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Carlos Tapia: “La próxima competencia de la cereza chilena se juega dentro del huerto”

  • Con unas 82 mil hectáreas plantadas y una superficie importante próxima a entrar en producción, la industria deberá avanzar desde el crecimiento en volumen hacia una estrategia basada en fruta grande, alto porcentaje de embalaje, eficiencia hídrica y mayor consistencia de calidad.

 

Chile alcanzó una posición que hace solo dos décadas parecía lejana. El país no solamente se transformó en el principal exportador mundial de cerezas, sino que pasó a ocupar un lugar protagónico dentro de la producción global de esta fruta.

Sin embargo, el liderazgo alcanzado también implica una responsabilidad mayor. En un escenario marcado por el crecimiento de la superficie, una oferta cada vez más concentrada, condiciones climáticas cambiantes y mercados más exigentes, la discusión ya no puede limitarse a cuánto produce Chile. La pregunta central es cuánta fruta comercialmente valiosa, consistente y rentable es capaz de producir.

Ese fue uno de los principales mensajes entregados por Carlos Tapia, fundador y director técnico de Avium SpA, durante su exposición en CherryTech 2026, realizado este 17 de junio, 2026, en San Francisco de Mostazal, Chile. El especialista planteó que la próxima etapa de la industria deberá construirse desde el huerto, mediante una mejor comprensión de la fisiología del cerezo, una administración más precisa del agua, una correcta relación entre variedad y portainjerto y decisiones oportunas en torno a carga, calibre y reguladores de crecimiento.

Tapia, máster en Ciencias de la Fisiología Frutal, inició su trayectoria profesional en Copefrut y ha realizado pasantías técnicas en España, Francia e Italia. Actualmente asesora a productores, exportadoras, viveros y empresas de insumos, además de participar en proyectos productivos en Argentina y en experiencias piloto de cultivo de cerezas en Perú. Es también fundador y Director Técnico de Avium Spa.

Chile domina las exportaciones mundiales

De acuerdo con los antecedentes presentados por Tapia, Chile representa aproximadamente el 71% de las cerezas que se exportan en el mundo. La participación es aún más dominante cuando se analiza exclusivamente el hemisferio sur.

Durante la temporada 2025-2026, los envíos del hemisferio sur se acercaron a los 570 millones de kilos, con Chile concentrando alrededor del 97,3% de ese volumen.

“¿Estamos solos? Sí, estamos solos”, afirmó el especialista al dimensionar el peso que tiene el país dentro de la oferta austral. Esta posición, agregó, representa un enorme mérito para la industria nacional, pero también aumenta su exposición. Una dificultad climática, logística, productiva o comercial en Chile puede tener repercusiones sobre una parte significativa del abastecimiento mundial.

Según la serie de datos internacionales revisada por el equipo de Avium, Chile también aparece entre los mayores productores de cerezas frescas. Tapia precisó, sin embargo, que las estadísticas oficiales no siempre reflejan adecuadamente la producción china, la que, de acuerdo con estimaciones extraoficiales, podría acercarse a las 900 mil toneladas.

Por esta razón, más allá de ocupar el primer, segundo o tercer lugar productivo, lo relevante es que Chile ya se instaló definitivamente en el grupo de los mayores actores globales.

Al mismo tiempo, expresó, la ventana internacional de comercialización está comenzando a extenderse. Nuevas variedades de menores requerimientos de frío, plantaciones en zonas más cálidas, producción bajo cubiertas y tecnologías orientadas al adelantamiento están permitiendo que la cereza aparezca cada vez antes y permanezca durante más tiempo en algunos mercados.

No necesariamente existirá una oferta continua durante los 365 días del año, sostuvo Tapia, pero los extremos de las temporadas comienzan a acercarse. Para los exportadores, esto significa enfrentar una competencia más prolongada y consumidores con mayores alternativas.

