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“Inversión, inversión, inversión”: Economista Alejandro Weber dice que la agricultura debe recuperar competitividad en una temporada desafiante

En un escenario marcado por conflictos internacionales, mayor incertidumbre económica, presiones inflacionarias, debilitamiento de la inversión y una creciente competencia global, Alejandro Weber, decano de la Facultad de Economía y Gobierno de la Universidad San Sebastián y ex subsecretario de Hacienda, entregó durante el Seminario ¿Cómo se viene la temporada 2026-2027?, organizado por la Sociedad Nacional de Agricultura de Chile, una mirada directa sobre los desafíos que enfrentará Chile y, particularmente, el sector silvoagropecuario en la temporada 2026-2027.

Durante el encuentro que reunió a todos los gremios del sector agrícola, pecuario, maderero, frutícola, lechero y cadena agroalimentaria en general, Weber abordó el contexto mundial y nacional que incidirá sobre productores, exportadores y actores de la industria. Su diagnóstico fue que la temporada se proyecta muy desafiante no solo por factores externos, sino también porque Chile ha perdido dinamismo, inversión y competitividad frente a economías que han sabido construir estrategias sectoriales de largo plazo.

“El mundo se está desacelerando. El mundo va a crecer menos”, señaló Weber, al explicar que los conflictos internacionales, los aranceles y las tensiones geopolíticas han golpeado directamente a economías abiertas como la chilena. Sin embargo, advirtió que el problema local es más profundo: “Es cierto que el mundo se está desacelerando, pero nosotros nos hemos desacelerado más. Desde el año 2015 a la fecha, Chile está creciendo menos que el mundo”.

Un escenario global más incierto para una economía abierta

Weber inició su análisis desde lo que denominó “el elefante en la cristalería”: el impacto de los conflictos internacionales sobre una economía pequeña y abierta como Chile. Primero fue la guerra entre Ucrania y Rusia, luego las tensiones entre Estados Unidos e Irán, junto con el efecto de los aranceles y el encarecimiento de la energía.

Según planteó, estos factores han incidido en los precios internacionales, la inflación y las proyecciones de crecimiento. “Hoy día las decisiones geopolíticas, lamentablemente, se están tomando, o más bien las decisiones de comercio internacional, se están tomando políticamente, y no en relaciones de oferta y demanda”, afirmó.

En ese contexto, Weber advirtió que las señales externas no son favorables para una temporada agrícola y exportadora que depende de costos logísticos, energía, tipo de cambio, consumo internacional y apertura comercial. “Se espera, y esto es muy importante, una caída general de la demanda agregada, es decir, del consumo y del intercambio de bienes y servicios en el mundo como consecuencia de los conflictos internacionales”, sostuvo.

Chile se desacelera más que el mundo y la inversión como eje central

Uno de los puntos centrales de la presentación fue la pérdida de ritmo de la economía chilena. Weber recordó que en la década de los 90 Chile crecía casi el doble que el mundo, mientras que entre 2000 y 2013 lo hacía un 20% por sobre el promedio global. Sin embargo, desde 2014 el país comenzó a crecer por debajo del mundo.

“¿Algo hemos hecho mal? Muchas cosas hemos hecho mal”, dijo, apuntando al deterioro político, la falta de certezas, el alza de impuestos y la incapacidad de apuntalar la inversión y el crecimiento.

Para el agro, este diagnóstico resulta especialmente relevante, ya que el sector opera con márgenes estrechos, altos costos laborales, dependencia del tipo de cambio, presión logística y necesidad permanente de inversión en tecnología, infraestructura, riego, mecanización, recambio varietal e innovación productiva.

Weber también alertó sobre el deterioro del empleo. “Este es el gran dolor de nuestra macroeconomía hoy día. Tenemos un 9,1% de desempleo”, señaló, agregando que Chile acumula 40 meses consecutivos con desempleo sobre el 8%. Para revertir esa tendencia, sostuvo, no hay atajos: “Esto requiere mucha pega, requiere inversión”.

