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Imagen: Marca Chile

Chile resguarda el futuro de sus frutas: el Banco Base de Semillas de INIA Intihuasi y la red que protege la diversidad

  • El Banco Base de Semillas de INIA Intihuasi, en Vicuña, resguarda miles de accesiones a temperaturas bajo cero y refuerza su respaldo en la Bóveda Global de Svalbard bajo el acuerdo de “caja negra”, una póliza de seguridad para la fruticultura y otros cultivos.

Chile destaca a nivel global por su biodiversidad y alto endemismo, un factor estratégico para el agro exportador: disponer de diversidad genética amplia permite responder a shocks climáticos, nuevas plagas y requisitos de calidad. El Banco Base de Semillas —el “Arca de Noé chileno”— se consolida como un resguardo de esa riqueza genética de Chile.

El Banco Base opera en el centro regional INIA Intihuasi, en Vicuña (Región de Coquimbo). Desde allí se gestionan colecciones ex situ y documentación estandarizada, con personal y laboratorios dedicados a la conservación y evaluación de material. Intihuasi aloja además un Centro de Estudios de la Biodiversidad, reforzando investigación y seguridad alimentaria en torno al banco. Estos activos institucionales son la retaguardia científica de la fruticultura chilena.

Respaldo externo 

La estrategia no se queda en Chile. INIA deposita duplicados de seguridad en la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega) bajo el “acuerdo de caja negra”: las semillas permanecen bajo control del país y solo pueden utilizarse en caso de emergencia. En 2025, el director nacional de INIA participó en nuevas entregas, que incluyen variedades de trigo desarrolladas por INIA y maíces chilenos, reforzando la seguridad del reservorio nacional. Este esquema, administrado con FAO/Crop Trust y el gobierno de Noruega, ya ha probado su utilidad en crisis internacionales. Para la fruta, significa continuidad genética aun ante catástrofes locales.

La diversidad genética almacenada permite desarrollar portainjertos y variedades con tolerancia a estrés hídrico y térmico, resistencia a patógenos y mejor poscosecha, reduciendo pérdidas y reclamos comerciales. Con temporadas más calurosas y eventos extremos, el “seguro genético” se vuelve un factor de rentabilidad y continuidad operacional para cerezas, arándanos, carozos, cítricos y uva de mesa.

Gobernanza y trazabilidad: del acceso al uso

El banco de Vicuña trabaja con estándares de conservación y registro compatibles con redes internacionales. Para el sector privado, este ordenamiento implica un «pipeline» más claro hacia investigación aplicada y mejoramiento, además de una base trazable de germoplasma local —incluyendo parientes silvestres— que puede alimentar programas de breeding público–privados con metas comerciales (vida de postcosecha, firmeza, color, contenido de compuestos funcionales).

Con mayor exposición a estrés climático y costos logísticos, la ventaja competitiva vendrá tanto del manejo postcosecha como de la genética. La articulación entre el Banco Base, Intihuasi y Svalbard ofrece continuidad y acceso ordenado a recursos. Para productores y exportadores, la recomendación es seguir de cerca convocatorias y proyectos de INIA, integrar material validado en ensayos de campo con KPIs de productividad y calidad, y participar en alianzas que aceleren la transferencia de germoplasma a soluciones comerciales.

Fuente: Basado en información  de Marca Chile

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