Unas 82 mil hectáreas plantadas y nuevas superficies por producir

Uno de los puntos centrales de la presentación fue la evolución de la superficie nacional. Según las estimaciones del equipo técnico de Avium, Chile tendría actualmente cerca de 82 mil hectáreas plantadas con cerezos.

De ese total, no más de 70 mil hectáreas estarían en plena producción, considerando huertos de cuatro o más años. Esto significa que alrededor de un 15% a 16% de la superficie todavía se encuentra en etapas de formación o comenzando su ingreso productivo.

Tapia estimó que cerca de 13 mil hectáreas están próximas a aumentar progresivamente sus volúmenes. Paralelamente, durante el presente año podrían eliminarse entre cuatro mil y cinco mil hectáreas, principalmente correspondientes a huertos con bajo desempeño. Para la temporada siguiente, el especialista considera posible que la superficie arrancada aumente en otras diez mil hectáreas.

No obstante, advirtió que esta reducción no necesariamente provocará una caída proporcional de la oferta. Una parte importante de los huertos que están siendo eliminados produce menos de siete u ocho toneladas por hectárea, mientras que las nuevas plantaciones que entrarán en producción podrían presentar rendimientos superiores.

El verdadero balance, por lo tanto, no dependerá solamente de cuántas hectáreas se planten o se arranquen, sino de la productividad de las superficies que permanezcan activas.

La productividad todavía está bajo la meta y hay que embalar fruta de valor

Chile ha avanzado considerablemente en rendimiento durante los últimos años. Hasta 2020, la productividad promedio se situaba en torno a 6,4 toneladas por hectárea. Entre 2020 y 2026, ese promedio aumentó hasta aproximadamente 9,5 toneladas por hectárea.

En la última temporada, el país habría alcanzado cerca de 9,7 toneladas por hectárea. El aumento responde a una combinación de factores: mayor conocimiento técnico, nuevas densidades de plantación, mejores sistemas de conducción, portainjertos más adaptados y variedades con mayor facilidad productiva.

Pese a este avance, la industria continúa bajo el piso de 12 toneladas por hectárea que, según Tapia, debiera considerarse como una referencia mínima para participar competitivamente en el negocio.

“En promedio, Chile no produce 12 toneladas por hectárea. Produce 9,7. Por lo tanto, todavía no estamos cumpliendo ese objetivo”, planteó. La diferencia es relevante. En países como Estados Unidos y Turquía, la productividad promedio se aproxima a las 12 toneladas por hectárea. Chile, en cambio, mantiene una brecha que debe resolver al mismo tiempo que enfrenta mayores costos de producción, exigencias comerciales y presión sobre los retornos.

Para profundizar el análisis, mostró la construcción de una base de datos con información de numerosos productores. El levantamiento llegó a reunir antecedentes de cerca de 15 mil hectáreas y permitió relacionar productividad, porcentaje de embalaje y distribución de calibres.

En una muestra de aproximadamente 11 mil hectáreas de huertos productivos, el promedio alcanzó 10.162 kilos por hectárea, con cerca de un 65% de fruta de calibre 2J y superiores. Y el porcentaje de embalaje se ubicó próximo al 85%.

Los resultados muestran que la industria puede alcanzar un packout adecuado, pero todavía presenta dificultades para cumplir simultáneamente los tres indicadores planteados por Tapia: un mínimo de 12 toneladas por hectárea, al menos un 70% de fruta 2J y superior y un 85% de embalaje.

Al considerar exclusivamente la temporada 2025-2026, la muestra analizada registró alrededor de 10.500 kilos por hectárea, un 69% de fruta 2J y superior y un porcentaje de embalaje cercano al 85%. Es decir, el calibre se aproximó al objetivo y el embalaje logró el estándar esperado, pero la productividad continuó por debajo de la referencia.

Para Tapia, alcanzar un 70% de fruta 2J y superior representa una meta técnicamente exigente, pero necesaria. Esto no significa eliminar completamente los calibres XL o J, algo difícil en un proceso biológico, sino reducir su participación para aumentar el valor comercial de cada hectárea.