La frase más potente de su intervención fue también una de las más vinculadas al futuro del agro: “Sin inversión no hay empleo, no hay aumento de los salarios, no hay crecimiento de la economía. Inversión, inversión, inversión”.

Weber explicó que, aunque se habla mucho de inversión extranjera directa, lo que realmente genera empleo es la formación bruta de capital fijo, especialmente en obras y construcciones. A su juicio, Chile tuvo una ventana muy amplia sin inversión durante los años 2022, 2023 y 2024, lo que ha afectado la capacidad de recuperación del sector real.

En ese sentido, valoró que en los primeros meses del actual gobierno se registrara un récord de ingresos de inversión al Sistema de Evaluación Ambiental por US$22 mil millones, lo que, según indicó, permitiría generar cerca de 40 mil empleos en etapas de construcción y 30 mil en régimen de operación.

Para el agro, la inversión no solo significa más empleo. También implica mejores caminos, embalses, conectividad, infraestructura hídrica, plantas de proceso, frío, tecnología, automatización y logística. En otras palabras, condiciones habilitantes para competir en mercados internacionales cada vez más exigentes.

El agro: cerca del 14% de la economía y 580 mil empleos directos

Weber destacó el peso estratégico del sector agropecuario, silvícola y pesquero dentro de la economía chilena. Si se considera solo su efecto directo, explicó, representa cerca del 3% del PIB. Pero al mirar el encadenamiento productivo completo, la cifra se acerca al 14% del Producto Interno Bruto.

“Eso es muy significativo”, afirmó, agregando que el sector genera cerca de 580 mil empleos directos, con una participación especialmente relevante en regiones como O’Higgins, Maule y Ñuble, donde el empleo agrícola puede llegar en torno al 20%.

El expositor también puso énfasis en las exportaciones. Según señaló, en 2025 la fruta fresca y los frutos secos alcanzaron cerca de US$8.300 millones en envíos al exterior. “Evidentemente, fruta fresca y frutos secos es lo que está empujando el carro de las exportaciones en nuestro país”, sostuvo.

No obstante, advirtió que, pese al peso del rubro, la producción agrícola también muestra señales de freno. “Así como nuestra economía se ha desacelerado, también nuestra producción se ha frenado durante los últimos años”, señaló, citando una contracción de 5,4% de la producción agrícola durante el primer trimestre de 2026.

La pregunta por la competitividad: ¿Chile apoya lo suficiente al agro?

Uno de los planteamientos más relevantes de Weber fue la comparación entre Chile y otras economías agrícolas. Según indicó, Chile se ubica en la parte baja de la tabla en apoyos estatales al sector agrícola como porcentaje del PIB, con un aporte cercano al 0,2%, frente a países como Brasil, con cerca del 0,8%; la Unión Europea, en torno al 0,6%; y Estados Unidos, alrededor del 0,4%.

A partir de esa comparación, abrió una discusión de fondo: si Chile debe mantener un modelo de baja intervención sectorial o avanzar hacia estrategias más específicas para el agro.

“¿Cuál es el modelo que ha seguido Chile? Un modelo liberal, de generar la menor cantidad de distorsiones posibles entre sectores. Eso ha sido nuestro modelo. La pregunta es, ¿los países desarrollados han seguido el mismo modelo? Y la respuesta es no”, afirmó.

En ese punto, puso como ejemplo a Nueva Zelanda, país que —según explicó— cuenta con una política de desarrollo estratégico por sectores y una marca país agroalimentaria más consolidada que la marca individual de cada exportadora. “¿Tenemos que seguir ese camino? Honestamente no lo sé, pero tenemos que discutirlo”, sostuvo.

Weber comparó el desempeño exportador chileno con el de Perú y Nueva Zelanda en rubros como arándanos, paltas, kiwis, manzanas y vinos. Su conclusión fue que Chile debe aumentar su dinamismo frente a los competidores directos.

