El gobierno de Francia anunció según EFE, una medida contundente para frenar la entrada de productos agrícolas extranjeros que no cumplan con los estándares sanitarios de la Unión Europea. El primer ministro, Sébastien Lecornu, confirmó que en los próximos días se emitirá una orden oficial para prohibir la importación de paltas, mangos, guayabas, cítricos, uvas y manzanas provenientes de Sudamérica o cualquier otra región del mundo que presenten residuos de sustancias químicas no autorizadas en territorio europeo.
Esta restricción se centra específicamente en el uso de mancozeb, glufosinato, tiofanato-metil y carbendazim, cuatro compuestos químicos prohibidos por la normativa comunitaria. Para garantizar que esta prohibición se cumpla rigurosamente, el Ejecutivo francés desplegará una brigada especializada encargada de realizar controles reforzados en los puntos de acceso, asegurando que ninguna mercancía con trazas de estos pesticidas llegue a los consumidores finales o a las cadenas de suministro nacionales.
La decisión gubernamental se presenta como un mecanismo de protección frente a la competencia desleal y busca responder a las demandas de los agricultores locales, quienes denuncian una falta de equidad frente a los productores extracomunitarios. Según explicó la ministra de Agricultura, Annie Genevard, se trata de una medida cautelar diseñada para mitigar el rechazo del sector agrario al acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, cuya firma está prevista para el próximo 12 de enero tras varios aplazamientos.
Se destaca que, en Chile, si bien estos productos son permitidos, su uso es controlado por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) a fin de asegurar su correcta aplicación. No obstante, los productores/exportadores chilenos evitan el uso, especialmente en los envíos de frutas para los mercados europeos
Este movimiento político ocurre en un contexto de alta tensión social en el campo francés. Mientras el gobierno intenta calmar los ánimos con estas restricciones a la importación, los sindicatos agrícolas mantienen su pulso contra otras normativas como la reforma de la Política Agrícola Común y los nuevos mecanismos de ajuste de carbono.
La ministra Genevard ha insistido en la necesidad de detener los bloqueos y la violencia, al tiempo que ha prometido seguir presionando ante la Comisión Europea para reducir los costes de producción que actualmente asfixian a las explotaciones nacionales.