La estadounidense Limoneira Company decidió dar un giro a su estrategia internacional y vender dos de sus principales activos frutícolas en Chile. Se trata de los fundos Pan de Azúcar y San Pablo, ubicados en La Serena, Región de Coquimbo, que suman cerca de 202 hectáreas de limoneros, 40 hectáreas de naranjos y otras superficies sin plantar.
La operación, cerrada el 7 de noviembre de 2025, fue valorada en torno a US$ 15 millones, de los cuales US$ 6,8 millones se pagarán inicialmente en efectivo.
El comprador es San Pedro SpA, cuyo accionista único es el fondo de inversión privado Victus, administrado por la gestora chilena Sembrador Capital. Este vehículo, especializado en activos agrícolas, ya operaba tres predios frutícolas con 286 hectáreas plantadas y una lechera, a los que ahora se suman los dos campos citrícolas adquiridos a Limoneira.
La decisión de vender se enmarca en un año particularmente complejo para Limoneira. Según se ha reportado en medios en los últimos doce meses la acción de la compañía en la bolsa estadounidense cayó cerca de 49%, mientras su flujo de caja libre se mantuvo en terreno negativo y los ingresos netos del año fiscal retrocedieron 21%, cerrando con pérdidas.
La empresa ha reconocido ante el mercado que impulsa una estrategia de creación de valor en dos etapas: monetizar activos no estratégicos — incluidos desarrollos inmobiliarios — y “racionalizar” sus operaciones para liberar recursos y reducir la carga financiera.
La salida de Limoneira de sus campos productivos en Chile no implica, por ahora, una retirada total del país. La compañía mantiene su participación en Rosales, firma dedicada al empaque y comercialización de cítricos en La Serena, donde ingresó en 2014 con el 35% de la propiedad y que luego incrementó al 47% al mismo tiempo que compraba los fundos Pan de Azúcar y, posteriormente, San Pablo. Sin embargo, el corazón productivo de esa apuesta —los huertos— pasa ahora a manos de un actor financiero local con trayectoria en la agroindustria.
Para los productores y exportadores de la Región de Coquimbo, el arribo de Sembrador Capital puede dar continuidad a huertos maduros y con buenos niveles de productividad, en un contexto donde la escala y la eficiencia son relevantes para competir en mercados exigentes como Estados Unidos y Europa. Por otro, refuerza la tendencia de creciente participación de fondos de inversión en la propiedad de la tierra frutícola chilena, lo que reordena las relaciones entre capital, gestión y producción en el campo.
Hacia adelante, el desafío será cómo se reacomodan esos volúmenes de limón en los programas comerciales de Chile y qué tipo de estrategia adoptará el nuevo propietario para capturar valor en la categoría. Todo esto en un momento en que el limón chileno viene ganando espacio en los mercados internacionales, a pesar de una competencia intensa y la necesidad de diferenciarse por calidad, sustentabilidad y servicio.