La agricultura del centro de California enfrenta uno de sus golpes más duros en la historia reciente, forzando a los productores locales a tomar la drástica decisión de destruir aproximadamente 420.000 árboles de durazno de carozo adherido. Esta medida extrema llega como consecuencia directa del cierre definitivo de las plantas procesadoras que la histórica empresa Del Monte Foods operaba en las localidades de Modesto y Hughson, clausuradas a principios de este año tras haberse acogido a la ley de bancarrota el verano pasado.
El cese de operaciones de esta compañía, que contaba con casi catorce décadas de trayectoria en el mercado de conservas, no solo dejó a cientos de trabajadores desempleados, sino que quebró de golpe la estabilidad de decenas de granjas familiares. Muchos de estos productores mantenían contratos de comercialización desde hace más de veinte años y ahora se encuentran en un escenario desolador, con poquísimas alternativas para dar salida a sus cosechas justo a las puertas de la temporada alta de recolección, que habitualmente se desarrolla entre mayo y septiembre.
La magnitud del desastre financiero es alarmante. Según un reporte de Independent Español, las pérdidas estimadas para el sector agrícola de la región podrían llegar a rozar los 550 millones de dólares. Ante la gravedad de la situación y el riesgo inminente de un daño permanente en el tejido productivo del país, legisladores federales anunciaron una inyección de fondos de emergencia por hasta 9 millones de dólares. Este subsidio estatal está destinado específicamente a financiar el costoso proceso de remoción de unas 1.200 hectáreas de huertos.
Las autoridades explican que retirar del mercado unas 50.000 toneladas de fruta es una estrategia dolorosa pero necesaria para estabilizar los precios. Al reducir drásticamente el exceso de oferta, se busca evitar un desplome generalizado que causaría pérdidas adicionales calculadas en otros 30 millones de dólares. Una vez completado este proceso de limpieza profunda, los agricultores afectados tendrán que reinventarse y reorientar el uso de sus tierras hacia otros tipos de cultivos.
A pesar de que otra empresa del sector adquirió recientemente el negocio de fruta enlatada de la firma en quiebra y accedió a comprar cerca de 24.000 toneladas de la producción actual, el alivio es insuficiente. Todavía queda un volumen idéntico de duraznos sin ningún comprador en el horizonte, lo que condena a una parte masiva de la cosecha a pudrirse o ser destruida, dejando una profunda incertidumbre sobre el futuro de estas explotaciones agrícolas multigeneracionales.
Noticia Redactada por News Frutas de Chile , utilizando datos de Independent-español