
La profesional explicó que, tras sortear dos temporadas sumamente complejas, la industria de la cereza chilena cerró su última campaña 2025-26 con el despacho de 569.000 toneladas, lo que significó una caída del 5% respecto al ciclo anterior, a pesar del histórico crecimiento de 250% que el sector acumulaba en los últimos 6 años. Al mismo tiempo, destacó positivamente el avance en la diversificación de mercados, ya que, los envíos a destinos alternativos como Estados Unidos, Corea, Brasil, India, entre otros; crecieron a una tasa del 27%, logrando que la dependencia del mercado chino cayera a 87%, su nivel más bajo en ocho años.
Asimismo, fue enfática en señalar que, si bien la concentración del volumen, el adelanto de la temporada en 10 días y la logística, principalmente en destino, fueron factores que afectaron los resultados finales de la campaña, también lo fueron los problemas de calidad/condición de la fruta, que incidió, por ejemplo, en un cierre de ventas en el retail dos semanas antes del fin de la temporada. «A pesar de este duro panorama, la gran lección de la campaña es que el consumidor chino sigue dispuesto a pagar precios mayores, pero exige excelencia, ensanchando la brecha de valor entre la fruta de menor calidad y la de calidad premium».
El principal desafío planteado por la directora ejecutiva radica en comprender que el consumidor chino ha cambiado radicalmente y hoy exhibe un comportamiento maduro, sofisticado e intolerante a los defectos.
«Las últimas investigaciones de mercado que hemos realizado revelan que el 79% de los compradores en China adquiere cerezas para su consumo diario y no únicamente con fines de regalo, sumándose una nueva ocasión de compra ligada al placer personal o self-indulgence en el 39% de los encuestados. Al transformarse en una compra directa y aspiracional, el cliente se empodera y exige perfección; evalúa la firmeza, busca un sabor intensamente dulce, escudriña el verdor del pedicelo como sinónimo de frescura absoluta, llegando incluso a verificar minuciosamente las fechas de embalaje en las etiquetas», detalló.
Soler ejemplificó esta tendencia citando el caso del durian, la otra gran categoría de fruta importada premium en China. «Esta industria, que proyecta para esta temporada un crecimiento del 30% tras sortear severas crisis sanitarias la temporada anterior, ha visto cómo los importadores asiáticos reenfocaron por completo su negocio hacia la calidad y la consistencia en desmedro del volumen. En el durian, la fruta de calidad superior (Grado A) se mantiene rentable y estable, mientras que los lotes de menor calidad sufren desplomes. El mercado chino de Durian demuestra un mercado maduro impulsado por un consumidor que premia calidad», observó.

Frente a esta nueva realidad de mercado, Claudia Soler formuló un enérgico y directo llamado a la rigurosidad en toda la cadena, recordándoles que cada vez que enviamos un kilo de fruta a los mercados, no estamos enviando solo un producto, estamos poniendo en juego la reputación de todo un país como exportador de alimentos frescos y de calidad. Y esa reputación no se construye de manera individual.
La ejecutiva instó a los agricultores a realizar un análisis fino de variedades, zonas y huertos y de hacer los manejos de huerto necesarios para la obtención de fruta de calidad.
“Llegamos a un nivel de madurez tal en esta industria que cada proceso y cada etapa debe analizarse en detalle. Esto requiere la misma disciplina, perseverancia y resiliencia que nos enseña el deporte de alto rendimiento: si un eslabón falla, el resultado de toda la temporada se desploma. Invito a los productores, exportadores, navieras e importadores a trabajar coordinadamente para resguardar una actividad que le da un valor estratégico y un enorme orgullo a la fruticultura chilena y al país”, cerró Claudia Soler.