El optimismo global generado por el reciente anuncio de un acuerdo de alto al fuego entre Estados Unidos e Irán para reabrir de manera permanente el Estrecho de Ormuz ha chocado de frente con una compleja realidad técnica y legal en los puertos del Medio Oriente. Aunque desde la administración estadounidense se ha enfatizado que el corredor marítimo clave para el transporte de petróleo, gas y fertilizantes operará libre de peajes tras la firma oficial del pacto en Ginebra, la cancillería de Irán, en estrecha coordinación con el gobierno de Omán, ha salido a marcar una postura radicalmente distinta. Las autoridades de Teherán confirmaron que, basándose en su soberanía histórica compartida sobre estas aguas territoriales, implementarán un estricto mecanismo de cobros destinados a financiar servicios de seguridad, gestión ambiental y navegación para todas las naves comerciales que transiten por la ruta.
Para el sector exportador e importador, esta discrepancia entre las potencias no es un debate menor, sino un factor que determina de manera directa los costos de producción y de transporte. La distinción entre cobrar un «peaje de tránsito» —prohibido por el derecho internacional en estrechos estratégicos— y aplicar una «tarifa por servicios prestados» es la estrategia legal que Irán y Omán están utilizando para mantener el control económico de la ruta.
En la práctica, esto significa que los barcos que transportan insumos químicos esenciales o aquellos contenedores que regresan con carga general no experimentarán la baja inmediata de tarifas que el mercado esperaba, perpetuando un escenario de costos logísticos inflados.
El impacto económico de este pulso tarifario ya se puede medir en las finanzas del comercio exterior. Durante los meses más crudos del conflicto, las primas de riesgo de guerra que exigen las aseguradoras navieras se dispararon de manera histórica, llegando a representar costos adicionales millonarios por cada viaje, lo que terminó traspasándose íntegramente al valor de los fletes domésticos. Los analistas logísticos advierten que, si Irán consolida este cobro obligatorio bajo la etiqueta de servicios marítimos junto a Omán, las líneas navieras globales mantendrán activas sus tarifas de contingencia. Esto se traduce en una presión constante sobre los márgenes de utilidad de productores, exportadores e importadores, ya que la ruta del Medio Oriente dicta las pautas de precios y disponibilidad de contenedores refrigerados para el resto de los corredores del hemisferio sur.
La situación actual deja en evidencia que el fin formal de la guerra en el papel no desarmará de inmediato la tormenta logística que golpea al mercado marítimo global. La firma definitiva del acuerdo está programada para los próximos días con la posterior limpieza de minas en el estrecho.
Redacción News Frutas de Chile con información de ISNA News Agency y House of Saud