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Las nuevas tareas del agro y la fruticultura en Valparaíso

  • El nuevo plan que prohíbe quemas agrícolas en Aconcagua obliga a cambiar el manejo de residuos; autoridades destacan casos de compostaje y llaman a ver la norma como una oportunidad productiva.

 

La prohibición de quemas agrícolas en comunas de la cuenca de Aconcagua no solo cierra una práctica histórica en el campo, también abre un debate sobre cómo producir de manera distinta. Tras la entrada en vigencia del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA) en Quillota, Panquehue, Catemu y Llaillay, el Ministerio de Agricultura ha insistido en que el foco ya no está únicamente en sancionar el uso del fuego, sino en impulsar una reconfiguración profunda de los sistemas productivos.

El seremi Sergio Salvador utilizó una frase que resume este tema: “La eliminación de quemas abre una oportunidad real para modernizar la agricultura, la fruticultura, mejorar la calidad del suelo y avanzar en prácticas que hoy ya son exitosas en otras regiones del país”. El seremi valoró especialmente una jornada realizada junto a CONAF e INIA, donde se presentaron experiencias concretas de manejo alternativo de residuos agrícolas y se recogieron inquietudes de productores sobre costos, maquinaria y acompañamiento técnico.

Uno de los casos destacados fue el de una cooperativa de la zona Limache–Quillota, que hoy transforma restos de poda y residuos agrícolas en compost, cerrando el ciclo de la materia orgánica. “Cuando los residuos de la producción vuelven al suelo como materia orgánica, ganan los productores y gana el territorio. Estos modelos no solo reducen el impacto ambiental, sino que generan ingresos adicionales para las familias”, afirmó Salvador . En la práctica, significa pasar de un modelo de “usar y quemar” a uno donde los residuos se convierten en insumos, en línea con la economía circular.

Las restricciones al uso del fuego, sin embargo, son estrictas y se extenderán por varios meses. Según la última actualización de CONAF, el uso del fuego para quemas controladas está suspendido a nivel regional en Valparaíso hasta el 31 de mayo de 2026, como parte de un conjunto de restricciones que también afectan a regiones como Atacama, Maule, Ñuble y Biobío.

En Valparaíso, además, la Corporación ya había comunicado en septiembre que dejaría de entregar comprobantes de aviso de quema, recordando que quien realice quemas ilegales se expone a multas de hasta 150 UTM y penas de cárcel de hasta 15 años si provoca un incendio forestal.

Desafíos ante los residuos

Para los agricultores de Aconcagua, la transición levanta preguntas concretas: qué hacer con los restos de poda, cuánto cuesta mecanizar el picado, si habrá apoyo público para acceder a maquinaria compartida o centros de acopio de residuos. Desde el Ministerio de Agricultura, el compromiso expresado por el seremi es acompañar ese proceso con más capacitación, programas de fomento y articulación con otras instituciones del agro para facilitar la adopción de nuevas prácticas. “Vamos a seguir entregando herramientas, capacitación y apoyo técnico. Queremos una agricultura más resiliente, más respetuosa del entorno y más preparada para los desafíos climáticos que ya estamos enfrentando”, afirmó Salvador.

El contexto climático y de incendios forestales refuerza la urgencia del cambio. En los últimos veranos, Chile ha enfrentado megaincendios con miles de hectáreas afectadas y eventos de calor extremo en la zona centro sur, lo que llevó incluso a decretar estados de emergencia y toques de queda preventivos en algunas regiones, como Maule y Ñuble, para contener focos de fuego en febrero de 2025.  En ese escenario, el fin de las quemas agrícolas en una región particularmente vulnerable como Valparaíso se interpreta también como una medida de protección civil, no solo ambiental.

Más allá de la regulación, las autoridades insisten en que se requiere un “cambio cultural” en el campo: dejar de ver el fuego como herramienta barata e inevitable y asumir que el futuro pasa por suelos vivos, manejo orgánico de residuos, tecnologías de riego y control de malezas que reduzcan la dependencia del fósforo y combustibles, y cadenas agrícolas que puedan mostrar su sustentabilidad frente a mercados internos y externos cada vez más exigentes. Si esa transición se concreta, el fin de las quemas podría convertirse, como plantea el seremi, en el punto de partida de una agricultura más moderna y competitiva para Aconcagua y para toda la Región de Valparaíso.

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