Lapins mantiene su fortaleza productiva y Santina desafiando productividad y calibre

El análisis por variedades mostró diferencias relevantes. Lapins, Santina y Regina continúan ocupando los primeros lugares en participación y, según Tapia, seguirán siendo la base de la industria durante varios años.

En el caso de Lapins, los huertos incluidos en el levantamiento alcanzaron aproximadamente 13 toneladas por hectárea, un 86% de embalaje y un 75% de fruta 2J y superior.

Estos resultados permiten que la variedad cumpla simultáneamente los tres objetivos productivos señalados.

En combinaciones de Lapins sobre Colt, el promedio aumentó hasta cerca de 14 toneladas por hectárea, con un 78% de fruta 2J y superior y alrededor de un 85% de embalaje.

Lapins sobre MaxMa 14, en cambio, registró aproximadamente 12.200 kilos por hectárea y un 64% de fruta 2J y superior. Aunque alcanzó una productividad cercana al objetivo, presentó mayores dificultades para lograr el calibre esperado y requirió más intervenciones técnicas.

Para Tapia, estos antecedentes muestran que Lapins no debe ser descartada por las dificultades comerciales o de condición observadas en determinadas temporadas. La variedad mantiene atributos productivos importantes y todavía ofrece espacios de mejoramiento.

Santina alcanzó en la última temporada una producción promedio cercana a 10.100 kilos por hectárea, con alrededor de un 68% de fruta 2J y superior.

La mayor parte de la superficie analizada correspondió a combinaciones con Colt y MaxMa 14. Santina sobre Colt presentó rendimientos en torno a 10.800 kilos por hectárea y un 68% de fruta 2J y superior.

Sobre MaxMa 14, el promedio se situó cerca de 9.500 kilos por hectárea y un 66% de fruta de esos calibres.

Tapia destacó también el potencial de Santina sobre Gisela 12, siempre que se trate de huertos sanos, equilibrados y con suficiente vigor. Aunque su participación dentro de la muestra fue menor, la combinación aparece como una alternativa interesante para determinadas condiciones.

El principal desafío de Santina continúa siendo compatibilizar precocidad, carga, calibre, firmeza y condición. La variedad participa en una ventana comercial atractiva, pero requiere una administración muy precisa debido a su ciclo más corto.

Regina fue afectada por una primavera acelerada

Regina mostró uno de los comportamientos más complejos de la temporada. El promedio de los huertos analizados llegó a alrededor de 12 toneladas por hectárea, pero solo un 61% de la fruta alcanzó calibres 2J y superiores.

En combinaciones con Gisela 6 y Gisela 12, la producción se acercó a 14 toneladas por hectárea, con aproximadamente un 63% de fruta 2J y superior.

En Regina sobre MaxMa 14, el promedio alcanzó cerca de 12.300 kilos por hectárea, pero el porcentaje de fruta 2J y superior cayó hasta aproximadamente un 55%.

Tapia explicó que Regina fue afectada por dos factores simultáneos: la respuesta del portainjerto y la acelerada acumulación de grados día durante la primavera.

Al ser una variedad tardía y con un ciclo más largo entre plena flor y cosecha, Regina tuvo aproximadamente siete días menos para completar la formación del fruto. Aunque acumuló los grados día necesarios para madurar, dispuso de menos tiempo cronológico para desarrollar calibre y consistencia.

La temporada también provocó una mayor superposición entre las cosechas de Lapins y Regina, concentrando volúmenes importantes en pocas semanas.

Este fenómeno representa un desafío productivo y comercial. Una temporada comprimida puede generar dificultades de cosecha, disponibilidad de mano de obra, capacidad de proceso, logística y llegada simultánea de fruta a los mercados.

¿Una nueva tendencia en la acumulación térmica?

También analizó la acumulación de grados día durante las últimas temporadas. Los resultados muestran que tanto 2024-2025 como 2025-2026 se situaron por encima de los promedios históricos en distintos momentos de la primavera.

