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Control de jerjeles busca aliviar situación y productiva sobre valles agrofrutícolas de Arica

  • El convenio firmado entre el Gore y la Seremi de Agricultura pone el acento en una plaga que afecta de manera directa las faenas rurales, especialmente en Lluta y Camarones, donde las picaduras generan impacto sanitario, ambiental y laboral.

Más que una acción puntual de control de plagas, el convenio firmado en Arica y Parinacota instala una señal relevante para el sector agrofrutícola del extremo norte: las condiciones sanitarias del entorno rural se han transformado en un factor directo de productividad. La decisión de destinar más de $625 millones al control integrado de jerjeles en la provincia de Arica reconoce precisamente ese vínculo entre salud ambiental, bienestar de los trabajadores y funcionamiento de las faenas agrícolas y pecuarias.

En valles como Lluta y Camarones, donde la agricultura se desarrolla bajo condiciones de alta exposición climática y laboral, la presencia de dípteros hematófagos constituye un problema persistente. Las autoridades regionales explicaron que la intervención apunta a reducir los efectos de las picaduras y con ello disminuir una presión que impacta tanto a quienes trabajan diariamente en el campo como al conjunto de la población rural. El hecho de que el programa contemple más de 10 mil beneficiarios directos muestra la magnitud territorial y social del problema.

Para el mundo agrícola, el valor del acuerdo está en que reconoce una demanda largamente planteada por los territorios rurales. El seremi Jorge Heiden señaló que los agricultores estaban “desesperados por el problema de los jerjeles”, mientras el gobernador Diego Paco insistió en que era importante reactivar un programa “tan esperado por la comunidad”. Esa coincidencia entre demanda local y decisión pública refuerza la idea de que el combate de esta plaga no es secundario, sino parte del soporte básico que requieren las zonas productivas para operar en mejores condiciones.

Desde una perspectiva agrofrutícola, el avance puede tener un efecto más amplio que el mero control entomológico. En regiones donde la mano de obra y la continuidad de las labores son críticas para sostener cosechas, manejo predial y actividad pecuaria, reducir factores de molestia y riesgo sanitario puede contribuir a un entorno de trabajo más estable. A eso se suma el impacto ambiental positivo que las autoridades atribuyen al programa, al plantear que la ejecución reducirá la presión que estos insectos generan sobre la ruralidad provincial.

El convenio, además, quedó asociado a otros frentes prioritarios del agro regional, como la mosca de la fruta, la disponibilidad hídrica, el apoyo a ganaderos de precordillera y el aumento de la superficie cultivable. Esa articulación sugiere que el control de jerjeles será parte de una conversación más amplia sobre competitividad y condiciones habilitantes para el desarrollo del agro en Arica y Parinacota. En un territorio donde cada factor ambiental pesa sobre la producción, este tipo de programas empieza a leerse como infraestructura sanitaria para la agricultura regional.

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