News

Foto Inia

Biotecnología chilena logra extender la vida útil de la frutilla mediante el uso de levaduras nativas

En un avance significativo para la fruticultura nacional, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, específicamente a través de INIA La Cruz, ha presentado los resultados de un innovador proyecto que promete transformar la poscosecha de la frutilla en Chile. Esta iniciativa, que cuenta con el respaldo financiero de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo y la colaboración científica de la Universidad de Santiago, se fundamenta en el uso de levaduras nativas seleccionadas para combatir el deterioro acelerado de este fruto. El núcleo de la investigación reside en la optimización de 195 cepas de la especie Saccharomyces cerevisiae, microorganismos de origen enológico que han sido mejorados mediante cruzamientos convencionales para potenciar la producción de un gasotransmisor natural con capacidades antimicrobianas.

El desarrollo tecnológico, liderado por el doctor Sebastián Molinett, ha demostrado su eficacia en condiciones reales de producción tras una serie de ensayos realizados en la zona de San Pedro de Melipilla junto a la empresa Agrofrutillas San Pedro. Durante estas pruebas, se validó que las aplicaciones foliares de estas levaduras no solo mantienen la fruta más sana, sino que logran extender su vida comercial en al menos tres días adicionales. Este margen de tiempo es crítico para el sector, ya que permite que la frutilla conserve una mayor firmeza y una sanidad superior frente al ataque de patógenos fúngicos, factores que suelen ser los principales responsables de las pérdidas económicas en la cadena de suministro.

Para el productor agrícola, esta herramienta representa una solución biológica y sostenible que se alinea con las actuales exigencias de mercados que demandan una reducción en el uso de fungicidas sintéticos. Al ser un método de aplicación sencillo, se adapta perfectamente a las dinámicas de trabajo de los pequeños agricultores, quienes enfrentan desafíos constantes debido a la volatilidad de los precios de mercado y la presión de las plagas intensificadas por el cambio climático. Testimonios de productores locales subrayan que contar con una tecnología de este tipo es vital para asegurar la rentabilidad cuando las condiciones ambientales se tornan adversas.

Tras el éxito de estas validaciones en terreno, el proyecto entra ahora en una fase de perfeccionamiento en laboratorio con el objetivo de escalar su producción. La proyección de los investigadores es que esta biotecnología sea licenciada a través de empresas especializadas, permitiendo una distribución masiva en las regiones de mayor producción frutillera del país. Con este hito, la ciencia agrícola chilena no solo busca mitigar el desperdicio de alimentos, sino también fortalecer la competitividad de los frutos frescos en los puntos de venta, garantizando que el esfuerzo del productor se traduzca en un producto de mayor calidad y durabilidad para el consumidor final.

Claves del proyecto en simple

  • Tecnología: Uso de 195 cepas de levaduras nativas.

  • Mecanismo: Producción de gasotransmisores que regulan la maduración.

  • Sostenibilidad: Alternativa biológica al uso de fungicidas sintéticos en postcosecha.

  • Mayor durabilidad: Se logró extender la vida útil de la frutilla en al menos 3 días adicionales manteniendo condiciones óptimas.

  • Control de patógenos: Las aplicaciones redujeron significativamente la incidencia de hongos, el principal enemigo de este fruto no climatérico.

  • Calidad comercial: La fruta tratada mostró una mayor firmeza, factor crítico para el transporte y la venta en mercados distantes.

Compartir

Noticias Relacionadas
Medios Relacionados

Suscríbete a