
El uso de cubiertas plásticas en los campos chilenos es una tendencia que crece y despierta cada vez más interés. Así al menos lo dejó en claro la gran asistencia de más de 350 agricultores, asesores y profesionales al seminario «Fruticultura protegida: uso de cubiertas en frutales y vides como alternativa frente a la variabilidad climática», que organizó INIA y la Exportadora Subsole. Este seminario de difusión contó además con el financiamiento del FIA en el marco de la estrategia «La fruticultura chilena al 2030. Principales desafíos tecnológicos para mejorar su competitividad».
Abrieron esta actividad Iván Matus, Subdirector de I&D del INIA, María Soledad Hidalgo, jefa de la unidad de Desarrollo Estratégico del FIA y Miguel Allamand, presidente de la Exportadora Subsole.
El seminario contó con la presencia de expertos y profesionales chilenos que han estado trabajando con el uso de cubiertas cumpliendo su propósito de responder precisamente a la necesidad de contar con información robusta, no sólo por parte de la industria de la uva de mesa, sino conocer las últimas experiencias relacionadas al uso de cubiertas en frutales y vides, su impacto en el microclima, relaciones hídricas, producción y en la calidad final del producto en postcosecha.
Miguel Allamand, presidente de Subsole planteó que los diferentes expositores pusieron toda su experiencia y esfuerzo conjunto para dar un paso más en encontrar alternativas para consolidar el aporte al desarrollo de la fruticultura nacional. En relación a los efectos del cambio climático que se produjo en la última temporada, las pérdidas de producto han sido de un 30%, lo que constituye un golpe financiero brutal. «Mientras más discutamos y tengamos una política abierta frente al tema de las cubiertas plásticas es mejor para todos». En esto dijo, «no hay secretos, tenemos que hacer un esfuerzo por compartir lo que sabemos porque a uno le va bien cuando a todos nos va bien».
María Soledad Hidalgo, en representación de la directora del FIA, María José Etchegaray dijo que la agenda estratégica frutícola al 2030 trabaja con fuerza para que este sector mantenga su liderazgo y mejore su competitividad en la próxima década. «Chile sigue liderando la exportación frutícola del hemisferio sur. Esta industria tiene más de 7 mil 800 productores y 747 empresas exportadoras de más de 30 especies distintas de frutas, las que son distribuidas a cerca de mil 700 millones de consumidores en más de 100 países del mundo». Dijo que FIA entre los años 2014 y 2016 ha apoyado 70 proyectos frutícolas por un monto de 6 mil 300 millones de pesos focalizando su acción e instrumentos de apoyo a la innovación para avanzar en la agenda frutícola chilena.
Durante el seminario se dieron a conocer algunos beneficios en temas climáticos, en productividad y eficiencia de las plantas con el uso de plásticos. Por ejemplo, que permite controlar el nivel de temperatura y humedad de los cultivos, optimiza y ahorra el uso de agua de riego al ser la evapotranspiración menor, permite adelantar o retrasar el proceso de maduración, permite anticipar la etapa de producción y entrega uva de mesa de mejor calidad y condición.
En Chile hay más de 400 hectáreas manejadas bajo plástico siendo las protecciones más habituales para la uva de mesa la malla y el plástico.

En tanto el uso de plásticos aumenta la transmisividad de la radiación solar para incrementar la temperatura en el viñedo (maduración temprana); baja el rango de transmisión en radiación de onda larga, reduce las pérdidas de radiactividad (maduración temprana); otorga alta transmisión de radiación fotosintéticamente activa para mejorar el potencial de fotosíntesis; y presenta elevada transmisión en los rangos ultravioletas, para mejorar la calidad de la fruta.La de malla determina la radiación fotosintéticamente activa, luz ultravioleta y la radiación de onda larga que recibe la planta.
Gabriel Sellés, especialista del INIA, afirmó que hay una disminución del potencial de agua bajo la cubierta, que puede llegar a ser hasta de un 30%. «Potencialmente, afirma el especialista, al modificar el clima, el costo inicial de instalarlo es de US$20.000 por hectárea y se calcula – por la duración que tiene el plástico y las estructuras – que en rigor se estaría haciendo una inversión anual de US$ 5.000 por hectárea».
Durante el seminario se tocó el tema de otros frutales como el arándano, rubro que hace bastante tiempo está optando por sistemas de cultivo protegido (plásticos y mallas) como una forma de enfrentar los potenciales efectos adversos de la alta variabilidad climática.
Gabriel Marfán, de Subsole recordó que en Italia el uso de cubiertas nació para proteger los cultivos frente a eventos meteorológicos como lluvia, viento y granizo. Sin embargo, con el paso de los años, los agricultores se dieron cuenta de que los plásticos también ayudaban a mejorar las condiciones microclimáticas de luminosidad, temperatura y humedad relativa.
En Chile, en el último tiempo se ha ido marcando mucho el tema de la variabilidad climática, primaveras frías y periodos de lluvias tempranas en períodos de cosechas. Además de proteger, se ha visto que las cubiertas pueden modificar condiciones microclimáticas, por lo que se puede incluso adelantar una cosecha.
Sin duda, los efectos del cambio climático, con fenómenos como aumento en la intensidad de las precipitaciones, atraso o adelantamiento de lluvias ha tenido diversos efectos en la fruticultura. Y, frente a esta realidad, el uso de cubiertas plásticas es una tecnología que ha venido a ayudar a los cultivos para enfrentar externalidades climáticas como las lluvias, heladas, sequía, entre otros factores.
Esta tecnología tiene importantes costos de instalación. Se calcula alrededor de US$20.000 por hectárea y se estima, por la duración que tiene el plástico y las estructuras, que la inversión anual sería de US$ 5.000 por hectárea.
La investigación está recién comenzando. Queda mucha experiencia todavía por procesar y respuestas por esclarecer. Los estudios del INIA indican que con el uso de cubiertas plásticas se puede mejorar la eficiencia del uso del agua y la producción de fruta de calidad en uva de mesa. Sin embargo, habrá que seguir estudiando y observando lo que ocurre con las mallas y el plástico en los frutales de Chile.
Fuente: SimFRUIT según INIA