La palta Hass chilena enfrenta un gran desafío logístico: sobrevivir a los largos viajes marítimos hacia mercados estratégicos en Europa y Asia. Para combatir el deterioro y los hongos que afectan su calidad, un equipo de científicos del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) La Platina ha desarrollado un innovador recubrimiento natural que promete revolucionar la postcosecha de este «oro verde».
El proyecto, liderado por expertos como el investigador Ulloa, consiste en una película protectora de origen natural que se aplica sobre la fruta inmediatamente después de ser cosechada y antes de que entre a las cámaras de frío. Este recubrimiento utiliza extractos y aceites esenciales de hinojo y mostaza, conocidos por sus propiedades antimicrobianas.
A diferencia de los fungicidas sintéticos tradicionales, que enfrentan cada vez más restricciones en mercados exigentes, esta alternativa biotecnológica no deja residuos tóxicos y mantiene la inocuidad del alimento.
Las pruebas realizadas, tanto en laboratorios como en condiciones reales de transporte, han arrojado resultados contundentes en términos de la extensión de la vida útil, ya que, el recubrimiento logra proteger la palta por periodos de aproximadamente 30 días, el tiempo estándar requerido para los envíos por barco. Por otro lado, permite el control de patógenos, pues ha demostrado ser eficaz contra hongos como el Colletotrichum y el complejo Botryosphaeriaceae, principales causantes de la pudrición. Y finalmente, ayuda a conservar la calidad intacta. Los ensayos preliminares indican que el tratamiento no altera el sabor, la textura ni la apariencia característica de la palta Hass.
Esta innovación no solo busca mejorar la competitividad de las exportaciones chilenas, sino también ofrecer una solución más sustentable para el medio ambiente y los consumidores. «Creemos que conseguiremos concretar esto como una solución para el agro. Vamos a seguir investigando para ser un aporte para este alimento tan consumido por los chilenos», destacó el equipo de investigación.
El siguiente paso para los científicos es escalar esta tecnología a nivel comercial, validando su eficacia en distintos escenarios logísticos y asegurando que los costos de aplicación sean accesibles para los productores locales.