Una nueva herramienta tecnológica nacida en la Región del Maule busca abordar un punto tan crítico como silencioso para la fruticultura: la polinización efectiva. Se trata de BeeSOUNDS, una aplicación móvil que identifica abejas nativas a partir del sonido de su zumbido y que fue desarrollada por investigadores de la Universidad Católica del Maule, con pruebas en cinco huertos de arándanos del centro-sur del país.
La propuesta apunta a responder una pregunta práctica para el productor, como saber qué polinizadores están presentes en el huerto y cuáles, en la práctica, aportan más a variables productivas como cuaja y calidad de fruta.
El corazón del proyecto es la sonicación o polinización por vibración, un mecanismo en el que ciertas abejas hacen vibrar su cuerpo sobre la flor para liberar polen que permanece firmemente adherido a las anteras. En especies como arándano, donde esta liberación no siempre ocurre con visitas “convencionales”, distinguir a los polinizadores que sí logran esa conducta puede marcar diferencias en resultados de cosecha.
El proyecto es dirigido por Víctor Hugo Monzón Godoy, académico de Universidad Católica del Maule, doctor en Ciencias Biológicas (mención Biología Animal, Vegetal y Ecología) y magíster en Ecología por la Universidad Autónoma de Barcelona, además de profesor y licenciado en Biología por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Según lo reportado, el equipo realizó monitoreo por varias temporadas con registros de visitas florales, grabaciones de audio por especie, observación del comportamiento de vibración y mediciones asociadas a eficiencia de polinización, enfatizando que no basta con “muchas abejas” si no se identifican las especies que realmente realizan la vibración clave.
En terreno, la app utiliza un modelo basado en machine learning para reconocer patrones de zumbido, permitiendo grabar audio, obtener una identificación probable y acceder a fichas con información de cada especie, además de recursos como audios y referencias. La versión Android está disponible en modo de prueba, mientras el lanzamiento en iOS se encuentra en proceso, con un llamado abierto a usuarios para aportar observaciones y mejorar la herramienta.
El contexto explica por qué este tipo de soluciones empieza a ganar espacio. A nivel global, la FAO advierte que más de 75% de los tipos de cultivos alimentarios del mundo dependen, al menos en parte, de polinizadores, un servicio ecosistémico que sostiene diversidad de dietas y producción de frutas, hortalizas, nueces y semillas. Ver más aquí
En paralelo, la IPBES ha señalado que los cultivos dependientes de polinizadores representan cerca del 35% del volumen de producción agrícola global y estima que entre 5% y 8% de la producción mundial actual sería directamente atribuible a la polinización animal, con un valor económico anual de cientos de miles de millones de dólares (cifras en USD 2015).
En fruticultura, donde calibre, uniformidad, firmeza y condición pueden resentirse con una polinización deficiente, el detalle fino importa ya que no todos los visitantes florales aportan lo mismo.
En arándanos, por ejemplo, estudios recientes muestran que ciertas abejas nativas pueden incrementar de manera significativa la cuaja y el peso del fruto en comparación con visitas de abeja melífera, reforzando la idea de que la identidad del polinizador, ojalá a nivel de especie, es una variable de manejo productivo y no solo un dato ecológico.