La introducción de Alpina 10 en Chile está redefiniendo la conversación productiva en frutilla. En un rubro históricamente asociado a la industria y al congelado de exportación, la nueva variedad irrumpe con un dato que reordena el tablero: rendimientos promedio de 70 mil kilos por hectárea, por encima de los 50 mil kilos por hectárea que se citan como referencia en fichas técnicas de plantaciones tipo mulch/templadas para variedades como Monterrey y Albión. Este diferencial no solo eleva expectativas, también presiona a la cadena completa a actualizar estándares, desde la planta hasta el manejo agronómico.
El cambio de paradigma se sostiene en un sistema que combina material genético, metodología de viverización y control sanitario. Agromillora Sur desarrolló una estrategia de multiplicación y tratamiento en viveros colgantes, que mantiene gran parte del material fuera del suelo, trabajando con sustratos, riego controlado y un enfoque de alta sanidad. El proyecto se ancla en un esfuerzo internacional que reúne al CREA de Italia, la Universidad Santa Catarina de Brasil y el vivero chileno, en una lógica de cooperación aplicada que apunta a productividad, calidad y sanidad como un paquete inseparable.
Desde la investigación, el académico Leo Rufato, de la Universidad do Estado de Santa Catarina, plantea la trayectoria del proyecto: 12 años de trabajo, un convenio con el CREA, y la evaluación de más de 60 variedades en Brasil para identificar materiales adaptables a climas con menos horas de frío. Con esa base, hace unos cuatro años el foco se desplazó hacia cómo mejorar la multiplicación en viveros. Tras observar en una feria brasileña las ventajas del vivero colgante, se probaron variedades en Chile en conjunto con la universidad, hasta optar por Alpina 10 como la mejor adaptada a las condiciones climáticas locales.
El sistema vertical, diseñado en Brasil e inspirado en un modelo usado en Italia denominado Mini Drive Plant, produce estolones en un entorno de alta sanidad. La lógica es técnica, pero el impacto es económico: plantas listas para producir inmediatamente, menor estrés, y una entrada en producción a los 60 días. A eso se suma un riego en sustrato con nutrición balanceada que incluye aportes de potasio, fósforo y boro, buscando sostener altos volúmenes sin castigar la calidad.
En Agromillora Sur, el gerente de Producción, Leonel Gutiérrez, explica el objetivo de fondo: diferenciarse con un modelo que garantice sanidad, calidad y eficiencia. El corazón del sistema es un plantel madre colgante en invernadero, desarrollado con canaletas y riego por goteo autocompensado. Los estolones quedan suspendidos en un esquema similar a agricultura vertical, con macetas rectangulares y piquetas dirigidas a cada planta madre, lo que mejora uniformidad y drenaje. Este diseño se potencia con automatización de clima y riego mediante sensores y unidades de control, orientado a una gestión más precisa y decisiones respaldadas por datos.
En productividad, Rufato precisa el potencial de la variedad en distintos sistemas: en suelo, dos kilos por planta; en hidropónico, como se usa en Brasil y parte de Italia, alrededor de 1,2 kilos por planta. En Chile, sostiene que la adaptación ha sido especialmente positiva, alcanzando unos 2,2 kilos por planta, con condiciones de manejo que favorecen el resultado, como baja lluvia y buen abonado. La planta puede producir todo el año si la temperatura acompaña, aunque su productividad cae con extremos, sobre 32°C y bajo 10°C.
La variable comercial también empieza a delinearse. Bernardo Saavedra, Encargado Zonal Centro en Agromillora Sur, indica que desde diciembre de 2025 comenzaron las entregas a clientes, con plantas disponibles para abastecer distintos mercados. En una primera etapa, el foco está en congelado para exportación, por lo que el consumidor chileno aún no la ve en fresco.
La expectativa es que la próxima temporada llegue al mercado local, destacando por dulzor entre 10 y 12 grados Brix, buen color y un tamaño atractivo. En el cierre, Rufato subraya el valor de la confianza y la inversión detrás del proyecto, describiéndolo como un trabajo público-privado cuyos resultados figuran entre los más importantes logrados por su equipo universitario.