La industria mexicana del arándano se encuentra en pleno proceso de metamorfosis. Con la mirada puesta en consolidar su dominio en el mercado estadounidense, los productores del país están ejecutando una estrategia basada en dos pilares fundamentales: el recambio varietal acelerado y la transición masiva hacia sistemas de cultivo hidropónico.
Lo que hace una década funcionó, hoy ya no es suficiente. Variedades emblemáticas como Biloxi y Ventura, que fueron los motores de la expansión inicial de México, están siendo desplazadas. Según Eduardo Betancourt Esparza, asesor y fundador de BETABLUE, estas genéticas tradicionales representan actualmente apenas el 20% o 25% de la superficie cultivada, resistiendo principalmente en zonas de alta altitud como Michoacán.
En regiones como Sinaloa, Guanajuato y Jalisco, el recambio es casi total. Los productores están apostando por genética de nueva generación, como las familias Sekoya (Sekoya Pop), AzraBlue de Fall Creek, y las variedades Madeira, Manila y Maldiva de Planasa. El objetivo es claro: obtener frutos con calibre Jumbo (más de 19 mm), mayor firmeza y una vida poscosecha que garantice la calidad tras el transporte.
La migración del suelo a la maceta está marcando un antes y un después en los rendimientos. El uso de contenedores con fibra de coco permite un control nutricional preciso, logrando producciones que superan las 20 toneladas por hectárea desde el primer año, alcanzando incluso picos de 35 toneladas en zonas óptimas. Esta precocidad es vital para que las empresas recuperen la inversión rápidamente en un entorno de márgenes ajustados.
El mercado de Estados Unidos, que absorbe el 95% de la exportación mexicana, es hoy un escenario de alta competencia. Con la entrada agresiva de Perú desde julio, México ha tenido que ajustar su manejo agronómico y podas para concentrar su oferta en la ventana de febrero a abril.
A pesar de que los precios pueden verse presionados por el volumen sudamericano, la cercanía logística de México sigue siendo su mayor ventaja: un camión puede llegar a las fronteras de Texas en solo 18 horas, entregando un producto mucho más fresco que el que llega por vía marítima desde el hemisferio sur.
Para la temporada 2026, se espera que la entrada en producción de las nuevas plantaciones genere un volumen récord, consolidando a México no solo como un productor de volumen, sino como un referente de alta tecnología y calidad premium en el sector de las bayas.