
Pero siempre hay riesgos de políticas erróneas. A estar atentos.
A casi diez años de la crisis financiera más grave desde la Gran Depresión, recién se están observando indicadores de expansión económica, tanto en EEUU, como en Europa, Asia y los mercados emergentes.
Por lo mismo, la semana pasada la FED (Federal Reserve System de Estados Unidos) elevó la tasa, por segunda vez en tres meses, gracias al vigor de la economía estadounidense y del resto del mundo.
De hecho, el Instituto de Finanzas Internacionales (IFI) calculó que en enero el mundo en desarrollo alcanzó su tasa de crecimiento mensual más alta desde 2011.
Pero si las propuestas populistas que rondan en la política internacional ganan terreno, el impulso económico puede desvanecerse.
Recuerde que la década pasada estuvo marcada por falsos brotes verdes, en los que el optimismo inicial se deshizo por la crisis del Euro, oscilaciones en los mercados emergentes, la caída del precio del petróleo y temores de un colapso en China.
Esta vez, los temores respecto de la sobrecapacidad china y la devaluación del Yuan han retrocedido. En Japón, en el cuarto trimestre, el gasto de capital creció a su ritmo más rápido en tres años. La zona del Euro ha recuperado velocidad, el índice de confianza económica de la Comisión Europea está en su nivel más alto desde 2011, y el desempleo en la Eurozona está en su nivel más bajo desde 2009. En febrero, Corea del Sur, registró un crecimiento de las exportaciones de más de 20%. La industria taiwanesa lleva 12 meses consecutivos de expansión. Y luego de dos años de recesión, es probable que Brasil vuelva a aportar al crecimiento mundial. Lo mismo Rusia.
Pero nada de lo anterior quiere decir que la economía mundial haya vuelto a la normalidad.
El precio del petróleo cayó 10% la segunda semana de marzo por temores renovados de exceso de oferta (una caída sostenida perjudicaría más a los productores que lo que beneficiaría a los consumidores). La acumulación de la deuda de China es una preocupación permanente. El crecimiento de la productividad en las economías avanzadas sigue débil. Los salarios siguen creciendo lento, excepto en EEUU, y la creciente confianza empresarial estadounidense aún no se traduce en mayor inversión.
La recuperación de hoy confirma que el tratamiento de la FED y el BCE (Banco Central Europeo) fueron acertados. Pero políticas erradas pueden hacer cambiar el rumbo, por lo que hay que mantenerse atentos a las noticias económicas internacionales.