La FAO ha documentado que las mujeres constituyen el 36% de la fuerza laboral en los sistemas agroalimentarios de América Latina y el Caribe, y que su empoderamiento mejora la seguridad alimentaria y dinamiza economías rurales. Chile no es ajeno a esa realidad y necesita instrumentos que crucen producción, empleo y acceso a programas con una mirada territorial y de género.
Ahí es donde el nuevo Visualizador Agrogénero de ODEPA puede hacer la diferencia: ofrece una radiografía por región y rubro —incluida fruticultura— para detectar brechas y orientar recursos.
Los datos oficiales que alimentan el visor provienen del VIII Censo Nacional Agropecuario y Forestal, ejecutado por el INE por encargo de ODEPA, y del Catastro Frutícola CIREN–ODEPA. Con esa base, gobiernos regionales, servicios como INDAP y municipios pueden identificar comunas con menor participación femenina en ciertas cadenas, estimar dónde falta oferta de capacitación o financiamiento, y monitorear si los programas cierran brechas en el tiempo.
La herramienta ofrece un dashboard con módulos temáticos que permiten filtrar y visualizar datos por región, edad, sexo, nivel educacional y especie frutal, entre otros. Los resultados se despliegan en gráficos dinámicos y tablas interactivas, con la posibilidad de descargar la información para realizar análisis propios y comparaciones entre regiones o categorías. Más información https://infoagrariaodepa.shinyapps.io/Visualizador_agrogenero/
Un caso concreto de política que puede potenciarse con el visor es el Programa Mujeres Rurales (INDAP–PRODEMU). La evaluación más reciente reportó avances en ventas de las participantes y subrayó desafíos persistentes, como acceso a tierra y agua. Con el tablero de ODEPA es posible cruzar esa evidencia programática con la distribución territorial de productoras y superficies por rubro, lo que apoya decisiones para focalizar y escalar intervenciones.
El siguiente paso es institucionalizar el seguimiento con métricas comparables y vincularlo con los repositorios de datos abiertos del Ministerio de Agricultura. De esta forma, los actores de la cadena —desde organizaciones de mujeres y cooperativas hasta agroexportadoras— pueden integrar evidencia de base para planes de compras inclusivas, extensión técnica con pertinencia cultural y acceso a crédito, reduciendo la brecha entre diagnóstico y acción.