El primer trimestre de 2026 dejó una señal potente para el comercio exterior chileno: las exportaciones de bienes totalizaron US$ 30.054 millones, con un crecimiento de 13,8% respecto de igual período del año anterior, marcando el mayor nivel de retornos para un inicio de año desde que existen registros. En paralelo, el intercambio comercial del país llegó a US$ 51.889,7 millones, también en nivel récord para un primer trimestre.
Sin embargo, al mirar el desempeño desde la perspectiva agrofrutícola, el balance exige más detalle. El informe de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales muestra un escenario de contrastes: el sector frutícola anotó una baja por menores retornos de cerezas frescas, pero la industria de los alimentos creció con fuerza y el vino embotellado volvió a terreno positivo. A eso se sumó un mejor comportamiento de varias frutas frescas, frutos secos y productos congelados, configurando una señal de diversificación que resulta especialmente significativa para productores y exportadores.
El sector frutícola registró exportaciones por US$ 2.933 millones entre enero y marzo, lo que representó una disminución de 9,9% frente al mismo período de 2025. Según la SUBREI, esta caída se explicó principalmente por menores retornos en los envíos de cerezas frescas, un producto que en los últimos años ha tenido un peso determinante en el resultado global del rubro.
Pero el dato agregado no cuenta toda la historia. El mismo informe subraya que parte importante de ese retroceso fue compensada por mayores exportaciones de frutas frescas como ciruelas, nectarines, manzanas, paltas, peras, duraznos, kiwis, uvas y pomelos. También se observó un aumento en los envíos de frutos secos, especialmente avellanas, nueces y almendras.
Para el sector exportador, esa combinación deja una lectura económica clara: aunque el desempeño de un cultivo dominante puede tensionar el balance total, la matriz frutícola chilena sigue mostrando amplitud y capacidad de respuesta en distintas especies, formatos y ventanas de mercado. Esa diversificación no elimina la dependencia de productos estrella, pero sí ayuda a moderar la volatilidad y a sostener oportunidades comerciales en distintos destinos. Esta conclusión es una interpretación basada en el contraste entre la caída sectorial y el alza de múltiples especies reportadas por la SUBREI.

Donde sí hubo una señal derechamente positiva fue en la industria de los alimentos. Sus exportaciones alcanzaron US$ 3.750 millones en el primer trimestre, con un incremento de 9,0% frente a igual lapso de 2025. El avance se sustentó en mayores envíos de salmones, jureles, berries congelados, leche en polvo, inulina, jugos de frutas, mermeladas, aceite de oliva y quesos.
Para productores y empresas agroindustriales, este comportamiento es particularmente relevante, porque confirma que el comercio exterior chileno no solo está encontrando oportunidades en productos frescos, sino también en categorías con mayor nivel de elaboración o procesamiento. Eso abre una ventana estratégica para cadenas que buscan capturar más valor, mejorar resiliencia logística o ampliar portafolios con formatos de mayor vida útil y diferenciación comercial. Esta es una inferencia económica a partir del mejor desempeño de alimentos procesados y congelados consignado en el informe.
En otras palabras, el trimestre sugiere que el agro chileno no solo se juega en los volúmenes de fruta fresca, sino también en su capacidad para crecer en alimentos más sofisticados, adaptados a consumidores y compradores que demandan conveniencia, innovación y mayor valor agregado.
Una de las señales más interesantes del informe para el mundo agroalimentario está en el desempeño de las exportaciones no tradicionales. Estas superaron los US$ 13.851 millones en el primer trimestre, con un crecimiento de 12,1%, alcanzando el mejor inicio de año desde que existen registros.
Dentro de ese bloque, la SUBREI señala que el alza fue liderada por salmones, jurel congelado, avellanas, uvas frescas, manzanas frescas, nectarines frescos, paltas frescas y frambuesas congeladas, entre otros productos. Es decir, una fracción importante del mejor dinamismo exportador chileno tuvo un componente directamente vinculado al agro, la fruta y los alimentos.
A ello se suma el ranking de principales alzas en bienes no tradicionales, donde figuran salmones, avellanas, ciruelas frescas, fruta congelada, leche en polvo, inulina, jugo de fruta, quesos y vino embotellado. Para el sector productor-exportador, esta señal es relevante porque muestra que el impulso no provino de un solo subrubro, sino de una canasta más extensa, con especies, formatos y categorías que van desde fruta fresca hasta alimentos procesados.
