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Rodrigo Susaeta: el trabajo y el orgullo de sostener la uva de mesa de Manflas en medio del desierto

  • En la parte alta del Valle de Copiapó, la familia Susaeta y Ricardo Corssen transformaron un territorio aislado en una hacienda que dejó huella en la fruticultura chilena. En esta entrevista, Rodrigo Susaeta, hoy su gerente, repasa la herencia de sus fundadores, el vínculo profundo con sus trabajadores y la convicción de seguir defendiendo una forma de hacer agricultura en tiempos complejos.

 

Hay lugares en Chile donde la agricultura no solo se cultiva: se defiende. Manflas, en la parte alta del valle de Copiapó, no nació como una comodidad, ni como una apuesta obvia, sino como un acto de fe en medio del desierto. Allí, donde la distancia, la altura y la dureza del paisaje parecían imponer límites, la familia Susaeta Margulis, encabezada por Don Félix Susaeta junto a Ricargo Corssen decidieron hacer lo contrario: abrir caminos, plantar futuro y convertir un territorio aislado en comunidad.

Ambos adquirieron la «Hacienda Manflas» en 1980 con el objetivo de transformar estas tierras áridas en una plantación de uva de mesa para exportación.Con el tiempo, esa aventura no solo levantó parrones; levantó también casas, escuela, capilla, plaza y una forma de vida que todavía late en la memoria de quienes la han hecho posible.

Por eso, cuando Rodrigo Susaeta Margulis habla de agricultura, no habla únicamente como presidente de la Asociación de Productores y Exportadores Agrícolas del Valle de Copiapó (APECO), ni como rostro de Hacienda Manflas. Habla, sobre todo, como un hombre atravesado por una herencia. La herencia de Félix Susaeta y Ricardo Corssen, los fundadores que a comienzos de los años 80 apostaron apasionadamente por producir uva de mesa en esa geografía que era, más que un negocio, una audacia… y aún lo sigue siendo.

En el relato de este ingeniero civil, Rodrigo Susaeta, actualmente gerente general de la «Hacienda» no hay épica vacía: hay emoción contenida, gratitud, memoria y la íntima convicción de estar cuidando una obra que comenzó antes que él, pero que también le pertenece.

Rodrigo Susaeta (arriba a la derecha) junto a su familia y madre.

Esta entrevista entra justamente ahí,  al corazón humano de la fruticultura del norte de Chile. En la historia de un dirigente que no solo administra un presente complejo, sino que lleva en su ser un legado familiar, laboral y comunitario. Y también en la historia de Manflas, un territorio marcado por el río que alimenta al Copiapó y por huellas mucho más antiguas que la propia agroexportación, desde ocupaciones prehispánicas del valle hasta la comunidad moderna que se levantó alrededor de la hacienda. Porque en el norte, a veces, una viña también puede parecerse a una forma de resistencia.

A continuación lo que nos cuenta Rodrigo, de Manflas como continuidad del trabajo de su padre y como una experiencia profundamente unida a la comunidad y a sus trabajadores.

¿Cómo ha sido el trabajo de la Agrícola Manflas y cómo lo ha marcado en lo empresarial y en lo personal?

Nuestra familia partió en la fruta producto de una crisis económica en el país. Mi padre se dedicaba a la lechería, a la ganadería en el sur de Chile, en la zona de Panguipulli y mi abuelo, anteriormente, también se dedicó a eso. Mi abuelo era abogado y mi padre era agrónomo y ganadero, especialmente lechero, y se cambió porque la lechería en ese tiempo realmente no daba nada y estaba buscando una alternativa.

Bueno,  conversando con su gran amigo y socio de esta empresa, Ricardo Corssen, le recomendó tirarse con la agricultura. Así,  nació primero la Exportadora del Mar en esa época, en la década de los 70-80 había mucho auge, y se dio la fortuna que mi mamá conocía a uno de los dueños de la Hacienda Manflas, un lugar lejano, en altura y así comenzó esta aventura de alto riesgo, porque no había ninguna certeza que la uva se iba a dar realmente. Fueron unos audaces, ambos dieron todo, arriesgaron todo lo que tenían por esta aventura, incluso a avanzada edad en ese tiempo para emprender, tenían más de 50 años. Lo mejor es que en esta riesgosa aventura, se aprovecharon todas las posibilidades para hacerla exitosa, aprovechando el  auge de las plantaciones de uva de mesa y las condiciones climáticas especiales del valle para la producción y exportación de primores.

