El avellano europeo se ha transformado en uno de los cultivos de mayor expansión dentro de la fruticultura chilena. El fuerte crecimiento de las plantaciones, la entrada en producción de nuevos huertos y el consecuente aumento de la oferta están abriendo oportunidades, pero también planteando desafíos para la comercialización y competitividad internacional de la industria.
En este escenario, el ministro de Agricultura, Jaime Campos, encabezó la conformación de la Mesa del Avellano, instancia público-privada en la que participan representantes del sector productivo junto a organismos como la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) y el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).
El objetivo es establecer una agenda de trabajo que permita enfrentar de manera coordinada los desafíos derivados del rápido desarrollo del cultivo y fortalecer su proyección nacional e internacional, señaló Campos.
Las cifras explican la urgencia de avanzar en esa coordinación. Chile bordea actualmente las 49.264 hectáreas de avellano europeo, frente a las 24.456 hectáreas contabilizadas en 2021. Esto significa que la superficie prácticamente se duplicó en pocos años, convirtiendo a esta especie en una de las protagonistas de la expansión frutícola nacional.
La producción se concentra principalmente entre las regiones del Maule y Los Lagos, configurando un corredor productivo que ha adquirido creciente importancia económica para el centro-sur del país.
La expansión tiene además una característica particularmente relevante para exportadores: una parte de las nuevas plantaciones todavía debe alcanzar su plena capacidad productiva. Esto supone que la disponibilidad de fruta podría continuar aumentando a medida que entren en régimen los huertos jóvenes.

Precisamente allí aparece uno de los puntos centrales para la industria. El crecimiento de las hectáreas necesita ser acompañado por capacidad de procesamiento, secado, almacenamiento, logística, calidad y comercialización.
La Mesa del Avellano tiene como antecedente el trabajo desarrollado por el Comité del Avellano, cuyos representantes plantearon al Ministerio de Agricultura la necesidad de establecer una instancia público-privada para enfrentar los problemas que está experimentando el rubro.
Entre los asuntos identificados se encuentran las dificultades de comercialización que enfrentan algunos productores, especialmente los de menor escala; las exigencias de calidad; la disponibilidad de infraestructura para secado y almacenamiento; y la necesidad de aumentar la transparencia dentro de la cadena comercial.
Otro de los ejes es la sanidad vegetal. El sector ha planteado la necesidad de reforzar el trabajo relacionado con chinches y otras amenazas que pueden afectar tanto el rendimiento como la calidad de las avellanas.
Para una industria crecientemente orientada a mercados internacionales, la calidad de la fruta adquiere especial importancia. Daños internos, condición, calibre, humedad y manejo de poscosecha pueden incidir directamente en el valor comercial del producto.
Por ello, la articulación con organismos técnicos como INIA y el trabajo fitosanitario adquieren relevancia a medida que aumenta el volumen disponible.
La conformación de la mesa marca así un cambio en la discusión sectorial. Después de años caracterizados por una rápida expansión de las plantaciones, la interrogante comienza a desplazarse desde cuántas hectáreas puede plantar Chile hacia cómo comercializar competitivamente los mayores volúmenes que producirán esos huertos.
El país posee ventajas como su condición de productor del hemisferio sur y una ventana complementaria respecto de los principales productores del hemisferio norte. Sin embargo, sostener el crecimiento requerirá avanzar simultáneamente en productividad, calidad, infraestructura, sanidad, eficiencia logística y desarrollo comercial.
Ese será uno de los principales desafíos de la nueva Mesa del Avellano: conseguir que el crecimiento de la superficie se traduzca también en valor, competitividad y oportunidades de exportación para toda la cadena.