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Limones bajo cero: Agricultura soviética desafió los -30 °C sin calefacción

  • Botánicos soviéticos lograron producir cítricos en exterior con poda extrema, plantas rastreras y zanjas cubiertas con madera, paja y nieve, en un modelo intensivo en mano de obra pero mínimo en energía.

En un escenario donde el costo de la energía y la presión por reducir emisiones son relevantes en la agricultura protegida, reaparece un conversación técnica. Se trata de un sistema desarrollado por botánicos soviéticos durante la primera mitad del siglo XX para producir cítricos —incluidos limones— en condiciones que, a primera vista, parecen imposibles: inviernos con suelos congelados y temperaturas que podían caer hasta los 30 grados bajo cero, sin recurrir a invernaderos calefaccionados ni a combustibles fósiles.

De acuerdo con el recuento divulgado recientemente, el salto fue enorme: antes de la Primera Guerra Mundial se estimaban apenas unas 160 hectáreas de cítricos en el antiguo imperio ruso; hacia mediados del siglo XX la superficie se habría expandido a alrededor de 30.000 hectáreas, con una producción anual cercana a 200.000 toneladas. El objetivo era estratégico —reducir dependencia de importaciones—, pero el “cómo” es lo que hoy capta la atención: el sistema se apoyaba más en biología, diseño de microclimas y manejo agronómico que en energía externa.

El corazón del modelo fueron las llamadas “trincheras frutales”, que eran zanjas de sección trapezoidal excavadas en el suelo, con profundidades que podían llegar hasta dos metros y una orientación pensada para aprovechar la radiación solar invernal. En verano, los huertos funcionaban a cielo abierto con labores convencionales; en invierno, la trinchera se cubría con tablas y capas de paja, y la nieve que caía sobre esa cobertura no se retiraba, porque actuaba como aislante adicional. Con ese simple principio de masa térmica y protección del viento, el interior se mantenía algunos grados sobre cero, lo suficiente para evitar el congelamiento letal del tejido vegetal durante el reposo.

La ingeniería “low tech” por sí sola no explicaba el resultado. El otro pilar fue el trabajo biológico era selección y mejoramiento de variedades con mayor tolerancia al frío y, sobre todo, un proceso de adaptación gradual al trasladar el cultivo paso a paso hacia zonas más frías, generando generaciones progresivamente más ajustadas a las nuevas condiciones. Paralelamente, la poda y el entrenamiento fueron llevados al extremo: de árboles de varios metros se pasó a enanos y semi enanos, hasta llegar a formas rastreras de apenas unos 25 centímetros de altura, con copas pegadas al suelo, menos expuestas al viento y a los saltos térmicos, y más fáciles de proteger cuando el invierno apretaba.

El esquema, sin embargo, no era “gratis”: demandaba mucha mano de obra y manejo fino. El propio repaso histórico subraya que se trataba de un sistema intensivo en trabajo manual, con densidades muy altas, coberturas estacionales y una dependencia fuerte de materiales locales como madera y paja. A cambio, reducía al mínimo el uso de insumos energéticos externos, un punto que hoy vuelve a ser relevante en regiones frías donde la horticultura y fruticultura bajo cubierta suele depender de calefacción y, con ello, de costos y huella climática elevados.

En temas productivos proteger del frío no siempre significa “calentar el aire”, sino diseñar sistemas que capturen y conserven el calor disponible, usando el suelo como batería térmica y el paisaje como escudo. La segunda es agronómica: genética adaptada, arquitectura del árbol y manejo de copa pueden ser tan determinantes como la infraestructura. Y la tercera es estratégica: en un escenario de transición energética, recordar soluciones que desacoplan producción y combustibles puede ayudar a ampliar el menú tecnológico, especialmente para proyectos pequeños, comunitarios o pilotos en zonas marginales para ciertos frutales, siempre considerando que replicar el modelo exige evaluar costos laborales, disponibilidad de materiales, sanidad, y compatibilidad con estándares comerciales actuales.

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