Mientras lidera una intensa agenda comercial en India, China y Tailandia para abrir y consolidar mercados estratégicos para la fruta chilena, el presidente de Frutas de Chile, Iván Marambio, manifestó su profunda preocupación por las limitantes internas que enfrenta el sector productivo a nivel local. En publicación de DF explicó que el principal desafío del sector ya no es la demanda internacional, sino la falta de certezas hídricas en el territorio nacional.
«Hoy el problema no son los mercados para producir, sino que tenemos limitantes internas que nos lo impiden. Tenemos ese talón de Aquiles con el agua. Necesitamos agua para producir. Y no vemos que este tema esté en la agenda de crecimiento del país, y debería estarlo», advirtió Marambio.
Para dimensionar la urgencia, el timonel del sector frutícola le puso cifras al potencial de crecimiento estancado por la escasez del recurso. De acuerdo con las estimaciones de Frutas de Chile, cada hectárea que se incorpora al riego tecnificado y seguro representa un impacto económico directo de US$ 80.000 para el país.
Bajo esta premisa, una meta país orientada a incorporar 100.000 nuevas hectáreas bajo riego hacia el año 2030, significaría una inyección de US$ 8.000 millones para la economía chilena. Además, este desarrollo productivo vendría de la mano con un fuerte componente social, traduciéndose en la creación de 160.000 puestos de trabajo permanentes y estables en los campos. Actualmente, la fruticultura chilena —impulsada fuertemente por especies en expansión como los avellanos y nogales— abarca una superficie estimada de 370.000 hectáreas.
Desde el gremio explican que, de las seis propuestas que han presentado formalmente para reactivar el crecimiento económico, las mayores deficiencias se concentran en el área de infraestructura. Si bien se reconocen avances en la planificación de la infraestructura portuaria con miras a las próximas décadas, la estrategia del agua sigue estando en deuda.
Marambio señaló la falta de una visión integral en las políticas públicas vigentes, explicando que las soluciones planteadas hasta ahora son parciales. “Solamente se ven las desaladoras; pero no hay un plan de cómo llevar el agua que sale de las desaladoras, o que venga de una carretera hídrica, de trasvasije de cuenca, de irrigación, de infiltración de napas. No vemos una agenda en ese sentido”, subrayó. El dirigente gremial espera reunirse en el corto plazo con representantes del Gobierno para plantear la necesidad de proyectar un plan robusto para la siguiente década.
La fruticultura se posiciona firmemente como el segundo sector exportador más relevante de la economía chilena, siendo superado únicamente por la minería del cobre. Sin embargo, a diferencia de la actividad minera, la producción de fruta destaca por su masivo impacto descentralizador.
«Nosotros abarcamos prácticamente 14 regiones del país, y eso nos diferencia de los demás sectores productivos, que están en un par», relevó Marambio, recordando que el 75% de la actividad frutícola se desarrolla y genera valor directamente en las regiones chilenas.
Ante este escenario, desde el sector insisten en que planificar la infraestructura hídrica para el periodo 2030-2035 no es solo una necesidad sectorial, sino un requisito indispensable para la resiliencia económica y social de la ruralidad chilena.
Fuente: Texto redactado con información de DF (Ver la nota aquí )