Un grupo de investigadores logra modificar genéticamente la planta para que produzca de forma estable mioglobina, una proteína clave del tejido muscular animal.
Un equipo de científicos ha conseguido un hito en la biotecnología alimentaria al desarrollar la primera lechuga modificada genéticamente capaz de producir mioglobina, una proteína animal de origen porcino responsable de las propiedades sensoriales y nutricionales características de la carne. Los resultados del estudio, publicados en la revista científica Frontiers in Plant Science, abren una vía inédita para el cultivo de proteínas animales de manera sostenible dentro de vegetales.
La investigación, liderada por la biotecnóloga vegetal Alexia Groff, utilizó plantas de lechuga y tabaco como plataformas de producción. Mediante una técnica denominada transformación biolística (empleando una pistola genética), el equipo introdujo genes optimizados de mioglobina porcina directamente en los cloroplastos, los orgánulos encargados de realizar la fotosíntesis.
Uno de los logros más destacados de la investigación es que la modificación genética resultó ser heredable. Tras alcanzar la madurez y producir semillas, los ejemplares de la siguiente generación continuaron fabricando la proteína sin necesidad de repetir el procedimiento en cada cultivo.
«Nuestro estudio demuestra, por primera vez, que las plantas superiores pueden producir de forma estable mioglobina, una de las proteínas clave responsables de muchas de las propiedades deseables de la carne», destacó Alexia Groff, subrayando la importancia del avance en el contexto de la creciente demanda global de sistemas alimentarios sostenibles y eficientes en el uso de recursos.
En términos de rendimiento, los investigadores obtuvieron aproximadamente 810 miligramos de mioglobina por kilogramo de peso seco en las plantas de lechuga, y cerca de 800 mg/kg en las de tabaco. Aunque esta concentración sigue siendo unas diez veces inferior a la que se encuentra habitualmente en el músculo animal, el hallazgo confirma la viabilidad técnica de utilizar plantas como «biofactorías» de proteínas complejas.
Antes de que este avance pueda trasladarse al mercado alimentario y a la producción comercial a gran escala, los científicos deberán perfeccionar el proceso para optimizar la concentración de la proteína y superar las correspondientes fases regulatorias y de seguridad alimentaria.