El mercado global de la energía está viviendo momentos de muchísima tensión, y la repercusión se está sintiendo con fuerza en los precios del combustible a nivel mundial.
Por segundo día consecutivo, el valor del petróleo se ha disparado. Si ayer nos sorprendíamos con un salto del 9% —el mayor incremento en un solo día desde el año 2020—, hoy la tendencia alcista continúa sin freno. El barril de crudo de referencia internacional, el Brent, subió un 4,67% para ubicarse en los US$87,16, coqueteando muy de cerca con la barrera de los 90 dólares. Por su parte, el estadounidense WTI avanzó un 2,97%, alcanzando los US$80,46.
Detrás de este repentino salto no hay una simple fluctuación financiera, sino un complejo escenario geopolítico que tiene como protagonista al Estrecho de Ormuz, un paso marítimo clave por donde transita una parte gigantesca del petróleo mundial.
Los factores clave detrás de esta crisis son tres:
Por si fuera poco, la tensión física en la región aumentó tras un ataque contra una plataforma de perforación costa afuera en Kuwait, un aliado clave de Estados Unidos. Este es el primer ataque directo contra infraestructura energética en semanas, lo que encendió todas las alarmas de los inversores.
En paralelo, el panorama en Europa tampoco da tregua: el gobierno estadounidense manifestó su respaldo a un nuevo paquete de sanciones contra Rusia, diseñado para castigar y limitar las opciones de quienes sigan comprándole gas y petróleo a Moscú.
Con un panorama donde la oferta disminuye y las tensiones políticas se multiplican, los analistas miran con preocupación las pizarras. De mantenerse este ritmo, la presión sobre el precio de las gasolinas a nivel doméstico no tardará en hacerse notar.