La temporada del kiwi comienza a entrar en uno de sus periodos más sensibles y, frente a una primavera que podría estar condicionada por los efectos de El Niño, el llamado técnico apunta a reforzar la prevención, monitorear permanentemente las condiciones meteorológicas y ampliar las herramientas utilizadas para enfrentar enfermedades.
Así quedó planteado durante una nueva edición de “Viernes del Kiwi”, instancia en la que participaron Raimundo Cuevas A., gerente técnico de Abud & Cía., y Héctor García, gerente general de Laboratorios Diagnofruit, quienes abordaron los “Manejos fitosanitarios en una primavera con efectos de El Niño”.
El análisis puso especial atención en un escenario de mayor humedad y episodios de lluvia que podrían incrementar la presión sanitaria durante etapas fundamentales del desarrollo de las plantas, particularmente entre brotación y floración.
Una de las principales conclusiones fue que esta temporada difícilmente podrá enfrentarse utilizando programas rígidos o basados en una única herramienta de control.
Héctor García explicó que actualmente se está observando presencia de distintos microorganismos asociados a problemas como el tizón floral y de botón, entre ellos bacterias y hongos, lo que obliga a pensar en estrategias integradas.
“Estrategias combinadas son las que debemos utilizar en conjunto con el monitoreo. Eso no lo podemos dejar de lado”, señaló durante la jornada, agregando que la incertidumbre respecto de cómo se comportará el clima hace especialmente importante integrar distintas alternativas de manejo.
El especialista sostuvo además que los programas sanitarios han evolucionado significativamente y hoy existen nuevas alternativas biológicas, inductores y herramientas que pueden complementar los productos tradicionalmente utilizados.
En esa línea, los expertos enfatizaron que el manejo sanitario del kiwi ya no puede descansar solamente en aplicaciones de cobre o antibióticos, sino que debe incorporar nuevas tecnologías y estrategias que permitan reducir la presión sobre los mismos ingredientes activos.
“No es solo cobre, no es solo antibiótico”, se señaló durante el encuentro, destacándose la importancia de que productores, asesores y equipos técnicos mantengan actualizados sus programas fitosanitarios.
Uno de los puntos prácticos abordados durante el encuentro fue cuándo realizar las aplicaciones ante un evento de precipitaciones.
La recomendación fue trabajar preventivamente y llegar protegidos a la lluvia. “Siempre antes, 48 o 24 horas antes. Necesitamos que el producto se asiente en los tejidos que queremos proteger”, explicó García, advirtiendo que mientras más cercana a la precipitación se realice la aplicación, menor puede ser su eficacia.
Raimundo Cuevas coincidió en la necesidad de mantener los huertos permanentemente protegidos durante esta etapa y reaccionar rápidamente después de eventos de lluvia cuando exista una alta presión sanitaria.
Dentro de los problemas que podrían verse favorecidos por las condiciones de una primavera húmeda aparece también Botrytis, enfermedad cuya expresión puede extenderse posteriormente hacia la poscosecha.
Durante el encuentro se explicó que la infección puede producirse tempranamente en las flores y mantenerse hasta que las condiciones del fruto permiten posteriormente el desarrollo del problema.
Por ello, los especialistas destacaron la relevancia de no descuidar las intervenciones durante plena floración, especialmente si coinciden con precipitaciones o alta humedad.
“La aplicación de plena flor sin duda no se puede dejar de lado. Podríamos tener lluvia en esos momentos o cercanos. Por lo tanto, hay mucho inóculo dando vuelta”, advirtió García.
El mensaje hacia los productores apunta, en consecuencia, a observar cada huerto, evaluar antecedentes sanitarios y considerar también las exigencias de los mercados de destino antes de definir los productos y programas a utilizar.
Frente a la incertidumbre meteorológica, los especialistas recomendaron no depender exclusivamente de una sola aplicación o plataforma de pronóstico.
Cuevas explicó que actualmente existen diversas plataformas gratuitas y pagadas que utilizan modelos meteorológicos europeos y estadounidenses y que pueden entregar información útil para la toma de decisiones.
La recomendación es comparar distintos modelos, seguir permanentemente las actualizaciones y combinar esa información con estaciones meteorológicas y monitoreo directo del huerto.
“La incertidumbre, como hablamos, es súper alta. Hoy en día, con este tema del Niño, también los pronósticos creo que pueden estar más erráticos. Si te dicen 10, pueden caer 20 o puede ser 40”, señaló Cuevas.
Por lo mismo, sostuvo que el periodo hasta floración debe enfrentarse reduciendo al máximo las ventanas sin protección.
“No dejemos ni una ventana durante este periodo hasta flor, que es nuestro periodo más sensible en términos sanitarios y de impacto de calidad y productividad”, agregó.
García complementó la recomendación señalando que los meteorólogos suelen aconsejar revisar dos o tres modelos diferentes antes de adoptar una decisión y recomendó además consultar los reportes de la Organización Meteorológica Mundial (WMO) para incorporar una visión climática más amplia.
Otro de los temas abordados fue la posibilidad de enfrentar heladas durante esta primavera. Según Raimundo Cuevas, el riesgo nunca puede considerarse cero, aunque las condiciones esperadas de mayor humedad, suelos más saturados y lluvias frecuentes podrían disminuir la probabilidad respecto de otras temporadas.
“Nunca el riesgo podemos decir que es cero, pero la probabilidad es más baja este año”, explicó.
El especialista sostuvo que probablemente esta temporada las heladas sean una preocupación menor frente a otros desafíos climáticos y sanitarios, pero recalcó que ello no significa que los productores puedan descuidar la protección.
Incluso eventos relativamente moderados pueden generar daños importantes cuando el cultivo atraviesa etapas fenológicas sensibles. “Probablemente suframos menos con las heladas este año que con otras cosas”, señaló Cuevas, precisando que el seguimiento del clima y los sistemas de monitoreo deben mantenerse activos durante toda esta etapa.
La preocupación tampoco termina con la primavera. Cuevas anticipó que, una vez superado el riesgo de heladas y el periodo más crítico desde el punto de vista sanitario, el calor podría transformarse en uno de los siguientes temas relevantes para el kiwi durante el verano.
“Creo que después vamos a tener que estar hablando del calor. Quizás es más con las horas de calor que nos podemos enfrentar en verano que las heladas”, indicó.
Se trata de un aspecto que seguirá siendo analizado a medida que avance la temporada y exista mayor claridad respecto del comportamiento climático de los próximos meses.
El escenario climático obliga a anticiparse, monitorear, mantener programas actualizados y combinar distintas herramientas, además de trabajar estrechamente con asesores y equipos técnicos.
La industria del kiwi, señalaron, también está avanzando en investigación y desarrollo de nuevas alternativas fitosanitarias y extensiones de etiquetas que permitan ampliar las opciones disponibles.
“El desafío yo creo que es importante, y no por ser alarmista, pero hay que ser conscientes de que no se ve fácil este periodo entre brotación y flor. Creo que va a ser bien dinámico”, resumió Cuevas.
Así, frente a una primavera influenciada por El Niño y todavía con incertidumbre respecto del comportamiento de las lluvias, las temperaturas y los eventos extremos, la principal herramienta será la capacidad de los productores para leer tempranamente lo que ocurre en sus huertos y adaptar los manejos durante el desarrollo de la temporada.