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Un campo con especialización: Copefrut y Agromillora Sur capacitan a trabajadores en competencias tecnológicas

  • La transformación tecnológica está modificando el perfil de quienes trabajan en el agro. Agromillora Sur y Copefrut muestran cómo la capacitación, el cofinanciamiento de estudios y el desarrollo interno pueden convertirse en herramientas para profesionalizar y fidelizar a sus equipos.

 

La agricultura chilena está experimentando una transformación que no ocurre únicamente en los huertos, las plantas de proceso o los sistemas de riego. También está cambiando aceleradamente el perfil de las personas que la industria necesita para producir y competir.

Automatización, mecanización, agricultura de precisión, trazabilidad, riego tecnificado, genética vegetal y análisis de datos están incorporándose progresivamente a los procesos productivos. A ello se suman mayores exigencias en calidad y sustentabilidad, configurando una agricultura que requiere trabajadores cada vez más especializados.

El desafío coincide con otra realidad que preocupa a las empresas: encontrar y retener personas.Según datos de Odepa e INE recogidos en el documento, el sector silvoagropecuario y pesca registró 566.348 personas ocupadas durante el trimestre octubre-diciembre de 2025, un 1,4% menos que en igual período del año anterior.

Frente a este escenario, la continuidad de estudios comienza a adquirir un papel diferente dentro de las empresas agrícolas. Ya no se trata únicamente de capacitar para una determinada labor, sino de desarrollar carreras, aprovechar la experiencia acumulada y preparar a los trabajadores para una agricultura crecientemente tecnológica.

En Copefrut, el aprendizaje permanente es considerado parte del desarrollo de sus equipos.“Entendemos que potenciar sus conocimientos y habilidades no solo contribuye a su crecimiento profesional y aumento de su empleabilidad futura, sino que también fortalece las capacidades de la compañía y nos permite enfrentar de mejor manera los desafíos de una industria que está en permanente evolución”, explica Antonio Arceu, gerente de Personas de Copefrut.

La compañía dispone de un Programa de Cofinanciamiento de Estudios que permite apoyar a trabajadores interesados en cursar carreras técnicas y profesionales, además de diplomados y programas de postgrado.

 

Antonio Arceu, gerente de Personas de Copefrut.
Antonio Arceu, gerente de Personas de Copefrut.

 

La apuesta resulta especialmente relevante en el agro, donde el conocimiento adquirido durante años de trabajo en terreno constituye un activo difícil de reemplazar. Complementar esa experiencia con nuevas capacidades técnicas puede aumentar tanto el valor profesional del trabajador como las competencias disponibles dentro de la empresa.

El problema no es solamente contratar

La escasez y rotación de trabajadores también están presionando a las empresas agrícolas.De acuerdo con ENADEL 2023, el 17,6% de las empresas consultadas respecto de ocupaciones del sector agrícola declaró haber enfrentado dificultades durante sus procesos de contratación. Entre las principales razones aparecen las condiciones laborales no aceptadas, con 31,1%; la rotación laboral, con 20,9%; y la falta de postulantes, con 19,1%.

Ante esta realidad, desarrollar a quienes ya forman parte de las organizaciones surge como una alternativa. Silvana Díaz, gerenta de Personas de Agromillora Sur, lo resume en una frase: “Nuestro enfoque es que acá no solo tienen que crecer las plantas, también tienen que crecer nuestras personas”.La compañía ha incorporado una mirada basada en la denominada mentalidad de crecimiento, entendiendo que las capacidades pueden desarrollarse durante toda la trayectoria laboral.

“Creemos que las capacidades no son estáticas: las personas pueden aprender, evolucionar y desarrollar nuevas habilidades a lo largo de su trayectoria”, explica Díaz.

Silvana Díaz, gerenta de Personas de Agromillora Sur.
Silvana Díaz, gerenta de Personas de Agromillora Sur.

 

La modernización agrícola suele asociarse a sensores, automatización, genética, inteligencia de datos, nuevas variedades o maquinaria. Sin embargo, ninguna de estas herramientas genera por sí sola una transformación productiva.

Detrás de ellas se necesitan personas capaces de utilizarlas, interpretarlas y adaptarlas a las condiciones de cada empresa y cultivo.

Por ello, la continuidad de estudios comienza a adquirir una dimensión estratégica para la industria. Capacitar, reconocer la experiencia, facilitar nuevas trayectorias profesionales y generar movilidad dentro de las empresas puede contribuir simultáneamente a enfrentar la escasez de trabajadores, retener conocimiento y disponer del capital humano que requerirá una agricultura cada vez más tecnológica.

El desafío para la fruticultura chilena, por tanto, no será solamente incorporar más tecnología. También será contar con las personas preparadas para hacerla producir.

Redacción News Frutas de Chile

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