El sector del freight forwarding ha comenzado a desplegar sus estrategias para el Año Nuevo Chino 2026, que iniciará oficialmente el 17 de febrero. A pesar de que las proyecciones de crecimiento para el mercado global se sitúan en un moderado 2,9%, la festividad impone un desafío estructural que trasciende los feriados oficiales.
La parálisis operativa suele extenderse hasta siete semanas, comenzando con una desaceleración en la manufactura y el transporte terrestre desde finales de enero, y culminando con la normalización total de la cadena tras el Festival de los Faroles en marzo.
Este periodo crítico obliga a los cargadores a gestionar el tradicional «rush» de envíos previos, que históricamente satura los puertos de Shanghái y Shenzhen.
A diferencia de años anteriores, este ciclo se desarrolla en un contexto de marcada prudencia comercial. Aunque los acuerdos diplomáticos de finales de 2025 aliviaron ciertas tensiones entre las principales potencias, la permanencia de aranceles base del 10% y la incertidumbre a largo plazo han mantenido los volúmenes de reserva por debajo de los promedios históricos.
En lugar de adelantar embarques de forma masiva y agresiva, los propietarios de carga están optando por estrategias de inventario más afinadas, priorizando la eficiencia de costos sobre la acumulación de stock en un entorno donde la demanda global muestra señales de debilidad.
Ante esta realidad, el éxito logístico para 2026 dependerá de la resiliencia de las redes más que de la persecución de volumen. Los operadores están acelerando inversiones estructurales en digitalización y diversificación de rutas, fortaleciendo la estrategia «China+1» mediante el uso de hubs regionales en India y el sudeste asiático para mitigar la dependencia del mercado chino.
En definitiva, la planificación anticipada y la flexibilidad para redirigir flujos hacia rutas alternativas, como la conexión Asia-Sudamérica, serán las herramientas determinantes para navegar la interrupción operativa más importante del calendario logístico.