Féliz Susaeta, uno de los fundadores de Manflas.

 

¿Con esto se comprueba que no hay edad para emprender?

Bueno, ahora que uno tiene esa misma edad o anda por ahí,  se da cuenta de lo aventurados que eran estos dos caballeros. Arrancaron con los ahorros que tenían, les costó hacer esto y sin ninguna certeza de que fuera a funcionar, con su instinto, con su conocimiento obviamente, pero con una alta dosis de inseguridad. Esto si que es una muestra de que no hay edad para emprender.

Creo que fueron unos apasionados, porque imagínate yo también estoy en los 50 y es complejo, y con todas las herramientas que ahora uno tiene para simplificarse las cosas, y más encima era un tema relacionado con la tierra, el esfuerzo físico, lidiar con gente, en fin.

Esto, para que se entienda bien, era un campo  en la alta cordillera, sin caminos y los que habían eran peligrosos, no había donde quedarse. Primero partieron mis padres , pero después también llegaron otros con sus familias.

 

¿Con cuántas hectáreas partieron al inicio y cuántas están trabajando ahora? ¿Cómo ha visto el desarrollo de Manflas?

En Manflas no había nada. No había ninguna vivienda, hoy día hay más de 60 casas, ubicadas a 120 km de la ciudad de Copiapó, a una altura de 1.500 metros sobre el nivel del mar. Hay una escuela con 110 alumnos que vienen de distintas partes, no son seleccionados y asisten de manera gratuita desde siempre.

Tenemos una capilla, una plaza, todo un desarrollo urbanístico, porque quedaba tan lejos esto que era imposible pensar en trabajar con toda la gente que se necesitaba sin tener alojamientos y alimentación para esas personas. Las primeras plantaciones, que partieron unas 10 hectáreas,  luego 10 más y así. Después de 5 años se pudo vender la parte baja a otros futuros productores, y con eso se le pudo dar un mayor impulso a las plantaciones. En un momento llegamos a tener 200 hectáreas de mesa en producción.

Han sido 20 años o más de arduo trabajo y altas inversiones en infraestructura (caminos, casas, sistema de riego, energía eléctrica, packing y equipos de enfriamiento) fueron necesarios para transformar esta tierra.

 

¿Cuáles son las condiciones que ayudan a Manflas a tener una uva de gran calidad?

Las condiciones desérticas, con muy baja humedad y el clima con altas temperaturas, cielo transparente y alta luminosidad todo el año, junto con la calidad de las aguas de riego provenientes del Río Manflas, con baja salinidad y libres de contaminación por ser la hacienda el primer lugar civilizado que toma contacto con las aguas, hacen posible cosechar primores en todas las variedades plantadas. La fruta de Manflas es bien conocida en los mercados de destino no solo por su llegada temprana sino también por la consistencia de su calidad.

 

¿Qué valor le otorga a las personas que han sido parte de este valle y de hacer comunidad en torno a un cultivo por decirlo de alguna manera?

O sea, en principio Manflas es una comunidad, obviamente como primer valor de Manflas, tenemos dentro de nuestra política la vida en comunidad, nosotros en Manflas vivimos, íbamos al colegio con los hijos de todos los trabajadores vecinos, nuestros hijos iban también ese colegio, somos parte de la comunidad de apoderados, esto es una dinámica muy poco común.

 

¿Tú querías precisar algo que está pasando y que es un poco doloroso, nos puedes señalar que es?

En la Hacienda tenemos trabajadores de toda la vida, con décadas de trabajo con nosotros, y a veces las circunstancias te hacen obligadamente a reestructurar para sobreviva este negocio. Vamos a pasar parte de 200 hectáreas a producción de pasas, y por esto se requiere menos mano de obra, hay menos manipulación. Sin embargo, esperamos tener que reducirnos lo menos posible. Esto es muy doloroso porque uno comparte con personas con las que ha pasado una vida entera, viviendo 30 años con ellos.

