La industria de la cereza chilena ha llegado a una encrucijada donde la cantidad ya no es garantía de éxito, exigiendo un cambio de mentalidad radical para sobrellevar su propio crecimiento.
Claudia Soler, directora ejecutiva del Comité de Cerezas de Frutas de Chile, fue categórica, durante su intervención en el Global Cherry Summit, es necesario establecer un horizonte estratégico que se despegue de las cifras masivas para centrarse en la consistencia cualitativa. Bajo la premisa de que «el futuro de la cereza chilena no es volumen, es construir el valor de una mejor fruta», la profesional advirtió que la sostenibilidad de este negocio de US$3.000 millones depende exclusivamente de la excelencia que llegue al consumidor final.
“Estamos en un periodo de ajustes, donde es importante hacerse cargo. Venimos de dos temporadas muy desafiantes en un contexto de crecimiento acelerado. Si vemos cuál es el aumento que ha tenido la industria en los últimos 5 años, hemos crecido alrededor de un 250%, un alza que no es normal para cualquier sector (…) Es una etapa que requiere que nos adaptemos y que hagamos cambios importantes. Se necesitan hacer ajustes a nivel de productores, a nivel de exportadores y a nivel de toda la cadena logística”, enfatizó.
En ese marco, puntualizó que el mercado ha dejado de ser un receptor pasivo para convertirse en un «juez» implacable que castiga con dureza la irregularidad. En este sentido, Soler observó que hoy la rentabilidad se juega en los detalles, «el mercado sí premia la calidad. Por ejemplo, en el mercado mayorista, hubo diferencias entre precios mínimos y máximos de 26% para Lapins, 24% para Santina y 56% para Regina, una señal de que una fruta mejor presentada y mejor conservada accede a retornos superiores».
Esta realidad económica demuestra que el volumen por sí solo puede ser una trampa si no va acompañado de una disciplina férrea en el tipo de fruta que se construye en el huerto y la postcosecha de la misma, es decir calidad y condición.
Claudia Soler, indicó que hoy se observa una transformación del consumidor en China. «Estamos frente a un mercado más maduro, con compradores más informados y enfrentados a nuevas alternativas, como arándanos y frutillas locales con altos estándares de consistencia y calidad. En ese escenario, la cereza chilena ya no puede descansar únicamente en su posicionamiento histórico».
El mercado chino evolucionó, es un mercado mucho más maduro, es un consumidor que es mucho más exigente. El consumidor está buscando productos que le entreguen salud, seguridad y que sean alimentos funcionales, comentó la profesional.
La directora ejecutiva explicó que, junto a lo anterior, también han cambiado las ocasiones de consumo. «Si bien, la cereza sigue siendo un regalo emblemático para el Año Nuevo Chino, durante la última temporada gran parte de la fruta terminó consumiéndose en un contexto más cotidiano, asociado al consumo diario, en parte porque a la semana 6 ya había llegado el 99% del volumen al mercado, mientras que el Año Nuevo Chino se produjo al inicio de la semana 8.
A ello añadió la hiperconectividad que multiplica el impacto de cualquier problema. Soler recordó que WeChat reúne 1.400 millones de usuarios y que más del 60% de los consumidores chinos pasa entre dos y tres horas al día en redes sociales. En ese entorno, los problemas de calidad y las noticias falsas se expanden con rapidez, afectando la reputación de la categoría. «Por lo cual debemos ser cuidadosos y responsables respecto a lo que exportamos».
Para consolidar esta visión, el sector debe enfocarse en una logística de precisión y en procesos de embalaje que no den tregua al deterioro. Según la ingeniera agrónoma, la meta es clara: «debemos ser capaces de llegar con un producto de calidad de manera consistente», transformando la industria en una maquinaria de valor agregado donde la marca Chile sea sinónimo de prestigio.
En este nuevo escenario, aclaró, la colaboración y unidad sectorial, así como la eficiencia operativa, son las únicas herramientas capaces de asegurar que la cereza siga siendo el motor de la fruticultura nacional, desplazando la obsesión por los contenedores para priorizar la conquista de los mercados a través de la distinción y la confianza.
La calidad fue el eje principal de Claudia Soler, pero no sólo porque sea vital entregar el producto que el mercado y los consumidores y con ello, asegurar la sustentabilidad de esta industria chilena, sino porque también es vital para promocionar la cereza chilena. «Cualquier esfuerzo promocional o de marketing, pierde sentido si la fruta no cumple con los estándares que hoy exige el consumidor, especialmente en China, principal mercado de destino de la cereza chilena», precisó.
Agregó: «Cada vez que nosotros exportamos una fruta, no estamos enviando un producto solamente a los mercados internacionales. Estamos poniendo en juego la reputación de un país (…). Por lo mismo, se hace indispensable poder disponer de un estándar o de un reglamento que, de alguna manera, dé la base de criterios básicos para un producto de calidad. Y es en eso en lo que está trabajando el Comité», cerró