Para Weber, estas comparaciones deben servir como llamado de atención. “Tenemos que aprender también de estas economías y revisar la experiencia comparada. ¿Qué es lo que están haciendo y qué podemos hacer nosotros diferentes?”, planteó.

Competir por valor agregado, no por precio

Hacia el cierre de su presentación, Weber abordó una de las definiciones más relevantes para el futuro agroexportador chileno: la necesidad de dejar atrás la competencia basada en precios y avanzar hacia una estrategia de valor agregado.

“Voy a tratar de no decirles lo obvio, pero en desarrollo productivo y en estrategias tenemos dos grandes alternativas, competir por precio o competir por valor agregado. Con una economía pequeña como la nuestra no nos queda más alternativa que competir por valor agregado”, sostuvo.

El analista planteó que Chile cuenta con tierras de calidad, productores de calidad y productos de calidad, pero que ese potencial debe traducirse en una experiencia distinta para el consumidor final. “Tenemos que transformarlo en una potencia eco-agroalimentaria”, afirmó.

A su juicio, esto implica avanzar en procesos biotecnológicos, inteligencia artificial, trazabilidad, sostenibilidad y diferenciación, porque las preferencias de los consumidores globales están cambiando y serán cada vez más determinantes en lo que los países deben producir y exportar.

Nuevos mercados: India, Indonesia, Bangladesh y Pakistán

Otro eje de su exposición fue la diversificación de mercados. Weber recordó que los principales socios comerciales de Chile siguen altamente concentrados en China, Estados Unidos, México, Brasil y Alemania, pese a que existen más de 200 economías en el mundo.

“Tenemos más de 200 economías en el mundo y estamos llegando a estas 5 fundamentalmente. ¿Hay oportunidades? Hay miles de oportunidades”, señaló.

Entre los destinos con mayor potencial mencionó Medio Oriente, Norte de África, India y el Sudeste Asiático. En particular, destacó el crecimiento demográfico y económico de India, Indonesia, Bangladesh y Pakistán, además de la reducción sostenida de la pobreza en varias de esas economías, lo que abre nuevas oportunidades de consumo.

Sobre India, Weber fue enfático: Chile exporta muy poco a ese mercado en relación con su tamaño y potencial. “Arrojan un buen prospecto para India en manzanas, kiwis, paltas y arándanos”, señaló. También mencionó oportunidades en Indonesia, Bangladesh y Pakistán, mercados donde los envíos chilenos aún son bajos, pero donde existen tendencias de demanda que podrían ser aprovechadas por la agroindustria nacional.

Un escenario complejo, pero con esperanza

Weber combinó realismo y oportunidad. A su juicio, el sector agropecuario chileno es relevante para la economía, el empleo y las exportaciones, pero está perdiendo competitividad en un contexto donde otros países avanzan más rápido.

“El sector agropecuario en Chile es importante, sí, es muy importante. 13%, cerca del 14% de la economía, cerca de 600.000 empleos directos, un millón de empleos indirectos, contribuciones relevantes al crecimiento, absolutamente, pero nos hemos ido desacelerando con el tiempo, estamos perdiendo competitividad”, afirmó.

Para revertir esa tendencia, sostuvo que Chile necesita estrategias de valor agregado, diversificación de mercados, cambios regulatorios cuando sean necesarios y, sobre todo, mejor gestión. “No todo es cambio regulatorio, también gestión, gestión, gestión, hacer la pega. No hay que cambiar siempre las reglas para tener buenos resultados”, señaló.

Su cierre apuntó a la necesidad de un acuerdo entre el sector público y privado. “Si es que logramos generar este acuerdo mancomunado entre el sector público y privado, este escenario complejo, Ministro, se va a transformar en un escenario de esperanza”, concluyó.

Pero no habló de una esperanza ingenua, sino de una que exige asumir costos y tomar decisiones. “No, una esperanza. Son difíciles, hay que asumir costos, pero pensando en un futuro mejor para nuestras familias”, finalizó Weber ante los asistentes del seminario.

Alejandro Weber
Alejandro Weber

 

Redacción News Frutas de Chile

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