Desde una mirada económica, eso refuerza la idea de que la fortaleza exportadora del agro chileno en 2026 no depende exclusivamente de un producto ícono, sino de la capacidad de construir una oferta más diversificada y adaptable a distintos ciclos de demanda. Esa es una conclusión editorial derivada del listado de productos con mayores alzas que recoge el informe.
Otra señal seguida con atención por el sector fue la del vino embotellado. Entre enero y marzo, los envíos totalizaron US$ 286 millones, con un alza de 1,8% frente al primer trimestre de 2025. La SUBREI destacó que la recuperación estuvo liderada por los blends tintos y blancos, junto con variedades como Sauvignon Blanc, Syrah, Riesling, Chardonnay, Carmenère y Chenin Blanc.
Aunque se trata de un crecimiento moderado, el dato tiene peso en una industria que ha debido enfrentar una competencia internacional intensa, cambios en el consumo y presiones sobre posicionamiento y márgenes. El repunte indica que el vino chileno sigue encontrando espacio en los mercados externos, no solo en cepas más consolidadas, sino también en mezclas y propuestas varietales con mayor capacidad de segmentación. Esa lectura es una interpretación razonable del detalle varietal entregado por el informe.
Además, el vino siguió destacando por su base empresarial. El informe muestra que 266 empresas exportaron vinos durante el período, una cifra que confirma la relevancia del rubro no solo en valor, sino también como plataforma de internacionalización para un número amplio de actores.
Otro dato que merece atención para productores y empresas regionales es el de las nuevas exportadoras. En el primer trimestre de 2026, un total de 477 empresas chilenas exportó por primera vez, acumulando envíos por US$ 89,4 millones. De ese total, 28,4% correspondió a frutas frescas como cerezas, manzanas y arándanos azules. Además, dentro de la oferta de estas nuevas firmas también destacaron arándanos congelados, frambuesas congeladas, ajos frescos, frutillas orgánicas congeladas y cerezas en conserva.
El dato es importante porque confirma que la fruta, tanto fresca como congelada o procesada, continúa siendo una de las principales puertas de entrada al comercio internacional para nuevos actores. También refleja que la internacionalización no es exclusiva de grandes compañías: el ecosistema exportador sigue incorporando empresas que encuentran en el agro y los alimentos una vía concreta para crecer hacia el exterior.
El informe también indica que 5.279 empresas nacionales registraron exportaciones en el primer trimestre, un alza de 2,2% frente a 2025, con 885 mil puestos de trabajo directos y formales generados por ese universo exportador. Del total, 2.421 correspondieron a MIPYMEs.
En términos sectoriales, 1.227 empresas embarcaron productos agropecuarios y 266 exportaron vinos. Estos números refuerzan la importancia del agro y del sector vitivinícola no solo como generadores de divisas, sino también como tejido empresarial distribuido en distintas regiones del país.
Para un medio orientado a productores y exportadores, este punto no es menor: más allá de los montos globales, el comercio exterior sigue siendo una plataforma que involucra a una base amplia de empresas, muchas de ellas de menor tamaño, para las cuales la apertura de mercados, la diversificación de destinos y el desarrollo de nuevos formatos resulta decisiva. Esa interpretación se apoya en la combinación entre número de exportadoras, presencia de MIPYMEs y peso del agropecuario y del vino en el universo exportador.
La principal conclusión que deja este arranque de 2026 es que el agroexportador chileno enfrenta un escenario dual. Por una parte, persiste la vulnerabilidad derivada de una alta exposición a ciertos productos, como volvió a evidenciarse con las cerezas. Por otra, se observa un mejor comportamiento en una gama amplia de frutas frescas, congelados, frutos secos, alimentos elaborados y vinos, lo que sugiere una base más diversificada para sostener crecimiento y capturar valor. Esta es una lectura analítica basada en los resultados sectoriales y por producto del informe.
Para productores, exportadores y agroindustrias, el trimestre muestra la importancia de diversificar especies, sofisticar formatos, fortalecer alimentos procesados y seguir construyendo una oferta exportable menos dependiente de un solo motor. En un contexto internacional exigente, esa combinación parece ser hoy una de las mejores defensas frente a la volatilidad y, al mismo tiempo, una de las mayores oportunidades para crecer.
Fuera del eje agroalimentario, el documento destaca el fuerte avance de la minería, con US$ 17.643 millones exportados y un crecimiento de 21,6%, además del salto de la industria química, que sumó US$ 2.436 millones con un alza de 35,8%. También se registró un récord en exportaciones de servicios, que alcanzaron US$ 1.020 millones, un aumento de 18,3% frente al mismo período del año pasado.
Redacción News Frutas de Chile