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En el contexto de la próxima COP 30 a celebrarse en Brasil, Chile presentó un nuevo compromiso de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. La Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) constituye una guía climática del país y formaliza sus obligaciones ante el Acuerdo de París.
Este instrumento define metas de mitigación y adaptación, y su actualización 2025–2035 eleva la ambición respecto a la de ciclos anteriores, estableciendo un camino claro para alcanzar la carbono-neutralidad a más tardar en 2050.
Este avance implica una trayectoria de descarbonización más acelerada y alineada con la ciencia. Sin embargo, surge una pregunta relevante para el sector agrícola: ¿cómo podrían cambiar los fenómenos climáticos que hoy afectan al agro si el mundo avanza en el cumplimiento de sus compromisos climáticos? En particular, ¿qué podría ocurrir con la megasequía que el país atraviesa?
Para responder estas preguntas usamos los escenarios de la NGFS, una red internacional que estudia cómo el cambio climático puede afectar a las economías. A través del Climate Impact Explorer ( Climate impact explorer by Climate Analytics & IIASA.) accedimos a proyecciones que combinan distintos modelos climáticos y entregan rangos de confiabilidad —como el intervalo 5–95%, que muestra dónde se ubican los resultados más probables— especialmente útiles para interpretar las estimaciones hacia fines de siglo.
En este análisis, desde la consultora Kyklos, evaluamos la evolución del parámetro “intensidad de sequía” en seis regiones: Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule, Biobío y La Araucanía, utilizando el escenario NGFS de Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC), que asume que los países cumplen únicamente los compromisos climáticos ya declarados y los resultados son poco alentadores.
En las regiones de Valparaíso y Metropolitana, la intensidad de sequía se mantiene elevada desde el inicio y aumenta de manera gradual durante el siglo, sin señales de recuperación hídrica significativa. En O’Higgins, el incremento es más marcado, con una intensificación más notable después de 2050, coherente con un calentamiento que alcanza o supera los 2,1 °C.
El Maule presenta uno de los aumentos más pronunciados, lo que sugiere un refuerzo de condiciones de sequía estructural que afectaría directamente a cultivos sensibles, como frutales y berries. En Biobío, el alza es aún más evidente, señalando que incluso regiones históricamente más húmedas enfrentarán un estrés hídrico creciente. También en La Araucanía la intensidad de sequía aumenta a lo largo del siglo, evidenciando que el sur del país tampoco está protegido frente al agravamiento de estos fenómenos.
En conjunto, los resultados muestran una tendencia clara: la intensidad de sequía aumenta de manera sostenida en todas las regiones analizadas durante el siglo XXI, aún bajo un escenario donde las naciones cumplen sus NDC. Las regiones del sur presentan los incrementos más severos, mientras que la zona centro mantiene una sequía crónica que continúa profundizando.
En síntesis, los resultados muestran que la sequía seguirá intensificándose en las próximas décadas, algo coherente con la trayectoria global hacia el 1,5 °C: este umbral no busca restaurar el clima del pasado, sino preservar las condiciones para que los sistemas naturales sigan funcionando y adaptándose. Aun así, el contexto actual es más esperanzador que en ciclos anteriores, con un marco internacional que avanza y un Chile que eleva de forma sostenida su ambición climática.
Además de las NDC, un número creciente de empresas ya adopta metas net-zero más exigentes, lo que podría generar un impacto positivo mayor al considerado en estas proyecciones. Para el agro, este conocimiento abre espacio a la acción: permite anticipar riesgos, ajustar prácticas y planificar inversiones con mejor información.
A ello se suma la posibilidad de complementar este análisis con proyecciones de precipitación, humedad y temperatura para cada cultivo y territorio, fortaleciendo la resiliencia y las oportunidades de un sector que puede adaptarse —y prosperar— en un clima que cambia.