 

Rodrigo,  no sé qué relación tenía con su padre, pero si alguna vez le comentó cuáles eran sus sueños, y si piensa en los tuyos,  ¿Se cruzan en algo? ¿Fueron por caminos diferentes los sueños de tu padre y los tuyos?

Sí, son diferentes. A mi padre le tocó partir y modernizar cosas, antes todo era muy artesanal, yo me siento parte su sueño, nos llevamos muy bien con mi papá y para mi es un orgullo seguir adelante con lo que él hizo, por ese lado espero que esté contento.

A su vez, todo ha sido tremendamente desafiante y frustrante también. Hay que ser y tener el cuero duro, como mi papá,  con ese cuero duro … súper duro,  yo no lo tengo así. Pero sí creo en cosas en que nos hemos cruzado con mi padre. Hemos compartido la forma de trabajar, me gustaba mucho trabajar con él y creo entender cuando la cosa se pone dura y difícil. Hemos conversado con mi hermano y como familia estamos haciendo los mejores esfuerzos para sobrellevar nuestra empresa. La industria también pasa por sus momentos complejos y tiene sus signos también… estamos pasando por un momento injusto.

 

¿Cómo ve el sector de la uva y sus proyecciones como industria?

Creo que todo el sector de la uva, no importa que sea de mesa o vinífera, está complicado, no solamente es nuestra realidad. Ahora es Copiapó,  pero esto se ha ido adelantando un poco. Este año el mercado funcionó, pese a los aranceles funcionó. Como todos los ciclos de esta especie, tienes estos auges fantásticos, explosivos, como estaba teniendo la cereza en los últimos años. Después tienen una pequeña meseta, después la industria se satura, los precios caen, salen algunos del mercado, y con la salida de algunos del mercado los precios se estabilizan un poco, y a veces esto es un ciclo que se vuelve a repetir, otras veces se estabiliza y se mantiene más, pero sabemos que la agricultura es así, hasta el momento que va a llegar.

 

Y en el caso de su agrícola, ¿Qué diría que necesita?

Nosotros tenemos algunas dificultades en particular, queremos tener reglas claras para poder competir en igualdad de condiciones, es muy difícil construir competencia, porque tenemos que tener una entrada a Estados Unidos libre, en igualdad de condiciones con otros proveedores. Nosotros como país no hemos podido lograr eso, y con el System Approach lo habíamos logrado, pero nos duró exactamente nada. Esperamos recuperarlo. Hemos hecho un trabajo de apoyo en la zona norte, muy interesante junto a comunidades, se unieron senadores de distintos sectores políticos, trabajamos en conjunto, logramos un System Approach muy importante, nos duró muy poco, pero esperamos que esto se revienta, ya que, se hace un daño tremendo al mercado.

Además, espero que el país, y las autoridades, faciliten, fomenten y ayuden a que haya una disponibilidad de crédito mejor. Por mucho tiempo hemos necesitado un producto financiero, bueno y que se adecue a la realidad. Una cosa también, que creo que es importante, resaltar la necesidad de entregar facilidades laborales para conseguir trabajadores agrícolas ya sea chilenos o extranjeros, en la agricultura de hoy se necesita  con urgencia mano de obra y obviamente que todo esté regularizado para que puedan ejercer sus labores.

 

¿ Existe ese grupo que se formó llamado Global Greap Group, conformado por gremios frutícolas de México, Perú, Chile que opinión tiene al respecto de esta iniciativa?

Creo que todo suma, ese grupo -si se unen-, aprovechando también el tema de las ventanas está bien. Todo lo que pueda incidir, en potenciar un poco más, el mercado? Yo creo que sí, información sea realmente, debilita siempre, siento que todo aporta, información debilita, para que todo tenga la misma posibilidad, con las decisiones adecuadas, yo creo que este año, el mercado africano, yo creo que todo, todo se preparó, el mercado se preparó, las promociones, tuvieron oportunas, y el mercado, no siendo el mismo mercado, que teníamos antiguamente, el mercado no funcionó, y puede dar resultados exitosos, a muchos productores, yo creo que ahí hay un buen trabajo, y creo que se debe potenciar.

