consumidor cambie ni invertir en nuevas plataformas; pequeños ajustes en la gestión del estante pueden generar ganancias medibles de inmediato», afirma.
Incluso para las grandes cadenas que manejan políticas de «precios bajos todos los días» y evitan los descuentos (como Walmart), el estudio encontró que el simple hecho de ajustar la disposición de los productos en el estante mejora la rentabilidad y reduce las mermas, especialmente cuando el tráfico de clientes es impredecible.
Este hallazgo llega en un momento crítico para la industria, que enfrenta presiones crecientes para reducir su huella ambiental sin sacrificar sus márgenes de beneficio en un entorno económico complejo.