¿Qué condiciones climáticas podrían marcar la próxima temporada agrícola chilena? Esa fue una de las principales interrogantes abordadas durante el segundo webinar 2026 del ciclo de charlas agroclimáticas de AGROMET, realizado este martes 25 de agosto y enfocado en analizar los riesgos asociados a una primavera y verano influenciados por el fenómeno de El Niño.
La instancia reunió antecedentes meteorológicos y agroclimáticos destinados a apoyar la toma de decisiones del sector silvoagropecuario, en momentos en que las condiciones observadas durante el invierno ya han mostrado una elevada variabilidad, con períodos deficitarios seguidos por episodios de precipitaciones intensas.
El encuentro se desarrolló con participación del Ministerio de Agricultura, a través de la Unidad de Gestión de Riesgos de Desastres Agrícolas (UGRA); la Fundación para el Desarrollo Frutícola (FDF); y la Red Agroclimática Nacional, RAN-AGROMET, convocando a productores, profesionales, técnicos, servicios públicos, instituciones privadas y centros de investigación.
Uno de los principales bloques estuvo a cargo de Catalina Medina Triviño, meteoróloga de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), integrante de la Oficina de Servicios Climáticos y del equipo de pronóstico estacional, quien presentó la exposición “Predicción Estacional de Primavera”.

Su presentación entregó una mirada técnica sobre las condiciones meteorológicas registradas durante los últimos meses y las señales que actualmente observa la DMC de cara a la primavera, información especialmente relevante para la planificación de las actividades agrícolas.
Uno de los principales antecedentes entregados por Medina fue la proyección preliminar de precipitaciones para la primavera.
Según explicó, la perspectiva de la DMC muestra una tendencia hacia precipitaciones sobre los valores normales desde la Región de Coquimbo hasta parte de la Región de Los Ríos.
En contraste, desde Los Lagos hacia sectores de Magallanes se proyectan condiciones de precipitaciones por debajo de lo habitual, configurando un escenario diferenciado territorialmente y consistente con algunos de los patrones asociados a El Niño.
La meteoróloga hizo una precisión importante: se trata de una predicción estacional, es decir, de una herramienta que permite observar tendencias promedio durante un período de aproximadamente tres meses y no determinar cuándo ocurrirá un evento meteorológico específico.
“Este pronóstico de precipitación ve las condiciones medias, ve una tendencia, no ve eventos extremos puntuales”, explicó Medina durante la presentación.
Por ello, la perspectiva estacional no permite anticipar directamente la ocurrencia de un sistema frontal intenso, una baja segregada o un río atmosférico en un día determinado. Para esos fenómenos, la recomendación es complementar la mirada de largo plazo con los avisos, alertas y pronósticos de corto plazo emitidos por la Dirección Meteorológica.

El fenómeno de El Niño fue uno de los elementos centrales del análisis.Medina explicó que durante los últimos meses se ha observado un incremento de las anomalías positivas de temperatura superficial del océano Pacífico, particularmente en las regiones utilizadas internacionalmente para monitorear la evolución de este fenómeno.
En julio, la denominada región Niño 3.4 registró una anomalía mensual de aproximadamente 2,03 °C, una señal relevante dentro del seguimiento que realizan los organismos meteorológicos.
Las proyecciones revisadas durante la exposición indican, además, que distintos centros internacionales mantienen la presencia de El Niño durante los próximos meses, existiendo incluso señales de que podría prolongarse hasta el otoño siguiente.
Medina recalcó, sin embargo, que estas perspectivas son actualizadas mensualmente, por lo que constituyen una orientación para comprender el escenario esperado y no una predicción invariable.
Para la agricultura, esta información adquiere particular importancia porque permite incorporar las tendencias climáticas dentro de la planificación predial, especialmente en períodos críticos del ciclo productivo.
La presentación de la DMC también revisó el comportamiento meteorológico de los meses previos.El monitoreo mostró importantes diferencias entre el inicio del invierno y julio. Las temperaturas máximas se mantuvieron mayoritariamente dentro de rangos normales durante parte del período, mientras que julio presentó condiciones más cálidas en numerosas estaciones de norte a sur.
El comportamiento de las precipitaciones fue todavía más contrastante.
Después de meses con déficits importantes, julio presentó un cambio significativo debido al aporte de distintos sistemas frontales. Según explicó Medina, varias estaciones desde el norte hacia el sur comenzaron a registrar acumulados superiores tanto a los del año anterior como a sus valores climatológicos de referencia.
Este cambio del escenario hídrico también evidencia uno de los principales desafíos para la actividad agrícola: la variabilidad y concentración de los eventos meteorológicos.
No basta, por tanto, con observar cuánto llueve en una temporada. Para la producción agrícola también resulta relevante cuándo ocurre esa precipitación, cuánto dura y con qué intensidad se presenta.