La temporada más reciente comenzó acumulando temperatura desde etapas muy tempranas. Esto aceleró la fenología y redujo el número de días entre plena flor y cosecha, especialmente en las variedades tardías.

De acuerdo con los cálculos presentados, Santina requiere alrededor de 360 grados día base 10 desde plena flor hasta cosecha; Lapins, aproximadamente 515; y Regina, cerca de 570.

Cuando la acumulación ocurre de manera rápida, las variedades alcanzan sus requerimientos térmicos en menos días. El fruto puede madurar fisiológicamente, pero dispone de un período cronológico más breve para dividir y elongar sus células.

Tapia fue cuidadoso al señalar que todavía no existe certeza de que este comportamiento se transforme en una tendencia permanente. Sin embargo, dos temporadas consecutivas por encima del promedio justifican revisar las estrategias productivas.

La industria deberá prepararse para la posibilidad de ciclos más cortos, especialmente en variedades tardías y combinaciones con portainjertos que adelantan la madurez.

Otro de los ejes técnicos de la exposición fue la curva de crecimiento del fruto. Tapia explicó que el desarrollo de la cereza se divide en tres etapas principales: división celular, endurecimiento del carozo y elongación celular.

En Santina sobre Colt, el período entre plena flor y cosecha alcanza aproximadamente 64 días.

La primera etapa, asociada principalmente a la división celular, se prolonga por cerca de 22 días. No obstante, la mayor velocidad del proceso ocurre durante los primeros nueve a diez días después de plena flor.

Esto significa que una parte importante del potencial de calibre se determina muy temprano. Cuando el huerto llega debilitado, con desequilibrios nutricionales, exceso de carga o limitaciones hídricas a esta etapa, recuperar posteriormente el potencial perdido resulta difícil.

La segunda fase, correspondiente al endurecimiento del carozo, presenta una tasa de crecimiento del fruto considerablemente menor. En Santina puede extenderse durante unos 16 días.

La tercera etapa corresponde a la elongación de las células formadas previamente. En esta fase vuelve a aumentar la velocidad de crecimiento y se produce una parte importante de la ganancia final de tamaño.

Lapins dispone de una primera etapa más prolongada que Santina. Según Tapia, puede alcanzar cerca de 29 días entre plena flor y endurecimiento del carozo, lo que le entrega aproximadamente una semana adicional para construir su potencial de calibre.

Regina, por su parte, presenta un ciclo completo cercano a 82 días en combinaciones con Gisela 6 y Gisela 12. Su exposición a primaveras aceleradas puede reducir sensiblemente ese período.

 

MaxMa 14: precocidad, fertilidad y menor tiempo de crecimiento

Al comparar Santina sobre Colt y MaxMa 14, Tapia observó curvas de crecimiento relativamente similares durante una parte importante del ciclo.

Sin embargo, MaxMa 14 puede adelantar la maduración entre cuatro y seis días. Esta característica permite escalonar parcialmente la cosecha, pero también puede representar una reducción cercana a 2,2 milímetros en diámetro ecuatorial si la planta no llega adecuadamente preparada.

El portainjerto presenta atributos positivos, entre ellos fruta de buena firmeza, contenido de azúcares y materia seca, además de una elevada fertilidad.

Esa misma fertilidad obliga a manejar cuidadosamente la carga. Mientras una combinación sobre Colt puede presentar entre 13 y 15 flores por dardo, MaxMa 14 puede superar las 20 flores bajo determinadas condiciones.

Sin una adecuada regulación, el número de frutos puede exceder la capacidad del árbol para sostener calibre y calidad.

El carozo suelto y reguladores de crecimiento

Tapia también presentó un levantamiento exploratorio realizado en fruta Santina para estudiar la presencia de carozo suelto.

En la muestra analizada, aproximadamente un 55% de las cerezas de calibre 2J y superior presentó carozo suelto. En los calibres L y J, la proporción disminuyó hasta cerca de un 22%.

