Expertos del arándano chileno llegarán a Bogotá en uno de esos momentos en que una industria no solo debe mostrar resultados, sino también explicar hacia dónde va. Chile cerró la temporada 2025-2026 con 92.900 toneladas exportadas de fruta fresca, un alza de 2,7% interanual, mientras las nuevas variedades ya representaron el 24% de los envíos, reflejando un proceso de transformación que busca mejorar experiencia de consumo, condición de arribo y competitividad.
Europa concentró el 50% de los despachos, Estados Unidos mantuvo el segundo lugar con 37% y América Latina volvió a ganar peso, especialmente a través de Argentina y Brasil.
Ese contexto vuelve especialmente relevante la participación chilena en Nación Berries 2026, de este 20 y 21 de mayo, la segunda edición del encuentro organizado por Asocolblue y AgriLink, programado para el 20 y 21 de mayo en la Cámara de Comercio de Bogotá, sede Salitre.
La cita se presenta como una plataforma de conocimiento, conexiones y negocios para la agroindustria berry en Colombia y América Latina, con más de 30 conferencias y paneles, además de muestra comercial, BerryTalks, BerryTour y rueda de negocios. La primera edición reunió a más de 800 asistentes, 711 citas de negocio y empresas de 12 países.
Y dentro de ese escenario, Chile no llegará como observador. Andrés Armstrong, director de la International Blueberry Organization y director ejecutivo del Comité de Arándanos de Frutas de Chile, abrirá el bloque sobre “Colombia como hub latinoamericano de berries y frutas exóticas” con la charla “La ruta para hacer de los berries un negocio de alto impacto en Colombia”. A eso se suma la participación de Marcelo Luengo, gerente general de Planasa, en el panel sobre genética y elección de material vegetal, y de Reinaldo Campos, investigador vinculado a la Universidad de Chile, en el bloque de postcosecha.

En esta entrevista con Camilo Lozano, vicepresidente de Asocolblue, hay una mirada para productores y exportadores chilenos. Desde Colombia, Lozano ve a Chile como una industria desafiada por la cantidad de proveedores y por sus propias restricciones internas, pero todavía muy relevante por su conocimiento, su resiliencia y su capacidad de adaptación.
En paralelo, describe a Colombia como una industria todavía joven, con unas mil hectáreas plantadas, un crecimiento estimado de 20% y una vocación exportadora en expansión, aunque todavía muy enfocada en el mercado interno.
Es una señal muy lógica. Chile sigue siendo una referencia técnica y comercial para toda la región. Pese al momento complejo que atraviesa el negocio, la industria chilena mantiene una ventaja acumulada en logística, genética, cadenas de abastecimiento, promoción y conocimiento técnico. Los chilenos son los padres de la agroindustria latinoamericana porque llevan mucha ventaja frente a Colombia en distintos planos del negocio.
Bueno se plantea un escenario exigente. Están pasando un desafiante momento en la industria de los arándanos, sobretodo en algunos segmentos, presión competitiva y una ventana productiva que se ha ido estrechando. Pero al mismo tiempo se trata de una industria resiliente, que está haciendo recambio varietal y que conserva un capital técnico y empresarial sobresaliente. La mayor presión proviene de la expansión peruana y de la necesidad de sostener relaciones comerciales en mercados cada vez más exigentes.
En la capacidad de reinventarse. Chile no solo ha acumulado conocimiento, sino que también ha sabido expandirse productivamente fuera de su territorio, especialmente a través de inversiones en la industria del arándano en el mismo Perú. A eso suma una base técnica fuerte, desarrollo varietal, experiencia comercial y una cultura exportadora que sigue pesando.
Aunque la industria chilena esté bajo presión, seguirá siendo un actor relevante en el mundo del arándano. Ese diagnóstico dialoga con el propio proceso de recambio que exhibe hoy el sector, donde las nuevas variedades ya explican una fracción creciente de las exportaciones.
El negocio del arándano en la mayoría de los proveedores sigue siendo, ante todo, el negocio del fresco, porque el 80 o el 90% del consumo del arándano es fresco. Derivar fruta al congelado puede ser una salida, pero no debiera hacerse como reacción desesperada ni con la misma genética pensada para clamshell.
El mercado industrial requiere variedades mucho más productivas, procesos de mecanización y otra lógica de costos, porque el diferencial de precio frente al fresco puede ser muy fuerte. Si un arándano de consumo fresco puede llegar a 5 dólares el kilo, un arándano congelado llega a un dólar o un dólar veinte.
¿Entonces, a tu juicio qué debe tener presente un productor y/o exportador que desea avanzar al congelado?
Lo primero es la genética. No basta con mover fruta del fresco al congelado; hay que pensar en variedades diseñadas para mayores rendimientos, cosecha mecanizada y costos compatibles con ese mercado. Incluso productividades de 20 toneladas por hectárea ya no serían las óptimas para un modelo industrial competitivo, y habría que apuntar a niveles de 30 o 40 toneladas con procesos más mecanizados. Ese eventual giro exige inversión y una estrategia de largo plazo, no una corrección improvisada.
Bueno Chile desafía la distancia a los mercados, de la superposición con la curva peruana, de la mano de obra, del agua y de la burocracia asociada a permisos y desarrollo de infraestructura. También la corta temporada chilena limita la utilización de activos como plantas y equipamiento. Aun así, el país conserva margen para reaccionar, ya sea con mejor desarrollo varietal, apertura de mercados más cercanos en América Latina o una estrategia más fina para aprovechar Asia desde el Pacífico. En esa línea, la propia estadística exportadora reciente muestra que Chile ya está reforzando mercados complementarios como Argentina y Brasil.
Encontrará una industria joven, pero ambiciosa. Colombia lleva entre 10 y 15 años incursionando en el arándano, con cerca de 1.000 hectáreas plantadas y unas 250 a 300 hectáreas con vocación exportable. La producción se concentra principalmente en Cundinamarca y Boyacá, aunque también se observa potencial en Antioquia y Nariño.
El país viene creciendo en torno a 20% anual y espera mantener ese ritmo, apalancado en su posibilidad de producir las 52 semanas del año y en ventajas de cercanía a mercados.
Exactamente. Alrededor del 95% de la producción colombiana se queda en el mercado interno, donde el arándano ha ganado posicionamiento por sabor y atributos saludables. El mercado local ya se mueve en el rango de US$80 millones a US$100 millones, mientras el internacional ronda los US$5 millones. Por eso, aunque Colombia trabaja admisibilidad, certificaciones y relaciones comerciales, su desarrollo exportador aún está en una fase inicial comparado con Chile.
Para Colombia, Nación Berries funciona como una plataforma de aceleración. Reúne a productores, exportadores, compradores, inversionistas y proveedores, y busca consolidar al país como hub regional para berries y frutas exóticas.
La presencia chilena refuerza justamente ese objetivo, porque acerca experiencia real en genética, postcosecha, exportación y construcción de industria. En otras palabras, Bogotá servirá este año como vitrina para Colombia, pero también como espejo para Chile. Allí se va a discutir no solo cómo crece una industria nueva, sino también cómo se reacomoda una industria madura que necesita seguir compitiendo con calidad, recambio y visión estratégica.
Redacción News Frutas de Chile