Los consumidores no han dejado de lado las frutas y verduras frescas, pero su comportamiento de compra atraviesa una marcada transformación guiada por la cautela financiera. La constante presión sobre los presupuestos familiares ha impulsado un perfil de comprador mucho más selectivo, que ajusta minuciosamente las cantidades adquiridas, compara precios entre establecimientos y sigue de cerca las ofertas y promociones.
De acuerdo con cifras de Circana presentadas por la firma consultora 210 Analytics, las ventas de productos frescos en Estados Unidos registraron hasta finales de julio de 2026 un incremento del 1,2% en valor monetario, pero experimentaron una contracción del 0,5% en volumen de unidades vendidas. Esta divergencia ilustra cómo el efecto inflacionario maquilla un descenso real en la cantidad física de producto que llega a los hogares.
Percepción de valor y hábitos de ahorro
El estudio refleja una grieta en la percepción económica de los alimentos frescos:
- Solo el 36% de los compradores considera que las frutas y verduras representan uno de los mejores valores de compra dentro del supermercado.
- Por el contrario, un 15% manifiesta que adquirir estos alimentos comienza a sentirse como un «artículo de lujo».
Frente al encarecimiento del coste de vida, los consumidores han activado estrategias directas de contención del gasto:
Factores que justifican un mayor gasto
Pese al contexto de austeridad, los consumidores siguen dispuestos a pagar un diferencial de precio si perciben atributos claros de calidad y valor añadido:
Giro estructural en los canales de venta
La presión por optimizar el presupuesto también ha acelerado el trasvase de clientes entre formatos comerciales. Los supermercados tradicionales han visto caer su participación de mercado desde el 51% de las ventas en dólares registrado en 2019 hasta un 44,7% en 2026.
En contraste, los hipermercados de descuento masivo (mass merchandisers) y los clubes de compra por membresía (club stores) han capturado ese terreno gracias a sus propuestas de mayor volumen por dólar gastado.
La principal conclusión para productores, distribuidores y exportadores es que la demanda sigue activa, pero exige visibilidad inmediata de la calidad y una relación precio-valor evidente para evitar que el comprador recorte en la sección de frescos.