La apicultura chilena atraviesa uno de sus momentos más complejos, y el impacto va mucho más allá del rubro de la miel. Cuando las colmenas se debilitan por falta de alimento, inviernos más fríos, sequías prolongadas y la presión constante del ácaro Varroa destructor, la agricultura y fruticultura también se resienten: disminuye la disponibilidad de polinizadores y con ello se pone en riesgo la productividad y calidad de múltiples cultivos que dependen —en distinta medida— de la polinización.
En este escenario, un equipo multidisciplinario de tres instituciones chilenas desarrolló una propuesta que apunta directamente a un punto crítico para el campo: mantener colonias más sanas y estables durante periodos de estrés, sin recurrir necesariamente a tratamientos químicos convencionales.
El proyecto reunió a Luisbel González (Doctorado en Ciencias de la Ingeniería, mención Ingeniería Química, Universidad de Concepción), Ociel Muñoz (Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos, Facultad de Ciencias Agrarias y Alimentarias, Universidad Austral de Chile, líder del proyecto) y María Cristina Ravanal (Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales, Pontificia Universidad Católica de Chile).
La pregunta que guió la investigación fue la siguiente; ¿es posible que una dieta artificial —formulada con criterios bioquímicos avanzados— no solo alimente a la colonia, sino que además mejore su resiliencia y contribuya a controlar la Varroa de manera sustentable? La respuesta, según los ensayos realizados, abre una ruta concreta para apoyar la polinización agrícola con herramientas basadas en ciencia.
Los investigadores desarrollaron dietas sólidas semipastosas inspiradas en el “pan de abeja”, alimento fermentado natural presente en la colmena. A partir de harinas de arroz y quínoa, además de levadura, albúmina y almíbar, lograron imitar el equilibrio nutricional que favorece el desarrollo de la colonia.
A esa base se sumaron dos extractos ricos en compuestos bioactivos provenientes de la flora chilena: maqui, reconocido por su alta capacidad antioxidante, y frambuesa, rica en polifenoles asociados a la reducción del estrés oxidativo. Este componente es relevante en un contexto donde las abejas enfrentan no solo cambios climáticos, sino también condiciones que pueden afectar su metabolismo y rendimiento dentro de la colmena.
Uno de los elementos más innovadores del trabajo fue la incorporación de aceites esenciales —principalmente de orégano, laurel y eucalipto— encapsulados dentro de la matriz alimentaria. Esta tecnología permite una liberación sostenida de compuestos con efecto acaricida dentro de la colmena, reduciendo la presencia de Varroa sin interferir con la actividad normal de las abejas y evitando residuos en miel o cera, un punto especialmente sensible para la competitividad y la inocuidad en los mercados.
A diferencia de los tratamientos químicos tradicionales, este enfoque busca ser continuo, natural y menos invasivo, lo que podría traducirse en un manejo más amigable para apicultores y agricultores, especialmente en zonas con alta demanda de polinización.
Las pruebas de campo mostraron una alta aceptación del alimento: las abejas consumieron entre 25% y 33% de lo ofrecido, sin desplazar la alimentación natural disponible, lo que indica que puede actuar como suplemento estratégico en periodos críticos. Además, las formulaciones con maqui mantuvieron su estabilidad incluso con temperaturas elevadas, una ventaja para regiones con veranos secos y calurosos.
El resultado más destacado fue la reducción de hasta 90% en los niveles de Varroa al incorporar aceite esencial de orégano, con desempeños comparables —e incluso superiores— a algunos tratamientos sintéticos, pero sin sus efectos secundarios.
Para la fruticultura, avances como este son relevantes porque apuntan a sostener un eslabón clave del sistema productivo: colmenas más fuertes implican mayor disponibilidad de polinización, lo que puede contribuir a mejorar el rendimiento y la uniformidad de los cultivos, además de fortalecer la resiliencia de un servicio ecosistémico esencial en tiempos de cambio climático.