Este punto también fue abordado durante la apertura del encuentro por Óscar Bustamante Cuevas, jefe de la Unidad de Gestión de Riesgos de Desastres Agrícolas (UGRA) del Ministerio de Agricultura.
Bustamante destacó que el sector viene enfrentando condiciones meteorológicas particularmente complejas, incluyendo episodios de precipitaciones muy concentradas en determinadas zonas del país.
Durante su intervención recordó los eventos ocurridos en regiones como Atacama y Coquimbo, además de situaciones registradas en Los Ríos y La Araucanía, donde la intensidad de las precipitaciones puso a prueba la capacidad de respuesta de los territorios.
Desde la mirada de gestión de riesgos, sostuvo que este escenario exige fortalecer la prevención y desarrollar infraestructura que permita enfrentar de mejor manera este tipo de episodios, mencionando, entre otras alternativas, obras de drenaje y mecanismos para manejar los excesos de agua.
La información agroclimática, enfatizó, se transforma así en una herramienta para anticiparse y apoyar decisiones dentro del sector silvoagropecuario.
Uno de los mensajes técnicos relevantes de la exposición de Catalina Medina fue la necesidad de diferenciar entre clima y tiempo meteorológico al momento de tomar decisiones.
La predicción estacional permite identificar si un trimestre tiene una mayor probabilidad de ubicarse sobre, dentro o bajo los rangos climatológicos habituales. Sin embargo, no entrega información detallada respecto de un episodio específico.
La propia meteoróloga utilizó como ejemplo la estación Quinta Normal, en Santiago. Para la primavera, el rango normal de precipitaciones utilizado por la DMC se sitúa entre aproximadamente 17 y 43 milímetros. Al encontrarse la predicción en una categoría sobre lo normal, la perspectiva apunta a que el acumulado podría superar los 43 milímetros durante el trimestre.
El ejemplo permite dimensionar cómo debe interpretarse una predicción estacional: no significa que esa lluvia caerá de una sola vez ni permite determinar las fechas en que se registrará, sino que entrega una señal respecto del comportamiento acumulado probable del período.
El escenario térmico previsto para la primavera tampoco será homogéneo a lo largo del país.De acuerdo con la presentación preliminar, la zona norte muestra señales de temperaturas máximas y mínimas sobre los valores normales, mientras que hacia el centro y extremo austral aparecen categorías y tendencias diferentes dependiendo de la variable y del territorio analizado.
Esto refuerza la necesidad de que agricultores y asesores revisen la información correspondiente a sus propias zonas productivas y no extrapolen un pronóstico nacional a realidades locales que pueden presentar comportamientos distintos.
Medina señaló además que el pronóstico presentado durante el webinar era todavía preliminar, dado que el equipo de predicción estacional de la DMC realiza mensualmente una revisión técnica de los modelos, el monitoreo reciente y las perspectivas para los próximos tres meses.
El webinar fue diseñado precisamente para conectar la información climática con los distintos riesgos que deberá enfrentar el agro durante la primavera y el verano.
Además de la predicción estacional presentada por la DMC, el programa contempló análisis sobre el avance de indicadores de desarrollo primavera-verano, condiciones primaverales y riesgo de enfermedades fungosas en el sector hortofrutícola, y prevención y mitigación de incendios forestales en zonas agrícolas de la zona central de Chile.
La mirada conjunta responde a una realidad cada vez más evidente para la producción: las variables meteorológicas no pueden analizarse de manera aislada de sus efectos sobre los cultivos y las decisiones prediales.
La apertura del encuentro puso justamente el énfasis en fortalecer la capacidad de anticipación del sector. Bustamante destacó que la información agroclimática constituye una herramienta fundamental para apoyar a productores y profesionales que deben decidir diariamente en terreno.
Para Medina, esa anticipación también requiere complementar escalas de información. Aunque las perspectivas estacionales permiten conocer la tendencia general, los productores deben mantenerse atentos a los pronósticos diarios y, especialmente, a los avisos, alertas y alarmas de la Dirección Meteorológica de Chile, que son los instrumentos que permiten advertir la aproximación de fenómenos específicos.
La primavera 2026 se configura así bajo un escenario climático que demandará seguimiento permanente. El Niño continuará siendo una de las variables a observar, mientras las proyecciones preliminares indican una mayor probabilidad de precipitaciones sobre lo normal desde Coquimbo hasta parte de Los Ríos.
Para sector agrofrutícola más que una predicción aislada, el mensaje técnico es la necesidad de incorporar información meteorológica y agroclimática a la planificación productiva, seguir la evolución de los pronósticos y fortalecer la capacidad de anticipación frente a una temporada que podría volver a mostrar una alta variabilidad climática.
Redacción News Frutas de Chile