Mientras gran parte de las conversaciones de la industria frutícola se centra en nuevas plantaciones, reconversión varietal o expansión productiva, existe una oportunidad mucho más cercana y muchas veces subestimada: recuperar el potencial productivo que ya está instalado dentro de los huertos.
Ese fue uno de los mensajes más potentes que dejó la participación de Clemente Lorca, gerente agrícola de Agrícola Olivia del Huique, durante el último webinar de los Viernes del Kiwi, organizado por el Comité del Kiwi de Frutas de Chile.
Con más de veinte años de experiencia en la especie, Lorca compartió una experiencia práctica desarrollada en la provincia de Colchagua, donde la empresa decidió enfrentar un problema que afecta a numerosos productores: la pérdida progresiva de productividad causada por mortalidad de plantas, brazos improductivos, problemas de drenaje, compactación de suelos y enfermedades de la madera.

Uno de los aspectos que más llamó la atención de su exposición fue la invitación a mirar con otros ojos los huertos adultos. Según explicó, durante años es común que los productores se acostumbren a convivir con espacios vacíos, plantas debilitadas o sectores con baja producción.
«Cuando uno recorre el huerto ve una plantita que se murió aquí y otra por allá, y uno le toma acostumbramiento a esa circunstancia», relató Lorca. Sin embargo, advirtió que el escenario actual del negocio obliga a realizar un análisis mucho más profundo. «Hoy por hoy, como está la parte comercial del kiwi, yo creo que ya hay que detenerse a mirar y entrar a jugar en el área chica para poder ir recuperando estos espacios improductivos», enfatizó.
En el caso de Agrícola Olivia, la evaluación reveló pérdidas productivas que llegaban incluso al 30% y 40% en algunos sectores del huerto.
El diagnóstico realizado por la empresa permitió dimensionar la magnitud del problema.
La suma de plantas muertas, brazos improductivos y espacios sin producción equivalía a cerca de cinco hectáreas productivas perdidas dentro de un huerto de 25 hectáreas de kiwi. «Prácticamente establecimos alrededor de 5.000 plantas. Eso significa alrededor de cinco hectáreas más en todos los espacios entre mortalidad de planta y espacios improductivos», explicó.
La cifra no es menor.En términos prácticos, significaba que cerca del 20% de la superficie potencialmente productiva no estaba aportando al negocio.
Lorca explicó que las causas de improductividad son múltiples y, en muchos casos, acumulativas.
Entre las principales mencionó:
A ello se suman las propias limitantes de la zona donde se ubica el predio. Por ejemplo se puede estar en zonas complejas, con suelos arcillosos, pocas horas fríos o heladas en primavera. A pesar de esto, dice Lorca que su empresa ha logrado sostener productividades cercanas a las 35 toneladas por hectárea.
Frente a un diagnóstico de este tipo, las decisiones pueden pasar por replantar. Si bien existen alternativas como los mugrones o los sistemas multieje, el equipo de Lorca en este caso optó por un programa de replantes utilizando plantas nuevas. Pero el desafío era complejo: ¿Cómo hacer convivir una planta joven con una planta adulta que lleva años instalada?
«Nos preguntamos qué hacemos con el riego, qué hacemos con la fertilización, cómo convivimos con una planta adulta al lado», recordó. La solución implicó una preparación meticulosa, como la realización de hoyos aireados previamente, incorporación de compost y fertilizantes de liberación lenta, además de un seguimiento permanente de cada planta establecida.
El factor más relevante el riego
Para Lorca, el principal aprendizaje del proceso fue que el éxito del replante depende fundamentalmente del manejo hídrico.«Yo creo que el tema de riego es el punto más crítico en el desarrollo inicial de la planta». El desafío consistía en mantener el equilibrio entre las necesidades de una planta pequeña y las demandas de una planta adulta. «Cuesta mucho lidiar con una planta pequeña al lado de una adulta», señaló.
Por ello, el equipo dedicó gran parte de su trabajo a mover líneas de riego, revisar goteros y monitorear permanentemente la humedad del sustrato.»Es muy fácil secarse o pasarse al otro extremo. Esto es cuestión de una semana», advirtió.
Otro aspecto que destacó fue la necesidad de destinar recursos humanos específicos. «Generalmente destino dos o tres personas que van evaluando todas las semanas y que llevan más de diez años trabajando conmigo en kiwi», explicó.
Además del monitoreo hídrico, el trabajo incluye control de plagas como tijeretas, burritos y pulgones, particularmente agresivos sobre tejidos jóvenes.
La recuperación de productividad no es barata. Lorca detalló que la inversión alcanza aproximadamente USD$ 5.500 por hectárea, más costos adicionales de formación cercanos a USD$ 300 o USD$ 400 por hectárea. Sin embargo, sostiene que los números justifican plenamente la decisión. «Si uno lo lleva a superficie, igual es un punto importante porque puedes recuperar producción que justifica totalmente la inversión».
Los resultados iniciales parecen respaldar esa visión.La mortalidad observada durante el establecimiento fue de apenas 1,8% a 2%, una cifra considerada muy positiva para este tipo de proyectos.
Más allá del replante, Lorca enfatizó que la recuperación productiva debe ir acompañada de una estrategia de mejoramiento de suelo. La empresa está desarrollando programas de descompactación mecánica de camellones e incorporación sistemática de compost para recuperar estructura, aireación y actividad biológica.
«Todo tiene sentido cuando uno trabaja el suelo de mejor manera para que el huerto tenga una mejor cara, mejor vigor y mejor color», afirmó. Y agregó una frase que resume gran parte de la filosofía detrás del proyecto: «El suelo es la vida de las plantas».
Al cierre del webinar, Lorca entregó un mensaje directo a los productores. A su juicio, el kiwi vive hoy un escenario muy distinto al de años anteriores y existen condiciones para reinvertir en los huertos.«Estamos en el período y en el tiempo de poder realizar la inversión».
Pero advirtió que el éxito depende del compromiso posterior.»Si uno toma esa decisión, es importante preocuparse y sacar adelante lo que se ha planteado para poder obtener el resultado que uno quiere». Y concluyó con una reflexión, «Yo creo que ahora está la instancia para hacerlo. Es una muy buena oportunidad para quienes están mirando sus huertos y dicen: hace sentido tomar decisiones para recuperar producción y mantener el kiwi más a largo plazo».
La experiencia presentada por Agrícola Olivia demuestra que, en una industria donde los nuevos proyectos demandan inversiones millonarias, una parte importante del crecimiento podría estar escondida dentro de los mismos huertos. Según Lorca, la clave es identificarla a tiempo y tener la decisión de actuar.
Redacción News Frutas de Chile