La conmemoración de los 50 años de la Comisión Nacional de Riego fue el marco para una conversación necesaria en el sur del país: cómo administrar mejor un recurso escaso y sostener la producción agroalimentaria en un ciclo de alta variabilidad climática.
En Santa Bárbara, y en paralelo al inicio de la temporada de riego 2025–2026, se llevó a cabo el Primer Encuentro de Organizaciones de Usuarios de Agua de Ñuble, Biobío y La Araucanía, con participación de autoridades, juntas de vigilancia, comunidades de agua, INDAP y representantes del mundo productivo regional. La cita buscó ordenar aprendizajes, revisar cuellos de botella e identificar oportunidades de innovación y cooperación público-privada.
Desde la institucionalidad, la CNR puso énfasis en acelerar obras que reduzcan pérdidas, modernicen la distribución y fortalezcan la gestión asociativa a nivel de canales y comunidades. El hito de medio siglo de vida institucional llega con una agenda que mira a la próxima década: más eficiencia por metro cúbico, mayor resiliencia de las redes de riego y gobernanza basada en datos para tomar decisiones en tiempo real. El organismo ha venido delineando sus desafíos y prioridades con ese foco, señalando que el camino pasa por inversión, tecnología y articulación con regantes.
La conversación también incorporó la dimensión social del riego. INDAP destacó que, en la región, la inversión con enfoque de género se ha fortalecido y que este año 64% de las obras individuales financiadas benefició a agricultoras, una señal de cambio en la titularidad y gestión de los predios que obliga a adaptar programas y asistencia técnica. Para las organizaciones de usuarios, este enfoque aporta diversidad de liderazgos y contribuye a la continuidad de los sistemas productivos familiares, un objetivo alineado con la seguridad alimentaria regional.
Las juntas de vigilancia —con la del río Biobío como actor protagónico— subrayaron que la temporada depende tanto de la pluviometría y la nieve como de la coordinación en embalses, la mantención de infraestructura y la calidad de la información disponible para repartir el agua en los momentos críticos.
Su presidente, Juan Vallejos, ha llamado durante el año a combinar obras con monitoreo y a impulsar proyectos de almacenamiento en la cuenca, hoja de ruta que se volvió a escuchar en el encuentro. La visión coincide con lo planteado por centros académicos y foros técnicos: sin gobernanza y datos, la eficiencia no escala.
La conmemoración de los 50 años de la CNR permitió reconocer avances en infraestructura, modernización y apoyo a regantes; al mismo tiempo, dejó instalada un camino para la macrozona sur que combina inversión, innovación y equidad. En la práctica, significa ejecutar con velocidad las 36 obras bonificadas, profesionalizar la operación de canales, robustecer el catastro de derechos y mejorar el acceso a herramientas de gestión —desde telemetría hasta sistemas de turnos digitales— para que el agua llegue donde debe, cuando debe. Con ese norte, Biobío empezó su temporada con una señal nítida: el riego es una tarea colectiva.