La fruta con mayor presencia de carozo suelto mostró una menor firmeza instrumental, aunque no se detectaron diferencias importantes en materia seca ni sólidos solubles.

Una posible explicación es que, bajo condiciones de adelantamiento, cubiertas plásticas o ciclos muy comprimidos, el mesocarpio no alcance a adherirse firmemente al endocarpio durante la etapa de endurecimiento del carozo.

El desafío para la industria consiste en producir fruta grande sin aumentar problemas de firmeza o la separación entre pulpa y carozo.

Tapia llamó a profundizar la investigación, debido a que se trata de una condición que podría tener consecuencias durante el proceso, el transporte y la vida de poscosecha.

En relación con las estrategias para mejorar calibre, el especialista llamó a utilizar los reguladores de crecimiento con respaldo técnico y objetivos claramente definidos.

Su equipo ha realizado durante cerca de 12 años distintos ensayos con moléculas capaces de actuar sobre la división y elongación celular.

En el caso de las citoquininas, Tapia diferenció entre productos que promueven la síntesis natural de estas hormonas y citoquininas sintéticas.

Los promotores naturales, incluidos ciertos extractos vegetales y de algas, pueden utilizarse desde estados tempranos como ramillete expuesto, botón blanco y plena flor.

Las moléculas sintéticas, entre ellas TDZ y CPPU, deben reservarse para condiciones justificadas, como alta carga, menor vigor o combinaciones con dificultades históricas de calibre.

El momento de aplicación es crítico. En variedades de ciclo corto, como Santina y otras tempranas, las intervenciones debieran concentrarse antes de siete a diez días después de plena flor. En Lapins y Regina podrían extenderse hasta aproximadamente 14 días, pero no más allá.

Aplicar tardíamente o aumentar las concentraciones no necesariamente mejora el resultado y puede incrementar los riesgos.

Tapia insistió en que estas herramientas no deben utilizarse como una receta general. Su respuesta depende de la variedad, el portainjerto, la carga, el vigor, el clima y el estado fisiológico del huerto.

Ácido giberélico y el riego

La exposición también abordó el uso del ácido giberélico, una de las herramientas más utilizadas en la producción de cerezas.

De acuerdo con los ensayos realizados por el equipo de Avium, el momento más efectivo se sitúa al inicio de la tercera etapa de crecimiento, cuando comienza la elongación celular. En términos visuales, corresponde al inicio del color pajizo o a la aparición de los primeros frutos cambiando de color.

Las concentraciones que mostraron respuesta en los ensayos se ubicaron entre 15 y 45 partes por millón, dependiendo de la condición productiva.

Superar las 45 partes por millón no generó nuevos beneficios consistentes en calibre y, en cambio, aumentó riesgos como retraso en la toma de color y efectos negativos sobre el retorno floral de la temporada siguiente.

El ácido giberélico puede inhibir la inducción floral cuando se utiliza en concentraciones excesivas o en momentos inadecuados.

Las aplicaciones cercanas a cosecha, en concentraciones de alrededor de 10 partes por millón, mostraron resultados inconsistentes para mejorar firmeza o condición. Tapia señaló que concentraciones superiores en esa etapa implican una responsabilidad técnica considerable.

También cuestionó la idea de que una aplicación durante el endurecimiento del carozo produzca directamente un aumento de calibre. En esa fase, la tasa de crecimiento del fruto es baja. Un eventual efecto podría estar más relacionado con la activación vegetativa y el desarrollo de brotes que con la elongación directa de las células del fruto.

El especialista agregó que demasiadas parcializaciones pueden reducir el efecto acumulativo. En sus ensayos, un menor número de aplicaciones, correctamente concentradas y bien ejecutadas, presentó mejores respuestas que programas excesivamente fragmentados.

Otro de los llamados relevantes estuvo relacionado con la administración del agua. El análisis de evapotranspiración mostró que existen semanas en las cuales la demanda hídrica aumenta de manera abrupta. Estos cambios pueden pasar inadvertidos cuando el productor programa el riego utilizando como referencia la evapotranspiración de la semana anterior.