 

Y en tu rol, en la organización de Apeco, ¿qué has podido visualizar, entre otros productores, tu realidad, es la misma que todo, o hay algún aspecto, que esté, marcando pautas, a otros, afectando otras situaciones, a los productores? ¿Hay alguna diferencia, específica, en la producción de Apeco?

Creo que hay una distinta realidad en la parte alta y en la baja , no todos estamos en el mismo mercado, de la situación del mundo, de la situación de los fletes, de los aranceles, que afectan a todos por igual. Hay algunos mejor preparados que otros. Que han hecho los cambios. Creo que una cosa, que me gustaría probar es lograr que Manflas sea como unidad, y que el Valle Copiapó sea como unidad, una zona en donde se pudieran producir más que solamente uvas. Ahí, hay un trabajo por hacer, y hay cosas que investigar, y que probar, hasta lograr que el Valle Copiapó, sea más versátil, y que sea más variado.

 

¿Cultivar más especies o tener más procesado?

Bueno, todo es válido, está la pasa, está el pepino, está el pisco, pero también hay muchas especies que se están investigando. Hay especies que se pueden secar también, como los higos. No todos tienen los problemas que presenta la uva fresca en su viaje a los mercados de destino. Por ejemplo,  los países árabes, quieren frutos secos y los requieren un montón, y en el caso de la pasa es un tipo de alimento que dura, que permanece en el tiempo, que es muy distinto a la fruta fresca.Hay que ocupar la uva, la misma especie, para distintos usos, y buscar otras especies también.

 

Rodrigo, ¿Alguno de sus hijos está involucrado en la Hacienda o se relaciona del alguna manera al agro, como es tu trabajo en la empresa familiar?

No, y sí, tenemos dentro de la familia una ingeniera agrónoma que vive en Australia pero se ha dedica a otra cosa, y en particular dentro de mis hijos, tengo dos hijos ingenieros comerciales, y una hija estudió e agronomía, pero se decidió a lo forestal,  pero se toca un poquitito más en mi ámbito. Dentro de la gente joven, no soy tan afines con ir a vivir al campo y tan lejos, bueno cuando me viene yo a Copiapó… a Manflas, me vine con cama y petaca, con mi familia, con mis hijo, cuando no había energía eléctrica.

Por otro lado, el negocio se ha achicado de tal manera que tampoco hay mucho espacio, no es tan fácil trabajar en una familia que ahora,  a estas alturas ya son 30 o 40 personas, adultas, con distintos intereses y objetivos. Me siento con mis hermanos, y tenemos una muy buena relación. Ellos han sido muy generosos conmigo, esto me permite trabajar ya que confían en lo que hago, siempre con responsabilidad y transparencia. Claro, en el fondo, correr los riesgos, porque también es refácil estar del otro lado y uno administrando, jugándosela, y después pasar la cuenta. En un momento tuvimos un éxito muy grande, hoy en día todo esta más apretado,  y es lógico que aparezcan problemas. He hecho mi parte y con mis hermanos no llevamos bien.

A mi me gusta el trabajo en el campo y le tengo amor también, por lo que, nos dejaron nuestros padres, y me gusta hacerlo, pero si llega un día que esto tenga que terminar, voy a terminar feliz también, porque creo que- después de 29 años-, pagué mi derecho para salir tranquilamente.

¿Muchas personas que trabajan o trabajaron en Manflas sienten un vínculo muy especial con la empresa. Qué le gustaría manifestar al respecto?

Creo que la cosa cayó de cajón, yo era el hermano menor, yo me hice cargo feliz, y estoy muy contento de haber hecho el trabajo que hicimos, estoy muy agradecido de todas las personas que han trabajado en Manflas. Hemos formado este equipo y trabajado bien en conjunto, y siempre lo seguiremos haciendo para que nuestros trabajadores y colaboradores tengan el mejor trato posible.

Imagina, cómo no voy  a ser feliz, si cuando tengo que hacer el discurso en el colegio una vez al año, lo hago en el colegio que tiene el nombre de mi padre, Félix Susaeta. Esto para mi es muy sensible, ya que, para él fue una figura muy importante en mi vida.

 

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