El desarrollo portuario y logístico de Chile se encuentra en un punto de inflexión. Durante el reciente encuentro Valpo Open Hub en Viña del Mar, líderes y ejecutivos del sector marítimo-portuario analizaron las brechas críticas que afectan la competitividad del comercio exterior nacional, poniendo especial énfasis en la gobernanza, la infraestructura y la urgencia de transitar desde un modelo de terminales aislados hacia una verdadera red logística integrada.
Uno de los puntos más debatidos fue el impacto del centralismo en la toma de decisiones y el desarrollo de infraestructura fuera de la zona central. Según información de agendalogistica.cl, diversos actores coinciden en que la cercanía al poder estatal facilita el avance de ciertos proyectos, mientras que en regiones como el Biobío persisten brechas estructurales.
Cristián Wulf, gerente general de Puertos de Talcahuano, señaló que existen proyectos con consenso gremial total que, sin embargo, no logran concretarse a tiempo debido a una lógica centralista. Por su parte, Camilo Fernández, gerente general de Puertos Agunsa, reforzó esta idea al plantear que la realidad de los puertos del norte, centro y sur es dispar, proponiendo dejar de ver a los terminales como «islas» para comenzar a gestionarlos como un sistema portuario estratégico y territorial.
No todos los actores atribuyen las dificultades únicamente al centralismo estatal. Fernando Gajardo, gerente general de Puerto San Antonio, sostuvo que la responsabilidad de impulsar y contextualizar las necesidades de cada terminal recae directamente en las empresas portuarias. Gajardo destacó que la coordinación ya existe a través de diversas instancias sectoriales y que los proyectos de gran envergadura, como el Puerto Exterior de San Antonio, requieren naturalmente plazos de planificación de entre 10 y 15 años.
Sin embargo, desde la vereda de la eficiencia operativa, Camilo Fernández insistió en que el Estado debe ejercer un liderazgo más firme para establecer estándares comunes y mejores prácticas que no dependan del arbitrio de cada empresa, evitando así la duplicación de inversiones y fomentando una mirada sistémica.
La falta de estandarización tecnológica y operativa surge como uno de los mayores obstáculos ante contingencias. Pedro Torrejón, de Puerto Valparaíso, advirtió sobre las limitaciones de interoperabilidad, mencionando que la rigidez de los sistemas actuales dificulta el redireccionamiento de cargas entre puertos cuando ocurren imprevistos.
Esta falta de flexibilidad tiene consecuencias económicas directas. Felipe Serrano, presidente de la Cámara Aduanera de Chile, fue crítico al señalar que la logística actual dista de ser perfecta. Ejemplificó cómo los desvíos de naves obligan a movilizar cientos de camiones por trayectos extensos, generando costos imprevistos que pueden alcanzar los $800.000 por contenedor en traslados desde el sur hacia Santiago. Además, Serrano alertó sobre la falta de trazabilidad y las deficiencias en la gestión documental, lo que entorpece la planificación logística ante cambios climáticos o cambios de puerto de último minuto.
El diagnóstico general apunta a que, si bien hay avances en digitalización y esfuerzos de coordinación como el Consejo Nacional de Comunidades Logísticas, el sistema portuario chileno requiere una transformación cultural y operativa. El desafío radica en superar el paradigma de la operación fragmentada y avanzar hacia una red que permita redistribuir cargas eficientemente ante crisis, asegurando que la infraestructura y los procesos hablen un mismo idioma técnico y regulatorio para sostener el crecimiento del país.