En esos períodos, el huerto puede quedar rápidamente bajo la demanda real de agua, afectando el crecimiento del fruto y el desarrollo vegetativo.

Tapia recomendó avanzar desde programas basados en tiempos de riego hacia sistemas administrados por volúmenes efectivos de agua.

Regar durante una determinada cantidad de horas no garantiza que el volumen entregado sea el correcto. Cambios en la presión, eficiencia de los emisores, funcionamiento de las bombas o condiciones del suelo pueden modificar significativamente la cantidad de agua aplicada.

La medición de los metros cúbicos reales entregados al huerto permite tomar decisiones más precisas y relacionarlas con la evapotranspiración, el coeficiente de cultivo, la variedad y el portainjerto.

Las variaciones repentinas en temperatura y humedad relativa también deben incorporarse al seguimiento. Según el especialista, las caídas de humedad relativa coinciden con algunas de las semanas en las que se producen los mayores incrementos de demanda atmosférica.

Frío invernal, lluvias y estrategias de adelantamiento

Al revisar la acumulación de frío hasta el 10 de junio de 2026, Tapia señaló que la temporada no se encontraba entre las mejores de los últimos años, aunque mayo había presentado un comportamiento considerablemente más favorable que en 2023.

Ese antecedente representa una ventaja, particularmente para las zonas tempranas, pero no elimina la necesidad de mantener un seguimiento permanente.

Las decisiones sobre rompedores de dormancia, fechas de aplicación y estrategias de adelantamiento deberán ajustarse a la acumulación real de frío y no solamente al calendario.

El especialista también llamó a observar con cautela los pronósticos que anticipan lluvias importantes hacia el final del invierno y el comienzo de la primavera.

Adelantar la brotación y floración puede resultar comercialmente atractivo, pero también aumenta la exposición a suelos saturados, baja actividad radicular y dificultades para iniciar los riegos y la fertilización.

La temporada 2023 dejó aprendizajes relevantes. En varios huertos tempranos, la saturación de los suelos impidió regar y fertilizar oportunamente, afectando el desarrollo de las plantas y la condición de la fruta.

Tapia sostuvo que los programas nutricionales debieran comenzar cuando efectivamente sea posible iniciar el riego. Fertilizar forzadamente en un suelo saturado o con baja actividad de raíces puede generar pérdidas de eficiencia y respuestas indeseadas.

El liderazgo futuro se medirá en consistencia

La industria chilena de la cereza construyó su liderazgo mediante superficie, tecnología, capacidad exportadora y una rápida adopción de conocimiento.

La nueva etapa será diferente. Con una oferta creciente y márgenes más ajustados, el éxito no dependerá exclusivamente del volumen total exportado, sino de la cantidad de fruta comercialmente valiosa que pueda obtenerse desde cada hectárea.

La meta planteada por Tapia — 12 toneladas por hectárea, 70% de fruta 2J y superior y 85% de embalaje — resume el desafío.

Alcanzarla exigirá huertos equilibrados, combinaciones correctas de variedad y portainjerto, regulación de carga, decisiones tempranas para construir calibre, riego por volumen, monitoreo climático y un uso responsable de reguladores de crecimiento.

También requerirá coordinación entre productores, asesores, exportadoras y equipos de poscosecha. Lo que ocurre durante los primeros días después de plena flor puede determinar el resultado comercial que se observará meses más tarde en destino.

Chile ya demostró que puede liderar el mercado mundial de cerezas. Ahora deberá demostrar que puede sostener ese liderazgo con mayor productividad, calidad homogénea y rentabilidad.

Como recordó Carlos Tapia al finalizar su exposición, los verdaderos protagonistas de esta industria continúan siendo quienes se encuentran al inicio de la cadena: los productores y los equipos que toman diariamente las decisiones dentro del huerto.

 

Redacción News Frutas de Chile

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