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Andes-Chile
Imagen: Diego Delso

Nieve caída sobre glaciares de la zona central de Chile y Argentina ha disminuido un 66%: En riesgo la disponibilidad de agua dulce

  • Un estudio internacional reveló que durante la megasequía iniciada en 2010 la nieve caída sobre los glaciares de la zona central de Chile y Argentina llegó a disminuir hasta un 66%, poniendo en cuestión el futuro de estas reservas de agua dulce y la capacidad del sistema hídrico andino.

 

La cordillera de Los Andes funciona como una gigantesca bodega de agua dulce para millones de personas y para los principales rubros productivos de la zona central, entre ellos la agricultura y la fruticultura. Una parte importante del agua que consumimos a diario proviene de los glaciares de alta montaña; sin embargo, el cambio climático y la prolongada sequía iniciada en 2010 han acelerado la pérdida de volumen de estas masas de hielo, encendiendo las alarmas sobre la seguridad hídrica futura.

Frente a ese escenario, un grupo de científicos de Chile, Suiza, Austria y Nueva Zelanda decidió cuantificar cómo respondieron los 100 glaciares más grandes de la zona central de Chile y Argentina a la reducción de precipitaciones durante la megasequía, y proyectar qué podría ocurrir con estas reservas de agua hacia el año 2100 si se repite un evento similar.

Los resultados se plasmaron en la investigación “Less water from glaciers during future megadroughts in the Southern Andes”, publicada en la revista Communications Earth and Environment.

El Dr. Álvaro Ayala, investigador de CEAZA y WSL, explica que el objetivo central fue mirar hacia adelante: “Nos interesaba saber qué pasará en el futuro si se produce una megasequía similar, considerando que los glaciares serán más pequeños debido al calentamiento global proyectado para las próximas décadas”.

Durante el periodo 2010-2019, la precipitación sobre los glaciares disminuyó alrededor de un 36% en relación con 2000-2009. En años extremos como 2019, el descenso alcanzó el 66%. Aun así, el caudal de deshielo no se desplomó de inmediato. “Nuestros resultados muestran que el derretimiento acelerado del hielo ayudó a compensar la reducción de las nevadas, manteniendo el caudal de agua de deshielo proveniente de los glaciares”, detalla el Dr. Ayala. Es decir, los glaciares actuaron como una especie de “colchón” que amortiguó temporalmente el impacto de la falta de lluvias.

Pero ese colchón no será eterno. “Si una megasequía similar ocurre más adelante en este siglo, esta capacidad de amortiguación se verá gravemente reducida debido a que el tamaño de los glaciares será menor”, advierte el científico. Hacia fines de siglo, el estudio calcula que el volumen de los glaciares más grandes de la zona central de Chile y Argentina será entre 55% y 78% más pequeño, dependiendo de la severidad de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La conclusión es directa y en las próximas décadas, futuras sequías podrían generar reducciones de caudal mucho más drásticas que las observadas recientemente, con efectos potencialmente críticos para el abastecimiento humano, los ecosistemas y las actividades productivas dependientes del agua de montaña.

“Ante esta situación, el mensaje más directo que podemos dar es: necesitamos estar preparados para reducciones de caudal aún más fuertes que las observadas en años recientes. Para esto es importante construir sistemas hídricos que puedan reaccionar rápidamente a situaciones de escasez como las sequías, priorizando usos. Es conveniente que la construcción de estos sistemas sea inclusiva para que todos los actores estén alineados en estas emergencias”, enfatiza el Dr. Ayala.

Los resultados de esta investigación ofrecen una base científica clave para el diseño de políticas públicas, estrategias de gestión de cuencas y planificación hídrica de largo plazo en la región andina, en un contexto donde la combinación de cambio climático, megasequías y retroceso glaciar dejará cada vez menos margen para la improvisación.

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